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Ancestro esclavo e Iglesia: el caso de Nicolás de Aguilar (2 de 3)

Para contrarrestar la oposición del cabildo eclesiástico de la Iglesia Metropolitana de Santo Domingo a la toma de posesión del título de racionero, concedido por el rey Felipe V, el 1 de octubre de 1723, Nicolás de Aguilar solicitó junto a su hermano José de Aguilar por ante el alcalde ordinario de Santo Domingo

El Cabildo Eclesiástico de la Iglesia Metropolitana de Santo Domingo

El Cabildo Eclesiástico de la Iglesia Metropolitana de Santo Domingo

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Para contrarrestar la oposición del cabildo eclesiástico de la Iglesia Metropolitana de Santo Domingo a la toma de posesión del título de racionero, concedido por el rey Felipe V, el 1 de octubre de 1723, Nicolás de Aguilar solicitó junto a su hermano José de Aguilar por ante el alcalde ordinario de Santo Domingo, Nuño Pimentel de Sandoval, un informativo testimonial sobre los cargos ocupados por su padre, el ayudante Francisco de Aguilar, desde 1655 hasta 1718, cuando falleció, y para probar ser hijo legítimo de padre español y madre “limpia de toda raza”. El informativo fue autorizado por auto dictado por Pimentel de Sandoval el 5 de octubre siguiente y en él ordenó que comparecieran por ante el escribano público Diego de Vallejo Rendón los testigos, a saber, Francisco de Tapia Peralta, exregidor y vecino de la ciudad, de 70 años “poco más o menos”; Lázaro de los Olivos Espinosa, clérigo de órdenes menores, con 68 años; sargento Juan de Quebedo, vecino de la ciudad, con 60 años “poco más o menos”, y el ayudante del presidio Manuel de Córdoba, con 60 años “poco más o menos”. Sus deposiciones justificaron que sus padres “vivieron honradamente” durante su matrimonio; que su padre era natural de Granada y que su madre, fallecida entonces hacía más de 40 años -ya lo estaba en 1690-, era natural de la ciudad; que esta última era blanca; que su padre fue Pedro de Olmedo, oriundo de Portugal, “de los que llamaron en esta Ciudad los fernambucos, por haberse así nombrado el capitán de la Nao que por el año de seiscientos y treinta llegó a este puerto”, y que ese abuelo materno, siendo su madre blanca, no pudo haber sido menos que un hombre blanco. A dichas declaraciones se adjuntaron las que había prestado el propio Francisco de Aguilar en 1714, cuando informó que, desde 1655, cuando llegó a la isla por orden del rey como infantero junto al conde de Peñalba, presidente, gobernador y capitán general, sirvió en el presidio de la ciudad. Así, participó en su defensa ante el ataque inglés de ese mismo año y alcanzó los rangos de cabo de escuadra; sargento de la compañía del capitán Bernardo Flores en 1672 y de la compañía del capitán y sargento mayor Juan Bautista de Valdez en 1677; alférez en 1680 y ayudante del sargento mayor del presidio de Santo Domingo en ese mismo año de 1680 hasta 1690, cuando fue licenciado para servir la mayordomía de la fábrica de la “Santa Iglesia”, nombrado por el cabildo eclesiástico. En 1699, ocupó de nuevo el cargo de ayudante del sargento mayor del presidio y en 1707 fue nombrado cabo del fuerte San Gil.

Nicolás de Aguilar reforzó su pedimento con certificaciones relativas a su título de bachiller, obtenido en la Facultad de Leyes de México, y a su admisión como abogado de la Real Audiencia de México el mismo año; con sus actas de bautismo -fue bautizado en Santo Domingo el 8 de enero de 1664- y confirmación -sacramento que recibió en 1683, así como con el informativo testimonial que promovió en noviembre de 1690 ante Agustín de Pastrana, secretario de cámara del arzobispado, sobre su limpieza de vida y costumbres. A fin de respaldar el origen de sus padres; que él era virtuoso, estudioso, aprovechado, de buena vida y costumbres y digno y suficiente para ser ordenado y que él, sus padres y antepasados eran “cristianos viejos limpios que no vienen ni descienden de casta de moros herejes ni judíos ni de los nuevamente convertidos ni penitenciados por el santo oficio de la Inquisición ni tienen otra mácula y en tal posesión han estado y están sin haber cosa en contrario”, en la ocasión presentó como testigos a Domingo de Chavarría, canónigo de la Catedral, quien lo bautizó, de 60 años “más o menos”; Ignacio de Lavastida y Ávila, teniente cura de la Catedral, de 44 años; Pedro Urtarte, capitán y vecino de la ciudad, con 23 años “poco más o menos”; Pedro de Torres, ayudante y vecino de la ciudad, con 49 años; Luis Garavito, cura de la Catedral, y Francisco de Medina y Almánzar, presbítero y rector del colegio seminario de la ciudad. Después de aquel informativo, fue amonestado por Lavastida y Ávila en tres días festivos intermissarum solemnia y no hubo impedimento alguno para que el arzobispo, el mercedario Fernando de Carvajal y Rivera lo admitiera “en las órdenes solicitadas” en diciembre del mismo año.

También hizo valer los testimonios que prestó en 1706, cuando fue ordenado en el convento de Santa Clara, y la dispensa que le concedió el arzobispo fray Francisco del Rincón, “atendiendo a su virtud, recogimiento y literatura y demás procederes de su honesta vida y costumbres y la grave necesidad que se padece de operarios espirituales en la diócesis”, para nombrarlo cura de Bayaguana en 1708, por muerte de su antecesor Juan Rengifo, curato en el que fue refrendado en 1716.

Para contrarrestar a Aguilar, Fernández de Villafranca solicitó una información testimonial, a la que accedió el alcalde ordinario Pimentel de Sandoval el 8 de octubre de 1723. Su objetivo: hacerle constar al rey y a su Real Consejo de las Indias la naturaleza y calidad de mulato y de descendiente de negros y mulatos de Aguilar, a los que el rey excluía no solo de las prebendas y honores eclesiásticos sino también de la condición ser escribanos. Y lo revelaría haciendo constar que su madre, Luisa de Lomas, hija de Dominga de Lomas, mulata esclava, y sobrina de Juana de Lomas, era nieta de Luisa de Lomas, negra y esclava de Jacome de Lomas, hermano de María del Valle y de García del Valle Alvarado, y quien, en virtud de su testamento, les concedió la libertad, que ellas defendieron ante los descendientes directos de su antiguo amo.

Instituto Dominicano de Genealogía www.idg.org.do

Sobre el autor

Edwin Espinal Hernandez

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