Apuntes sobre el concepto del espacio en arquitectura

SANTIAGO CALATRAVA – OCULUS WORLD TRADE CENTER – NEW YORK - (2016)
En reciente coloquio en casa del Prof. Arquitecto Eugenio Pérez Montás, entre numerosos temas hablamos del concepto de espacio en el arte y la arquitectura. Esta inteligente conversación me llevó a hacer una serie de reflexiones sobre el tema.
La arquitectura por su propia naturaleza responde a una necesidad humana esencial, la de ofrecer un lugar donde el hombre pueda, entre otras cosas, sentir, bienestar, felicidad y protección, en relación con su entorno (espacio natural). El entorno natural antropizado, transformado en un volumen construido puede definirse como espacio arquitectónico.
El espacio arquitectónico es un gran contenedor donde el hombre desarrolla su presencia relacionándose con el contexto más o menos inmediato.
El sentido del espacio en la arquitectura tiene una importancia central, y hoy en día es un tema recurrente. Sin embargo, la noción de espacio arquitectónico no es una adquisición reciente, sino que tiene un origen antiguo, que adquirió mucha importancia en la segunda mitad del siglo XVIII. La arquitectura neoclásica se expresa con un énfasis en el espacio, esta particularidad la encontramos en las obras de los “Vedutisti” y de Giovanni Battista Piranesi. En la representación arquitectónica se utilizan efectos espaciales espectaculares. Los trabajos teóricos de Etienne-Louis Boullée y Claude-Nicolas Ledoux son una prueba significativa de ello. Los dibujos de sus tratados, en perspectiva, presentan edificios dentro de un espacio ilimitado, a los que corresponden vistas de grandes y dilatados interiores. El espacio arquitectónico no es atribuible simplemente a una categoría estética e histórica; al contrario, es un espacio subjetivo, en el sentido de que lo que importa por encima de todo es la percepción de quien lo vive y lo utiliza. La cuestión de la percepción del espacio es tan importante que Étienne-Louis Boullée, arquitecto neoclásico, llega incluso a definir la inmensidad de un “espacio inconmensurable”. Lo compara con lo que se percibe desde un globo, completamente diferente a lo que surge de la relación entre el hombre y lo que le rodea.
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Estas concepciones encontraron un profundo interés en Schelling y Hegel. La Filosofía del Arte a partir de 1802 reconoce una jerarquía en las artes, atribuyendo un papel preeminente a la arquitectura. Calificando la arquitectura como: “música en el espacio”. La estética de Hegel la designa como perteneciente a un estado superior, como representación simbólica del mundo. Para Hegel los edificios de las civilizaciones del antiguo Oriente se caracterizan por una arquitectura que transmite un simbolismo cósmico. Grecia creará un universo a escala humana, su verdadera dimensión. La Edad Media cristiana se mide, con un espacio que se remonta a los rasgos de la propia conciencia. Hegel, al establecer una distinción entre interioridad y exterioridad introduce una lectura espacial de la arquitectura, definida como espacio externo y espacio interno. En 1867 el historiador suizo Jacob Burckhardt, partió de estas concepciones para llegar a la designación de criterios estilísticos. El concepto de espacio arquitectónico entró en contacto con la “teoría de la Gestalt” que veía la realidad como todo único y no compuesto de unidades elementales yuxtapuestas. En 1873, el filósofo alemán Robert Vischer inventó el término «Einfühlung», empatía, relacionándola en el contexto arquitectónico. Con esta correlación llegó a concebir una nueva sensación de espacio, Sostuvo que la “tactilidad” del espacio es la condición principal para comprender la tercera dimensión, considerando que la visión retiniana o simplemente aquella visiva, representativa únicamente de una imagen plana. Según esta interpretación, la esencia del espacio reside en un diálogo entre el intelecto y la experiencia táctil. El espacio se percibe así a través de la proyección del individuo en las formas que lo componen y lo delimitan. Hacia finales del siglo XIX aparecieron dos textos que consideraban el espacio arquitectónico en relación directa con un determinado concepto estético. La obra del filósofo alemán Theodor Lipps hacía una distinción entre percepción geométrica y percepción estética. La primera reconoce la forma tal como se presenta, es decir, como una forma simple, sin ningún signo distintivo. La segunda implica una participación que despierta empatía, provoca estímulos en el observador, que puede sentirse atraído por el objeto observado. En 1893 el escritor alemán Adolf Von Hildebrand definió la visión pura como aquella que da al observador una imagen global y estática, mientras afirma que también existe una visión en movimiento, es decir, aquella que se refiere al movimiento del observador. De la combinación de las dos impresiones visuales nace y se desarrolla la idea de espacio total. Según Hildebrand, el objetivo de todo artista debería ser dar una representación verdadera del espacio que resulte a la vez estático y dinámico. Con dos enfoques diferentes August Schmarsow y Alois Riegl, dieron una importancia significativa al concepto de espacio arquitectónico. En sus estudios de la historia de la arquitectura, interpretaron el espacio basado en la definición de sensación espacial.
Muchos historiadores han propuesto una interpretación simbólica del espacio arquitectónico (retomando las teorías de Hegel). A partir de esta interpretación, el símbolo se convierte en la lectura más cercana a una obra arquitectónica, pensemos cómo nos comunica su mensaje la planta cruciforme de una iglesia gótica. Para el histórico de arte Wilheim Worringer, el patetismo del espacio gótico corresponde al misticismo religioso de la Edad Media. En 1943 Henri Focillon escribió que un edificio no es una colección de superficies, sino un conjunto de partes cuyas dimensiones, longitud y profundidad interactúan entre sí, forman un nuevo sólido, compuesto por un volumen interior hueco y una masa exterior firme y cerrada. Focillon aborda las diferentes concepciones de la composición espacial que caracterizan el arte románico y gótico, con una nueva concepción del espacio arquitectónico que se define en cada caso gracias a una interpretación estilística. Muchos arquitectos estudiaron y analizaron el concepto de espacio en arquitectura, Adolf Loos, a principios del siglo XX, desarrolló gran parte de su producción teórica y proyectual con el objetivo de comprender la arquitectura a partir de los modos de vivir y comprender el habitar del tiempo, de lo banal cotidiano, intuyendo la estrecha relación entre habitar, construir (espacio) y pensar. La experimentación que Loos realizó sobre el espacio arquitectónico, conocida como principio de Raumplan, se puede leer en todas sus obras, tiene como objetivo atribuir a cada ambiente del espacio arquitectónico una particular connotación debido a su función, su uso y su colocación en el interior del edificio.
El tema del espacio arquitectónico fue analizado profundamente por Le Corbusier quien en su producción teórica y proyectual supo ofrecer nuevas espacialidades y posibilidades en términos de composición y juegos creativos gracias a la definición de importantes conceptos y soluciones arquitectónicas-estructurales (el prototipo de la Maison Dom-lno es un ejemplo de la experimentación de Le Corbusier).
La planta libre definida por Le Corbusier, resultado del nuevo sistema constructivo y de distribución de cargas puntuales, se convierte en motivo de experimentación y nueva espacialidad. Pensemos en Mies van der Rohe, en las casas construidas para el distrito Weissenhofsiedlung de Stuttgart, el Seagram Building de New York, sin olvidar la Nueva Galería Nacional de Berlín de 1963 -1968.
El concepto del espacio arquitectónico relacionado con el contexto ambiental y las nuevas posibilidades de la tecnología y la ciencia material fue objeto de experimentación en las obras de Frank Lloyd Whight especialmente en la famosa “Fallingwater” donde el espacio destinado a la residencia se resuelve en una compenetración de volúmenes y espacios abiertos que hacen posible la integración de la obra al extraordinario contexto.
El arquitecto, investigando la estrecha relación entre la arquitectura y el comportamiento del hombre y su cuerpo, intenta identificar nuevas formas y espacios habitables donde la relación fundamental entre el interior y el exterior se convierta en un interés constante de la arquitectura.
“Todo lo que no tiene espacio interno no es arquitectura”, así resume Bruno Zevi el espacio interno con relación al tema y a la experiencia de la arquitectura.