El fracaso de la Liga de las Naciones y su semejanza con el rol de la ONU en el escenario contemporáneo
Por: Iván Ernesto Gatón
La creación de la Sociedad de Naciones o Liga de las Naciones, organismo internacional creado por el Tratado de Versalles, el 28 de junio del 1919, vino como consecuencia de la tragedia que provocara la Primera Guerra Mundial, que demostró el suicidio de la razón en la clase político-militar europea de principios del siglo XX. Al igual que al inicio de las actividades de la sociedad de naciones en 1920, después de la “Primera Guerra Mundial “ o “Gran Guerra”, que dio paso a una era turbulenta de la primera mitad del siglo XX, en el mundo contemporáneo, han emergido nuevos actores que han erosionado el orden que se había establecido desde la fundación de Naciones Unidas 24 de octubre de 1945, San Francisco, California, Estados Unidos.
Son complicadas las relaciones internacionales entre las naciones en un mundo que siempre ha sido inestable y donde el futuro es impredecible por naturaleza. Es necesario un orden que modere las luchas por los recursos, así como también las habituales por la hegemonía regional y global.
En su obra “Abrazar el mundo:
Geopolítica hacia donde vamos”, por Jorge Dezcallar, diplomático de carrera del Ministerio de Relaciones exteriores de España, reafirma sus inquietudes en un mundo confuso futuro lleno de incertidumbre, expresando que: “Vivimos mejor que nunca, pero no parecemos valorarlo. Estamos inquietos, tenemos miedo ante un futuro lleno de incertidumbre y el desasosiego cunde en derredor, particularmente entre las clases medias cuyo nivel de vida se ve amenazado desde diversos frentes mientras caen una tras otra las columnas que sustentaban a un mundo que se creía inmutable”.
La Sociedad de Naciones se basó en los principios de seguridad colectiva, que preveían el arbitraje de los conflictos, así como también, el desarme. La iniciativa para la creación de la misma la tuvo el presidente estadounidense Woodrow Wilson, con sus famosos 14 puntos que abrían un espacio al idealismo kantiano de las relaciones internacionales y cuyas ideas comenzaron a verse plasmadas en los artículos del Tratado de Versalles que fueron redactados en la Conferencia de París, cuyos iniciaron 1919.
El 15 de noviembre de 1920 se realizó en Ginebra la primera asamblea, en la cual participaron representantes de 42 países que buscaban reestructurar un mundo exhausto por la muerte y la destrucción ciega. Esta entidad buscaba superar los efectos de la Gran Guerra y alcanzar el anhelo de una paz duradera.
En el pacto de la Liga de las Naciones se incluyó un elemento novedoso en un mundo que desde el siglo XVI, con la modernidad, había impuesto casi como norma el racismo, muy especialmente contra negros y asiáticos; porque la delegación japonesa, por las conquistas obtenidas a partir de la modernización Meiji en el Asia, fue invitada a participar, y aprovechando su presencia en este foro solicitó la inclusión del principio de “igualdad racial “racial”. La solicitud hecha por los japoneses se encontró con la oposición de Australia, Estados Unidos y el Reino Unido.
De este organismo surgen instituciones como la Organización Internacional del Trabajo y la Agencia Postal Internacional; asimismo, la Liga de las Naciones introdujo la novedad de que los Estados debían publicar sus tratados y registrarlos en esa sociedad de naciones.
En la Liga de las Naciones se logró también la pacificación de algunos conflictos; sin embargo, ocurrieron la invasión japonesa de Manchuria en 1931 y la invasión italiana contra Abisinia en 1935.
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El último caso que fue visto en conflicto por la Sociedad de Naciones fue la petición del gobierno de la República española de 1936, durante la guerra civil, para que resguardara en Ginebra el patrimonio del Museo del Prado.
Luego de la Segunda Guerra Mundial, que inició el 1 de septiembre de 1939 y concluyó en 1945, la Liga de las Naciones desapareció y se creó una entidad internacional llamada Organización de Naciones Unidas; aunque muchos piensan que la ONU sustituyó a la Sociedad de Naciones, los hechos demuestran que no hubo una sustitución de un ente por el otro; sí es de rigor señalar que la Liga de las Naciones marcó un hito en la historia de la humanidad por ser la primera organización de esta índole, es decir, el antecedente de la Organización de Naciones Unidas.
La Organización de Naciones Unidas entró en vigor el 24 de octubre de 1945, el tratado se firmó el 25 de junio de ese año en la ciudad de San Francisco (EUA) y en la misma estuvieron presentes representantes de 51 países; es la mayor institución internacional existente y el propósito de su creación es mantener la paz y la seguridad internacional, fomentar relaciones de amistad entre los pueblos, lograr la cooperación internacional para solucionar problemas globales y servir de centro que armonice las acciones de las misiones. Los principales órganos de la ONU son: la asamblea general, el consejo de seguridad, el consejo económico y social, la secretaría general, el consejo de administración fiduciaria y la corte internacional de justicia. Su figura principal es el secretario general.
En las Naciones Unidas, a pesar de que la asamblea general sea su principal órgano, es en el consejo de seguridad, bajo el privilegio de los cinco miembros permanentes del mismo, donde se evidencia cuáles son las manos que mueven la cuna de la organización.
A partir de la caída del muro de Berlín en 1989 y la implosión de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en 1991, el mundo asiste a un escenario en que los Estados Unidos de América alcanzan un nivel de hiperhegemonía nunca antes visto en la historia; el equilibrio de poder que el derecho a veto de las potencias había mantenido desde la creación del organismo se vio roto por el bombardeo a Yugoslavia por la OTAN en 1999; de igual forma, por la invasión a Irak en el 2003, por la supuesta posesión de armas de destrucción masiva, y en el escenario actual por la invasión a Ucrania de parte de la Federación de Rusia.
La historia, se repite, el fracaso de la Liga de las Naciones vino como resultado de su incapacidad para prevenir los conflictos armados, en la actualidad podemos ver que Naciones Unidas no fue capaz de impedir la guerra en Ucrania, y no ha podido detener la vergonzosa y humillante situación para la humanidad que representa la crisis en Palestina.
La ONU surgió en un mundo bipolar y se encuentra en un escenario multipolar, en que se evidencia la necesidad de adecuar esta entidad a la realidad geopolítica del mundo contemporáneo. Existe, además, la premura de ordenar una representación adecuada para la influencia de nuevos pivotes geoestratégicos que no están representados en el consejo de seguridad.
En medio de una crisis económica, política, climática y migratoria como la que vive el mundo, en esta nueva era geopolítica, nada peor que no estar consciente del curso de los acontecimientos históricos que rodean el devenir de la historia de los seres humanos; la falta de conciencia del tiempo en el cual se vive no solamente puede generar desgracias inmediatas, sino también el sacrificio de futuras generaciones por la ausencia de líderes con vocación humanista.
La Organización de Naciones Unidas, al igual que la Liga de las Naciones, nos hace evocar la reflexión lúcida y profunda del gran jurista internacionalista Hans Kelsen, quien trabajó en la redacción de la carta de la Sociedad de Naciones y que ante el fracaso de la misma llegó a expresar que esto no era consecuencia de un mal diseño jurídico, que permitía los objetivos para los cuales fue creada la Liga de las Naciones, sino de la ausencia del interés político de las grandes potencias.
George Kennan, autor de la política de la Guerra Fría, que marcó en gran medida el siglo XX, corto como lo llamaba el historiador británico Eric Hobsbawm, en este mundo de tinte neo-westfaliano, nos dejó una lapidaria reflexión que se ajusta a las urgencias que tiene la sociedad global: “Bueno sería que pudiéramos decir que todos reconocimos la insensatez de pueblos enteros que se consideraban a sí mismos más virtuosos, dignos y por lo general más gloriosos que otros, y que libraron guerras autodestructivas en aras de esta fatua ilusión”.