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Escriben en inglés y son dominicanos

No porque Mario Vargas Llosa escribiera La fiesta del chivo en español ni porque se le haya otorgado, por su novela la nacionalidad dominicana, sea dominicano.

Julia Álvarez, Junot Diaz y Mario Vargas Llosa

Julia Álvarez, Junot Diaz y Mario Vargas Llosa

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No porque Mario Vargas Llosa escribiera La fiesta del chivo en español ni porque se le haya otorgado, por su novela la nacionalidad dominicana, sea dominicano. Él lo sabía e introdujo en su lograda ficción palabras y modismos propios del español peruano para expresar que era peruano; tampoco que, además de marqués de España, obtuviera esa nacionalidad. A pesar de esas facilidades para desplazarse y/o fijar residencia, además de España y República Dominicana y en cualquiera de los 26 países de la Unión Europea era, como lo confirma su obra, un escritor peruano La fiesta del chivo, escrita en su lengua materna y de escritor, no lo hace, como ya dije, un escritor dominicano como tampoco el tema de La guerra de fin del mundo (1981), le hace un escritor brasileño.

Los escritores africanos que escriben en francés no son escritores franceses. Son africanos de expresión francesa, como Kafka era checo de expresión alemana, así como Julia Álvarez y Junot Díaz son dominicanos de expresión inglesa. El sentimiento de pertenencia de un escritor no se limita únicamente a la lengua con la que se expresa.

En el caso quizá de Julia Álvarez y de Junot Díaz se plantea un problema, y es que ellos no podrían escribir en español con la misma soltura que en inglés.

Samuel Beckett escribía en inglés y francés. A nadie se le ocurre decir que Beckett era un escritor francés, porque siempre ha sido y será considerado un escritor irlandés.

Creo que Julia Álvarez, aunque diga que no es una escritora dominicana sino norteamericana, muy a su pesar es una escritora dominicana. Hay una polémica que me parece un poco absurda en el sentido de que el sentimiento de nación no lo da solamente la lengua, sino lo que el escritor tenga dentro. En Junot Díaz, galardonado con el prestigioso premio Pulitzer por su novela The brief wondrous life of Oscar Wao, tanto en esta novela como en su colección de cuentos Drown es importante observar la vida y costumbres de la diáspora dominicana de Estados Unidos.

Si Julia Álvarez no se siente dominicana es su derecho más legítimo. Su obra literaria, muy a su pesar, la hace dominicana, porque está estrechamente relacionada con República Dominicana, el país de sus padres y un alto nivel de pertenencia: en guisa de ilustración: desde How the Garcia Girls Lost Their Accents, pasando por Before We Were Free e In the name of Salomé hasta su afamada In the Time of the Butterflies. Estas como otras de la autoría de Julia Álvarez guardan una estrecha relación con acontecimientos de la historia de República Dominicana. Es, pues, escritora dominicana de expresión inglesa. No es la única. Hay otros. Hay escritores estadounidenses que pueden y escriben en español y son escritores estadounidenses.

La nacionalidad es excluyente. Soy dominicano porque no soy norteamericano, venezolano o ruso. Cuando se trata de mi obra literaria, de la historia, del pasado que la alimenta, es otra cosa. Julia Álvarez, por nacimiento, es de la nacionalidad norteamericana como lo es por adopción Junot Díaz; ahora, de ahí a ser un escritores norteamericanos es diferente. Es como su obra los define según lo que narra y se colige de ella. ¿Qué es la búsqueda de los orígenes? ¿Qué es explotar los temas del país que sus padres, por diferentes motivos, dejaron atrás?

El pasado de los inmigrantes llamados de la primera generación es el de sus padres, como lo muestra la obra literaria de Julia Álvarez y Junot Díaz. Un pasado tan “presente” que el doble campeón olímpico prefirió, aun habiendo nacido en Estados Unidos, participar como dominicano en los Panamericanos de Winnipeg en 1999 y 2003, y en los olímpicos de Atenas (2004), y Londres (2012) porque su abuela le había inculcado el abstracto sentimiento de ser dominicano y le hizo prometer que cuando se destacara como atleta lo hiciera en tanto dominicano.

Para retomar el tema que nos ocupa recordemos que el escritor Juan Bosch decía a menudo que a pesar de haber pasado casi 24 años como exiliado en varios países de América latina trataba de no desarraigarse, de no desvincularse de sus raíces como se puede apreciar en la mayoría de sus cuentos y en su novela La Mañosa (1936), reeditada en La Habana (1939).

Pedro Henríquez Ureña, quien después de salir de República Dominicana en 1903, sólo regresó por unos meses en 1914; años más tarde, llamado por su hermano Max, retornó para asumir la Intendencia (hoy Ministerio) de Educación en el incipiente gobierno de Rafael Trujillo. Aceptó el cargo. Se instaló, con esposa e hijas, en Santo Domingo y se marchó al cabo de once meses pretextando visitar a su padre entonces ministro (embajador) de la Legación domincana en París, Francia. Defraudado, se marchó. La muerte le sorprendió en Buenos Aires (1946), pero esa frustración no fue óbice para que el ilustre humanista se desarraigara y tendiera una hermética cortina entre él y su país de origen. Únicamente basta leer su abundante correspondencia con Alfonso Reyes; con su familia, y Rodríguez Demorizi, entre otros, así como sus estudios: La cultura y las letras coloniales en Santo Domingo (1936), El español en Santo Domingo (1940), e igualmente sus ensayos sobre escritores y poetas dominicanos de su época o anteriores.

Recuerdo cuando Oscar de la Renta fue llamado a dirigir la famosa Maison Balmain de París que al ser entrevistado por un periodista de Le Figaro interesado en saber cómo se sentía un norteamericano en París. De la Renta no hesitó en contestarle: “De pasaporte y dirección, porque soy dominicano”.

El renombrado diseñador de moda era consciente de que su arte, como las artes plásticas, no estaba estrechamente asociado a la lengua como lo están la novela, la poesía, el teatro y la literatura en general, porque para estas expresiones artísticas la patria no es sólo la lengua con la que se expresa el novelista más el pasado al que su obra da vigencia.

Sobre el autor

Guillermo Piña Contreras

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