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Literatura

José Luis González el innovador ausente

José Luis González nació en Santo Domingo el 8 de marzo de 1926 y murió en Ciudad de México en 1996. Hijo del puertorriqueño José Luis González Toledo y de la dominicana María Consuelo Mignon Coiscou Henríquez.

Jóse Luis González

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José Luis González nació en Santo Domingo el 8 de marzo de 1926 y murió en Ciudad de México en 1996. Hijo del puertorriqueño José Luis González Toledo y de la dominicana María Consuelo Mignon Coiscou Henríquez. Cuatro años después, y con el advenimiento de la tiranía de Trujillo, la familia se traslada a Puerto Rico. Vive brevemente en Guaynabo y luego en San Juan. Estudió en la Escuela Superior Central (La Central High), luego en la Universidad de Puerto Rico. Desde muy joven se dedica a la literatura. Cuando llega Juan Bosch a la Isla del Encanto, en 1936, toma clases sobre el arte de escribir cuentos con el autor de “La Mañosa”, obra de la que su madre tenía ya conocimiento. La relación de Juan Bosch con los Henríquez es un aspecto fundamental para esta relación. A los 17 años publica su primer libro de cuentos el joven José Luis, “En la sombra” (1943) y con “Cinco cuentos de sangre” obtiene premio del Instituto de Literatura de Puerto Rico en 1945.

El naciente escritor que visitará a Juan Bosch en La caleta de las Monjas en San Juan vendría a ser no solo su alumno más aventajado, sino un pilar de las transformaciones del cuento puertorriqueño en la década de 1940 y 1950. El antecedente más cercano del cuento era Emilio S. Belaval (“Cuentos para fomentar el turismo”, 1946) y Alfredo Collado Martell, “Cuentos absurdos" (1930). Otro autor cercano era Abelardo Díaz Alfaro, también influido por Juan Bosch (“Terrazo”, 1948). A la generación de autores a la que perteneció González le tocó continuar el trabajo de la generación del 1930, empeñada en definir la identidad del pueblo puertorriqueño (Antonio S. Pedreira, “Insularismo” (1934) y Tomás Blanco, “Prontuario histórico de Puerto Rico” (1935). Le cupo a la generación de González darle un lenguaje a la literatura puertorriqueña; despojar el cuento de la lengua jíbara y plantearse temas universales dentro de la puertorriqueñidad que le posibilitaron a esta escritura un acceso a la literatura hispanoamericana.

Ese empeño fue, es justo decirlo, más de René Marqués (“En una ciudad llamada San Juan”, 1967) que de José González. Los cuentos de este tienen la novedad de ver la sociedad puertorriqueña desde una perspectiva crítico-social a la vez que se perfilan dentro de una estética que se equipara a la mejor estética latinoamericana. El realismo social tiene ya como precedente la novela de Enrique A. Laguerre (“La llamarada”, 1930), más cercana a Rómulo Gallegos. Pero González busca mostrar aspectos de la vida rural y más tarde de la vida urbana. Algunos de sus cuentos, como los seleccionados por René Marqués en la antología clásica “Cuentos puertorriqueños de hoy” (1959) y la novela “Balada de otro tiempo” (1978) muestran el interés de González por los grupos subalternos. Campesinos, muy cercanos a los de Juan Bosch, o marginados de la sociedad en el proceso de industrialización que vivió Puerto Rico de 1940 a 1970.

Desde muy temprano, el autor se liga a los grupos socialistas de Puerto Rico y ya en 1959, se declara como marxista. En sus ideas sobre la literatura se vislumbra el marxismo y también parte del programa del positivismo de solo aceptar en la literatura y en la acción social una visión científica. Razón por la que ataca toda postura mesiánica o espiritualista del accionar literario y político. Presta menos atención que Marqués a las técnicas literarias, mientras refuerza la representación de la realidad. Como muchos de su generación, representó la participación de los puertorriqueños en la guerra de Corea y retrata tanto la vida de los soldados muertos en combate (“Una caja de plomo que no se podía abrir”), como la situación de nostalgia y deseo de regreso de los obreros puertorriqueños en Nueva York (“El pasaje”).

Luego de estudiar en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras un bachillerato en Artes con especialidad en Ciencias Sociales (1946), José Luis González realiza estudios de Ciencias Políticas en New School for Social Research, de Nueva York. Pasará dos años en Checoslovaquia, de 1950 a 1952. Por su posición política se le negó entrada a Puerto Rico y se radica en México, donde estudia y enseña en la Universidad Nacional de México; mientras sigue sus labores como escritor, editor y traductor. En 1955 recibe en México a los dominicanos Juan y Félix Servio Ducoudray y al poeta Pedro Mir.

En síntesis, su cuentística influida originalmente por Juan Bosch y Ernest Hemingway, se destaca por la síntesis, el dramatismo, como ha dicho Manrique Cabrera. Pero toca tres aspectos de la transformación temática puertorriqueña: el campo, la ciudad o el arrabal, la Guerra de Corea y los puertorriqueños en Nueva York (“La noche que volvimos a ser gente”). Interesado en la identidad negra del puertorriqueño no trata este tema como algo esencial, sino como un problema social en el maravilloso cuento “En el fondo de caño hay un negrito” (de “En este lado”, 1954).

Aunque Juan Bosch vio en él a un novelista en ciernes, el autor primero se desarrolla como cuentista. Se destaca por dos novelas de carácter histórico, con la que empuja el historicismo en Puerto Rico. La llegada de las tropas estadounidenses, tema tratado ya por Luis Hernández Aquino, dentro de su poética ultraísta influida por el postumismo dominicano (“La muerte anduvo por el Guasio”, 1959), es el tema central de “La llegada, crónica con ficción” (1980), en ella José Luis González, mediante personajes subalternos que reconstruyen una mirada que busca ser de múltiples perspectivas, presenta las ideas sociales y de clase como conflicto real, frente a los discursos históricos y sociales dominantes en la sociedad puertorriqueña.

La segunda novela del narrador que le ha dado más reconocimiento es “Balada de otro tiempo” (1978). En ella trabaja el tiempo histórico puertorriqueño a través de personajes subalternos que siguen la ruta del campo a la ciudad. Transformación que se da con el desarrollo del azúcar cuando Puerto Rico fue tomado, al igual que Santo Domingo y Cuba, como centro de las grandes centrales azucareras. Esa etapa en Puerto Rico implica la pérdida de la producción, el hambre y la migración. El tiempo histórico contemporáneo queda simbolizado en una balada campesina. Y en la obra José Luis presenta los distintos contextos sociales y culturales que definen la puertorriqueñidad. Interviene en las polémicas culturales de la Generación del Treinta. En la conversación de Luis Llorens Torres y en la de Luis Palés Matos busca al Puerto Rico jíbaro y al Puerto Rico negro.

Se asoma en Marqués la crítica a un escritor que se ha trasplantado y ha dejado su programa puertorriqueñista. Pero esto no es del todo cierto. Aunque los personajes de muchas de las obras de González no siempre son puertorriqueños, él no se apartó de la literatura puertorriqueña. Y esto queda más evidente en sus obras ensayísticas como “El país de cuatro pisos y otros ensayos” (1980), “Nueva visita al cuarto piso” (1986) y en “Puerto Rico literatura y sociedad” (1976), su tesis doctoral en la UNAM. Como ensayista fue claro y comunicó ideas nuevas y reveladoras del pasado sociocultural puertorriqueño. Su obra abrió la polémica sobre el nacionalismo puertorriqueño y la figura de Pedro Albizu Campos. Querellas entre nacionalistas y socialistas que su compañero de generación, César Andreu Iglesias, simboliza en “Los derrotados” (1955).

Sobre el autor

MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN

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