Los cuentos infantiles de Miguel Phipps

Los cuentos infantiles de Miguel Phipps
POR DIÓGEDES CÉSPEDES
Las obras del escritor Miguel Phipps, «El regalo más bello», «Castillito de arena», «La ranita comilona» y» El sapito delincuente», pertenecen, las primeras dos al género del cuento infantil en su modalidad de cuento maravilloso o fantástico; y, las dos últimas, al genero del cuento infantil en su modalidad de cuento fabuloso.
En efecto, el autor se ciñe escrupulosamente al género y las técnicas seguidas por los antiguos y modernos, como Esopo, Andersen, los hermanos Grim, Iriarte, Samaniego, Perrault o Juan de la Fontaine. Los cuentos fabulosos tratan solamente de animales humanizados y, los fantásticos, tal como los estudia Vladimir Propp en su libro El cuento maravilloso, tienen por protagonistas a seres humanos, uno de los cuales debe jugar el papel de héroe y los demás personajes son opositores u oponentes o ayudantes o colaboradores suyos.
En esta categoría de adversarios o colaboradores, el escritor de cuentos infantiles o de cualquier otro género narrativo obrará con finura si dota a estos oponentes o colaboradores de una ambigüedad tal que únicamente al final del cuento sabrá el lector que el ayudante o colaborador era un traidor o, al revés, que el adversario u opositor del héroe o heroína era un colaborador. El arte de este tipo de cuento consiste entonces en suspender, para lograr un final sorprendente, las acciones de malos y buenos, a fin de mantener vivo el interés por el desenlace.
Pero en el caso de los cuentos infantiles, fantásticos o maravillosos, escritos por Phipps no existen estas argucias de autor, ya que el público destinatario de los mismos son los niños alfabetizados que cursan del tercero al sexto curso de primaria.
Y tal como aseguran los manuales técnicos y como lo han hecho a través de los tiempos quienes se han aventurado a escribir cuentos infantiles, ese blanco de público, el más difícil de todos puesto que el adulto que escribe debe descender hasta la tierna mente infantil y adaptarse a su nivel cultural para que, robándole el interés, el infante disfrute, sin preguntarse el porqué de una moraleja que le afinca los valores, le ayuda a distinguir entre el bien y el mal y le arranca los sentimientos y emociones con entretenimiento o diversión, ya que una de las finalidades de este tipo de cuento es hacer reír al niño y ayudarle a desarrollar su inteligencia, su capacidad humorística, su solidaridad ante el drama de la vida y su amor a la familia y el cuidado del entorno o medio ambiente donde vive.
Por supuesto, que el segundo destinatario de los cuentos infantiles es el maestro o la maestra y en segundo lugar, los padres cuando son requeridos por el niño para que les lean los cuentos. En un tercer lugar, aunque no desdeñable, están los demás parientes, amigos o relacionados del núcleo familiar primario que en algún momento de su vida han ejercido esta función magisterial o de simple lector o lectora que ayuda al niño a comprender el cuento, le formula preguntas y le arranca respuestas, tal como lo hace el maestro en su labor docente cuando sigue las instrucciones de la autoridad educativa pública.
Por ejemplo, en «El regalo más bello» no existe el personaje de la profesora o del profesor ni el de los padres, ni el del sujeto sustituto de estos. Son los mismos personajes del cuento quienes, adoptando nombres de merengueros famosos, discuten, argumentan en pro de su propio valer como músicos para, al final, como en toda síntesis hegeliana donde los contrarios se unen, concluir en que el merengue es nuestro ritmo nacional. En este cuento se dan todos los elementos que apunté más arriba en cuanto a crear en el niño valores, distinciones, solidaridad y defensa de su cultura. Si la escuela cumple con los requisitos que se les exige a los maestros de primaria, el saber cultural en el niño de primaria comienza por afianzarse en este cuento que tiene la intención clara de colocar al merengue como la música bailable que caracteriza, uno entre múltiples rasgos, la especificidad dominicana.
Otro tanto puede decirse de «Castillito en la arena», cuya estrategia es inculcar en el niño varios valores, entre los cuales figuran, dosificados unas veces por la maestra, otras por el padre y en última instancia por otros personajes que interactúan en el cuento, el respeto a los inmigrantes, la solidaridad con los amigos, la relación padre-hijo, la ayuda mutua, el valor de la amistad y la condena del resentimiento para, dar al final, con el paradigma de reconocimiento a los valores culturales, geográficos, naturales, turísticos y ecológicos de nuestro país.
Se ha de colocar el lector adulto en la mentalidad de un niño para poder entender el proceso psicosocial y pedagógico del cuento infantil. Yo lo hago, por ejemplo, yéndome a más de cincuenta años atrás, época en la que fui escolar de tercero a sexto curso y fui un lector ávido de estos tipos de cuentos. Y todavía recuerdo la imagen de aquellas profesoras leyéndonos esos cuentos infantiles, preguntándonos por el significado de las palabras que ellas sabían que en aquella edad tan tierna no podíamos entender. Entonces ellas explicaban el significado de dichas palabras y dibujaban, como podían, el objeto o animal o planta a que remitían.
De modo, pues, que lejos de asumir un papel de orgullosa sapiencia, veamos con humildad la explicación de estos cuentos infantiles en el aula como un documental o cortometraje con todos los personajes involucrados en la narración, la cual tiene el único propósito de desarrollar y expandir la inteligencia emocional y la cultura de nuestros niños.