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El origen gallego del nombre de Azua de Compostela
Azua de Compostela fue fundada en 1504 por el capitán Diego Velázquez, cumpliendo la disposición del gobernador Nicolás de Ovando. Velázquez era natural de Cuéllar, en Castilla, mientras que Ovando procedía de Cáceres, en Extremadura.

Mapa
MANUEL A. GARCÍA ARÉVALO
Al constatar durante su segundo viaje la destrucción del fuerte de la Navidad, Cristóbal Colón decidió alejarse del lugar y estableció a principios de 1494, en la costa norte de La Española, la villa de La Isabela. Desde allí, a través de la Cordillera Septentrional, trazó un sendero conocido como el Paso de los Hidalgos para adentrarse al interior de la isla, donde construyó varias fortalezas que fueron decisivas para iniciar el proceso de conquista e imposición de tributos a los indígenas.
En la región del Cibao, a orillas del río Jánico, Colón edificó los fuertes de Santo Tomás —atacado sin éxito por Caonabo, cacique de Maguana— y La Magdalena —dentro del territorio de Macorix de Abajo, en las inmediaciones del río Yaque del Norte—. Este último fuerte fue asediado por el cacique Guatiguaná, quien mató a diez españoles e incendió una casa que albergaba a algunos enfermos trasladados desde La Isabela. Este hecho acarreó una enconada ofensiva por parte de las huestes colombinas, que capturaron a un numeroso contingente de indígenas que luego fueron embarcados como esclavos rumbo a Castilla. Deplorable medida que la reina Isabel, indignada, desaprobó con su célebre exclamación: «¿Qué poder mío tiene el Almirante para dar a nadie mis vasallos?», ordenando que los indígenas fueran devueltos a la isla, otorgándoles su libertad.
Mientras tanto, intimidado por los agravios que el Almirante había infligido a los indios de Guatiguaná, el cacique Guarionex permitió que los españoles establecieran dentro de su territorio una fortaleza, cercana a su poblado en el Guarícano, a la que se denominó La Concepción.
Con idéntico propósito de ejercer su dominio sobre los aborígenes de la región, Colón edificó nuevas fortalezas: Santa Catalina y La Esperanza, situadas en la ribera del río Yaque, y Santiago, en el lugar conocido por Jacagua.
Al amparo de estas fortificaciones colombinas, surgieron varias poblaciones o villas como La Concepción de la Vega Real, Santiago de los Caballeros y, posteriormente, Bonao, topónimo que remite al nombre indígena del cacique de la región.
Tras el descubrimiento de las minas de oro del río Haina por parte de Miguel Díaz de Aux, el adelantado Bartolomé Colón emprendió un viaje de exploración por el sur de la isla, hasta llegar a la desembocadura del Ozama, asiento de la cacica Catalina. Por las favorables condiciones portuarias del lugar, decidió trasladar allí a los habitantes de La Isabela y fundar el 5 de agosto de 1496, en la ribera oriental del río, la ciudad de Santo Domingo, también conocida originalmente con el nombre de La Nueva Isabela.
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Las poblaciones ovandinas
Para consolidar el dominio y la explotación de La Española, el gobernador Nicolás de Ovando emprendió a su llegada, en 1502, el establecimiento de nuevos pueblos o villas de españoles a todo lo largo y ancho del territorio insular. Fray Bartolomé de las Casas, en su Historia de Indias, refiere que, tras el traslado de Santo Domingo a la margen occidental de la desembocadura del río Ozama, Ovando auspició el surgimiento de una serie de poblaciones: Buenaventura, donde hubo una fundición de oro, cerca del río Haina; Puerto de la Plata y Puerto Real, en la costa atlántica; San Juan de la Maguana, en el interior de la isla; Azua de Compostela, en la costa sur; Lares de Guahaba, Santa María de la Verapaz, Villanueva de Yáquimo y La Yaguana, estaban al oeste en el cacicazgo de Jaragua, y Salvatierra de la Sabana se ubicaba en Hariguayagua, que era el extremo más occidental de la isla. En la zona oriental se erigieron Salvaleón de Higüey y Santa Cruz de Aycayagua (El Seibo), además de la estación minera de Cotuí, que posteriormente recibió el nombre de La Mejorada, localizada al pie de la sierra de Yamasá, en el valle del Yuna, y vinculada a la extracción del oro y la plata desde los inicios del siglo XVI.
El establecimiento de la villa de Azua
Azua de Compostela fue fundada en 1504 por el capitán Diego Velázquez, cumpliendo la disposición del gobernador Nicolás de Ovando. Velázquez era natural de Cuéllar, en Castilla, mientras que Ovando procedía de Cáceres, en Extremadura. Siendo castellano uno y extremeño el otro, resulta extraña la conexión de Azua, que era el nombre indígena de la región, con el de Compostela, que rememora la ciudad más emblemática de Galicia, donde se conserva el sepulcro del apóstol Santiago, el patrón de España.
La respuesta la ofrece fray Bartolomé de las Casas, en su Historia de las Indias (Lib. II; Cap. X), cuando al referirse a las villas establecidas durante el período ovandino (1502-1509), dice: «… pobló otra que se llamó la villa de Azua de Compostela, por su comendador gallego que allí estuvo antes de que fuese pueblo, Azua, la sílaba del medio breve, es nombre del lugar que allí tenían los indios».
En un enjundioso artículo publicado en el boletín del Archivo General de la Nación (núm. 125, sept.-dic. 2009), el historiador István Szászdi León-Borja demuestra fehacientemente que el nombre del referido comendador era Gabriel Valera. Se trataba de un connotado contino o allegado a los Reyes Católicos y figuraba entre la gente de prestigio que vino con Colón en su segundo viaje.
En 1496 Valera regresó a España para informar a los reyes sobre la gobernación de Colón y los problemas surgidos en La Española. Y en 1501 este comendador de origen gallego se embarcó de nuevo rumbo a la isla, acompañando en esta ocasión a frey Nicolás de Ovando, quien recibió la instrucción de los Reyes Católicos, fechada el 13 de octubre de ese mismo año, para conceder por mediación de Valera una encomienda de indios en favor de la Orden de Santiago, de la cual este era caballero.
Esto demuestra que Gabriel Valera tenía constancia del potencial agrícola de las tierras azuanas para establecer una hacienda en la que utilizaría la mano de obra de los indígenas que se le otorgaron bajo el sistema de encomiendas. Incluso todo parece indicar que Valera se estableció en el lugar antes de la fundación de la villa. Por el protagonismo que adquirió el lugar se le añadió el nombre de Compostela, de donde era oriundo el comendador gallego. Ya antes, en 1500, en consideración a la airosa participación que tuvo Valera en la guerra de Granada y a su actuación en las posiciones españolas del África occidental, los reyes le habían otorgado tierras fértiles en el sur de la isla de Tenerife, donde debió familiarizarse con el cultivo de la caña de azúcar que se había implementado exitosamente en las Canarias. Esta experiencia debió servirle a Valera para iniciar una producción azucarera en Azua, donde se instalaron algunos de los primeros ingenios y trapiches que operaron desde los comienzos de la época colonial.

Diego Velázquez, fundador de Azua de Compostela.
El escudo de la villa
En la Real Provisión dada en Sevilla por el rey Fernando el Católico, el 7 de diciembre de 1508, mediante la cual se asignan los blasones de armas a la isla Española y a las villas existentes en esta, se le otorgó a Azua de Compostela «un escudo azur e en él una estrella blanca e en lo baxo unas ondas azules y blancas».
Es probable que el fondo azur aluda al color del escudo de Galicia, al igual que al de la propia ciudad de Compostela. En cuanto a la estrella central, István Szásdi la vincula al resplandor que, según la leyenda, indicó el lugar donde apareció la sepultura del apóstol Santiago a principios del siglo IX, origen de la peregrinación de los creyentes por la célebre Ruta Jacobea, que desde la Edad Media ha convertido el culto a Santiago en un símbolo de la cristiandad. Las franjas onduladas representan, a juicio de Szásdi, la proyección de la estrella del «Campus Stellae» (Compostela) sobre las olas del océano. También pudieran aludir al mar Caribe que baña las costas del puerto azuano, que alcanzó notoriedad en su época por la exportación de azúcar, cuero y cañafístola.