Guardianes de la verdad Areíto
Andrés L. Mateo
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Lo único perpetuamente estático es

La nostalgia.

Dicho esto, por supuesto,

Al margen del venerable Heráclito.

Contra el tiempo se diluyen las

Cosas. “En la vida todo es ir a lo que tiempo deshace” -dijo el poeta-.

Regresas y ha cambiado lo que antes era tuyo

Menos en la nostalgia

En la que igual las cosas permanecen

A pesar del círculo implacable que el vivir

Arrasa.

Todavía la luz sucede a la luz

Cuando vuelvo al viejo barrio.

Ha pasado algún tiempo.

Pero soy todavía el niño cruel que cazaba mariposas,

Y hasta que el ángel venga esperaré sonreído

en una esquina del barrio San Juan Bosco,

ardiendo de inquietud con mi rama en la mano.

¡Fui implacable!

Jamás tuve más cierto en mi memoria

Las batallas ganadas

El día ardiente del verano

Lejano y próximo

En el cual fui el rayo de tinieblas

Que mataba mariposas y era feliz.

Y me veo regresar en la nostalgia

No como el que ahora soy

Sino como el que fui.

Bajé desde mí mismo

Encontrando aquel niño de tenue corazón

De alborozado rostro

Que con su rama desflecaba

Las durezas de una tierra en la cual

El mal no estaba escrito todavía.

Ha pasado algún tiempo.

Cambia todo

Hasta la rancia sentencia

Del venerable Heráclito.

Menos en la nostalgia

Donde no hay antes ni después

Y el olvido nunca construye su morada.

Y nada puede transformar lo dado,

Lo vivido.

Al margen del Venerable Heráclito.

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Andrés L. Mateo

Andrés L. Mateo

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