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Una poesía luminosa: Todas las naves al silencio, de Joel Julio García

Portada de poemario de Julio Joel García.

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Joel Julio García (San Rafael del Yuma, provincia La Altagracia, 1984) es sin duda una figura atrayente en la poesía contemporánea de la República Dominicana. Su enfoque sobre la multiplicidad del tiempo y el espacio, así como su capacidad para poblar las palabras con una imaginación poética que combina el romanticismo con ciertos toques de modernismo, destaca su poesía. Es formidable ver cómo su poemario: «Todas las naves al silencio», resuena en su región este y con el tiempo se leerá en el resto del país.

«Todas las naves al silencio» es una obra poliédrica producto de cierta influencia borgiana en la que García compone un juego de espejos sobre la existencia en ese sutil retablo de los dioses y del vivir armoniosamente una sensación poética. Ese juego de espejos de la existencia, junto con los elementos de amor, remordimientos, nostalgias y delirios, crea una rica experiencia de profundidad y complejidad que la hace aún más fascinante, por ejemplo, un pequeño fragmento del poema:

Neuralgia
Estos días me siembran incertidumbres
y nada nace,
soy luz cansada,
una cabeza como enjambre de clavos,
un cuerpo borracho de insomnios.
Estos días deforman,
visibilizo mis precipicios,
escribo mis temblores,
el fruto picoteado de mis soledades. (p. 11)

El poemario describe un viaje a través del tiempo donde la existencia resalta, profunda y rica. La imagen de paradas, puertos y andenes que montan y desmontan momentos de esperanza, júbilo y recuerdos sombríos es verdaderamente evocadora.

La obra de Joel Julio García es un deslumbrante entrelazado de metafísica y estética literaria. Su capacidad para explorar las categorías fundamentales de la existencia y la realidad a través de la poesía es verdaderamente impresionante. La idea de una relación crítica que se establece entre dos textos (metatexto) hace de la escritura un juego de miradas, donde el poeta se ve a sí mismo, y, al mismo tiempo, revela profundidad y autoconciencia sobre su obra. Esto permite a los lectores no solo apreciar el contenido poético, sino también reflexionar sobre el propio proceso de creación y la esencia de la poesía misma.

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En cuanto a las dos direcciones temáticas, el proceso creador del poema y la definición de la poética, son elementos clave que ayudan a entender mejor la obra de García. La interacción entre el acto escritural y la reflexión estética proporciona una visión completa de su enfoque literario y su capacidad para expresar y cuestionar la naturaleza de la realidad y la existencia. Es, por tanto, un vasto océano de significados y emociones, y siempre hay algo nuevo y seductor por descubrir en sus versos.

La figura del tiempo, como padre de la creación en la poesía de García, añade una dimensión profunda y filosófica a su obra. Esa idea de un «tiempo borgiano» y el juego oscilante entre la vida y la muerte le da. un carácter lúdico y, a la vez, reflexivo.

Padre tiempo
Este es un tiempo que solo me abraza
con catedrales rotas,
no puedo esquivar su beso del derrumbe.
Yo soy su hijo,
su retrato hilado con el barro,
su escritura de viento que permanece cansada. (p. 16).

«El alma es un cuarto» es un poema que captura de manera surrealista la esencia donde la razón crítica se disuelve en la tentativa de comprender lo infinito y lo divino. Es deslumbrante como García puede entrelazar una reflexión sobre la existencia, la creación y nuestra propia naturaleza.

El alma es un cuarto
Mi alma es un cuarto que soporta el arañazo
de la noche animal.
Tengo paredes bailando entre el futuro y la nada.
Escribo allí desde la desnudez del desaliento.
Desde el aire que trae un pájaro enfermo
para que mis dedos imiten su vuelo. (p. 24)

García tiene una habilidad impresionante para capturar la naturaleza transitoria de la existencia humana y expresar la fragilidad del tiempo a través de su poesía. La confesión en «Transitoriedad de lo humano» de ser «un punto tambaleante del tiempo» refleja esta percepción de la temporalidad y la necesidad de vivir el momento al máximo.

La pregunta «¿Quién puede arrebatarle su primavera a la tiniebla?» es un claro testimonio del poder del verso para iluminar incluso los momentos más oscuros. García, con su habilidad para explorar la dualidad de la existencia, crea una poesía que es a la vez introspectiva y universal.

«Odisea de la nave» es una exploración poética de los elementos esenciales de un viaje a través del tiempo y el espacio, con referencias a un «Ulises en la verticalidad del mar de los siglos». La metáfora del «motor de lágrima» y las «ilusiones en remolino» añaden un oleaje de profundidad y emoción a su obra.
«¿Quién niega que los ojos beben las heridas de las cosas que entran a vivir en ella?»

Ese verso es un reflejo profundo y poético de la manera en que los seres humanos absorben y procesan sus experiencias, especialmente las dolorosas y angustiosas. Las heridas de las cosas que entran a vivir en nosotros son las marcas que dejan las experiencias en nuestras almas y corazones. Los ojos, como ventanas del alma, son los que «beben» esas heridas, es decir, las observan, las registran y las internalizan.

La visión de García de la poesía como un movimiento perpetuo del hombre en la nave del tiempo es una poderosa metáfora que encapsula su enfoque poético. En su concepción, la poesía es un espacio donde conviven todas las dimensiones materiales y espirituales de la vida: la voz, el abismo, los horóscopos, las piedras, el fuego, la noche, las auroras, los espejos, los azares y las locuras.

Esta línea final sugiere que ni la medicina ni la literatura pueden ofrecer alivio a la angustia y el dolor descritos. El médico simboliza la ciencia y la curación física, mientras que el novelista representa el arte y la curación emocional. La falta de consuelo de ambas figuras indica la profundidad del sufrimiento que enfrenta el poeta.

El viaje de la isla nostálgica
Lloramos un silencio.
Hay una angustia que perturba el sistema gravitatorio
de lo soñado.
No hay consuelo del médico
y el novelista. (p. 37)

«Creación», último poema del libro se refiere a la creación del poema que en sí mismo encierra el concepto de cierta forma de esquizofrenia. Desde ahí, se alude a esa correspondencia recíproca: vida-muerte, donde la vida es un tigre como el texto que puede ser agua o fuego y la muerte es como cuando el mundo duerme:

¿Quién dijo que escribir el poema es tan fácil
como acariciar la esquizofrenia del viento?
Muchas veces, el texto te llega como un diminuto barrio
condenado a arder. (p. 85)

«Todas las naves al silencio» es un excelente libro que invita a leer una poesía vital, creativa, entre el tiempo y la existencia, donde afloran versos luminosos.

Los Frailes I, S.D.E.
4 de febrero, 2025

Sobre el autor

Denis Mota Álvarez

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