Mujeres florero, locas por la apariencia

Mujeres florero, locas por la apariencia
La frase mujer florero es un tópico que se suele emplear con las mujeres que no realizan ninguna labor profesional o fuera de casa, que sólo viven para aparentar y agradar a los hombres y que su vida gira en torno a sí mismas y su disfrute personal.
Preocupadas únicamente por su propia persona, estas mujeres suelen tener características comunes, como es el egoísmo, la excentricidad, la banalidad y la voluptuosidad. Sin embargo, en la actualidad, es difícil encontrar una mujer de este tipo.
Este tópico no deja de conllevar cierto machismo porque es fácil generalizar y emplearlo con ligereza, pudiendo llegar a convertirse en un dardo de cómodo manejo. Antiguamente, el contenido de esta frase estaba cargado de una serie de conceptos basados en la presunta laxitud de las mujeres que, viviendo en un ambiente burgués, los maridos no veían con buenos ojos que sus esposas salieran de casa para trabajar sino que sus ocupaciones fueran la de ser agradable en sus maneras, buena madre y, por supuesto, estar siempre arregladas para deleite de los ojos del marido.
Entre las mujeres que vivían bajo estas condiciones, había de todo y esto lo sabe la historia, porque muchas de ellas, aprovechando su situación, desarrollaron sus inquietudes intelectuales o artísticas y llegaron a convertirse en célebres personajes, aunque la mayoría tuviera que utilizar un nombre masculino o el de su esposo para poder dar a conocer su obra. Quizás de muchas de ellas no se ha sabido su existencia, y sin embargo, han podido colmar sus inquietudes en la más absoluta indiferencia del mundo.
Un término típicamente masculino
Mujer florero es un término típicamente masculino, conlleva connotaciones de inutilidad, banalidad, ineptitud y, sobre todo, de coquetería sin límites. Literalmente se la asocia con un jarrón con flores que permanece en un lugar de la casa para dar color y alegrar el ojo de los inquilinos. Pero, realmente es difícil para cualquier ser humano, sea hombre o mujer poder realmente personificar esta figura. Es realmente complicado no llegar a sentir los problemas de los que se tienen cerca, es también difícil no tener curiosidad por nada o no sentir un mínimo interés por alguna cuestión de la vida. Mujer florero es un arquetipo extraño, una especie rara.
Para ser mujer florero hay que tener no sólo una serie de condiciones económicas y sociales que lo permitan, sino también un entorno de personas que sean similares en cuanto a inquietudes y deseos vacuos, puesto que un ser humano, aunque quiera ser florero y vivir impertérrito a la vida, mantiene relaciones con personas, lo que conlleva un intercambio de sentimientos y conocimientos, discretos o vastos, que nos hacen vibrar, enfadar, molestar o amar.
Admitiendo que existiera la mujer florero, hablamos de un ser digno de antipatía y rechazo. Pero, la mayor de las desgracias es para esa misma persona que verá con el paso de los años que las flores de su jarrón se marchitan y, a pesar de las posibilidades que ofrece el mundo de la cosmética y la cirugía, llega un momento que la decadencia física se hace imparable. Será entonces el único momento en que cultivará su primer sentimiento, el de la lástima de sí misma.
Pero este sentimiento, por ser lo único que la ha hecho sentir, será muy desgraciado. Nunca antes esa mujer había sentido tan profundamente un dolor, una pena tan inconmensurable. Lo peor de todo es que los años no se pueden eliminar con ninguna cantidad de dinero ni con la más acogedora de las situaciones sociales, ni el mayor bienestar. Es un mal que, aunque, ella no lo crea, afecta a todos por igual.
Obsesión por la belleza
La mujer florero intentará a toda costa fingir una juventud que ya no tiene y la llevará a realizar actos grotescos, tratará a toda costa que sus pétalos, antes tiernos y vistosos, aparenten la misma lozanía. Para ello se vestirá con ropa que no será la adecuada a su edad y empleará aceites y ungüentos en exceso para ocultar los perjuicios del tiempo en su cuerpo.
Y es que no hay nada más ingrato que tener por única preocupación la belleza, ya que esta actitud genera la incomunicación con los demás, puesto que la sobrestimación basada únicamente en el físico, no ofrece nada al resto, más que una imagen fría y lejana del comportamiento humano. A pesar de que lo bello siempre agrada, si no va asociado a un espíritu deja de tener valor y termina convirtiéndose en un jarrón con unas flores que se marchitan. EFE/Reportajes