No importa cómo se cubra el déficit
La propuesta de Dauhajre y sus implicaciones
Las cuentas públicas, como la vida, no admiten atajos: tarde o temprano, la verdad del balance de las finanzas del Estado vuelve a pedirnos orden y responsabilidad.

¡Es o no estructural el déficit fiscal del país?
El economista Andy Dauhajre ha propuesto usar parte de los depósitos del Gobierno en el Banco Central y en la banca comercial, para cubrir una porción del déficit fiscal de 3.2 % consignado en el Presupuesto de 2026, en lugar de financiarlo completamente con endeudamiento.
Su planteamiento se apoya en el incremento registrado en esos depósitos, que a noviembre pasado ascendían a RD$105,260 millones en el Banco Central y RD$213,205 millones en el Banco de Reservas, para un total de RD$318,465 millones, “más de ocho veces los depósitos heredados en agosto de 2020”.
Obviamente, debe tomarse en cuenta las desviaciones que pueda causar la comparación con un año pandémico y verse el peso relativo de los depósitos en el presupuesto.
La propuesta podría ser viable e incluso beneficiosa, pues su utilización tendría un menor costo financiero y permitiría aprovechar recursos hoy ociosos.
Sin embargo, su éxito depende de que se cumplan ciertas condiciones, algo que —por sus competencias— Dauhajre conoce muy bien.
Lo primero sería determinar si el déficit fiscal del país es o no estructural. Aunque llevamos varios años con déficits en torno al 3 % del PIB, entendemos que no lo es y que todavía el país cuenta con espacio para una corrección fiscal.
Asimismo, debe garantizarse que el uso de esos depósitos no provoque riesgos de liquidez o problemas de caja para el Gobierno, ni afecte significativamente el financiamiento del sistema bancario –en momentos en que la inversión pública es baja y el crecimiento ha perdido impulso- ni la conducción de la política monetaria. Tampoco esta opción debe verse como una fuente permanente de financiamiento del déficit. Esto último es clave: si el uso de depósitos no se ejecuta dentro de un plan –bien diseñado y meticulosamente ejecutado- que reconozca sus límites, podría crearse la falsa percepción de que cubrir el déficit con menos deuda mejora automáticamente la posición fiscal, cuando en realidad solo se habría producido un movimiento de caja sin modificar la situación fiscal subyacente.
Además, debe aplicarse con reglas claras, transparencia y coordinación con el Banco Central, recordando que los depósitos son “ahorros” o saldos de caja: una vez se agotan, el déficit permanece.
Ya lo advertía David Ricardo: no importa si el Gobierno se endeuda, aumenta impuestos, recorta gastos o usa dinero disponible en caja; lo esencial es comprender que, al final, el costo recae sobre los contribuyentes. Porque las cuentas públicas, como la vida, no admiten atajos: tarde o temprano, la verdad del balance vuelve a pedirnos orden y responsabilidad.