Goldman Sachs Energy, Clean Tech & Utilities
RD y los nuevos vientos que soplan desde Venezuela
Los intereses estadounidenses que están detrás del petróleo venezolano se mueven de manera muy rápida

La producción petrolera de Venezuela ha bajado de un promedio diario de 2,8 millones de barriles en 2008-2013 a 921.000 en 2024.
Venezuela cuenta con la más grande mina de oro negro del mundo, con reservas probadas de más de 303,000 millones de barriles de petróleo, pero como resultado de ineficientes manejos internos y de sanciones impuestas desde el exterior, principalmente por parte del gobierno de Estados Unidos, su producción se ha reducido de 3,000 barriles por día a menos de 1,000 barriles.
Ahora, el presidente Donald Trump ha declarado sin rodeos, que administrará, tras la captura de Nicolás Maduro, la transición política en el país suramericano y que, entre sus principales objetivos, está el de que los intereses de Estados Unidos predominen en la explotación del petróleo venezolano.
Como para borrar la más mínima duda que pudiera haber en torno a los declarados propósitos del Presidente, la Casa Blanca acaba de colgar en las redes una caricatura en que Trump aparece con un garrote en la mano, vestido de traje azul y corbata roja, con el mensaje: “El hemisferio occidental es nuestro”.
Todo parece indicar que no hay nada que pueda detenerlo, por el desplome del multilateralismo y porque China presionará en defensa de sus intereses en Venezuela, y lo mismo a de esperarse de Rusia. Pero ni una ni la otra arriesgará sus cartas porque en Venezuela no están sus líneas rojas. Y pareciera que Trump está abierto a una salida negociada, pues ha afirmado que con el control de Venezuela, Estados Unidos entrará en el negocio del petróleo venezolano y lo venderá a otros países, incluidos China y otros mercados internacionales. Esto equivale a decir que EE. UU. no impediría que China reciba petróleo venezolano, sino que convertiría su comercialización en una operación oficial bajo control estadounidense.
Ante la nueva realidad que emerge en Venezuela, los intereses estadounidenses que están detrás del petróleo venezolano se mueven de manera muy rápida: el secretario de Energía de EE. UU., Chris Wright, asistirá esta semana a la Goldman Sachs Energy, Clean Tech & Utilities Conference en Miami, organizada por Goldman Sachs, para intercambiar con empresas del sector petrolero sobre posibles inversiones en Venezuela. Se espera que Wright discuta con ellos la reactivación del sector energético venezolano, tras la captura de Nicolás Maduro.
Y así como Estados Unidos tiene sus intereses y los defiende, también los tiene la República Dominicana, que se colocaría en una posición más ventajosa y segura desde el punto de vista energético si, en adición al empuje de su aliado Guyana, la situación de la industria petrolera venezolana cambia de un bajo aprovechamiento a uno óptimo, con muchas inversiones para modernizar la extracción de crudo y la eliminación de las sanciones.
Con nuevas inversiones y un marco estable, la producción de crudo venezolano podría acercarse a niveles de 2 millones de barriles por día en pocos años, lo que aumentaría ingresos y comercio regional. Eso significa más petróleo disponible para mercados regionales y globales, y eso traería estabilidad energética en América Latina y el Caribe y, particularmente, para la República Dominicana. lo que podría aprovechar esa oportunidad, sin renunciar a sus valores democráticos