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Estados Unidos

Venezuela es sólo una pieza en el tablero energético

En los planes de Trump el petróleo es un medio. Detrás está el uso de la energía como herramienta diplomática y económica

Proyecto argentino Vaca Muerta, está ranqueado como segundo mundial en rentabilidad.

Proyecto argentino Vaca Muerta, está ranqueado como segundo mundial en rentabilidad.

Mario Mendez
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La tromba Trump por el control del petróleo venezolano está surtiendo sus efectos a la velocidad del rayo. A pocas horas de la detención de Nicolás Maduro, ya hay el compromiso, confirmado por la petrolera venezolana Pedevesa, de vender a Estados Unidos el petróleo atascado en Venezuela, resultado de la presión que ejerce el cerco estadounidense. Y hay más: Trump se reúne este viernes, en la Casa Blanca, con altos ejecutivos del sector petrolero para abordar los planes de Washington sobre la industria energética de Venezuela.

Pero Venezuela es solo una pieza el tablero al que Trump juega para convertir a Estados Unidos en el actor que ejerza el predominio del mercado energético mundial. Documentos oficiales y declaraciones recientes, han puesto al desnudo que la administración Trump ha convertido la dominación energética en una pieza clave de su Seguridad Nacional, con especial atención a recursos petroleros en el hemisferio occidental.

En un hecho muy reciente para olvidarlo, en su regreso al Gobierno, Trump puso la energía como eje central de su política económica y de seguridad nacional.

Consecuentemente, creó formalmente el National Energy Dominance Council para diseñar y coordinar políticas que posicionen a Estados Unidos como líder global en producción y exportación de energía.

Y para no dejar duda alguna sobre el alcance de su propósito, ha cambiado deliberadamente el término de “independencia energética” por “dominancia energética”, para que quede clara la idea de que no es solo que EE. UU. no dependa de otros, sino que influya en el mercado global y en la geopolítica con sus recursos energéticos.

El objetivo declarado es el asegurar precios más bajos para familias y empresas estadounidenses y de fortalecer la seguridad económica frente a rivales estratégicos.

Todo esto implica que aunque en su plan, la mira de Trump ha estado Venezuela, llega más lejos: incluye a otros países de la región: Brasil, Argentina (Vaca Muerta), Guyana México y Ecuador también forman parte del “tablero” energético de América Latina debido a su producción de petróleo y gas, inversiones en energía y relaciones comerciales con EE. UU. y otras potencias. Y no escapa Canadá, país del hemisferio del que Trump ha dicho que debe convertirse en el Estado 51 de federación.

Particularmente, aunque no hace tanto ruido como Venezuela, Vaca Muerta reviste un interés especial. Se proyecta que para 2030, Argentina alcanzará picos de producción que permitirán exportar 750.000 barriles de petróleo por día o incluso más. Eso generará 20.000 millones de dólares anuales en exportaciones de crudo para fines de la década.

Pero en los planes de Trump el petróleo es un medio, no el fin. Detrás de él está el uso de la energía como herramienta diplomática y económica: suministrar energía a aliados para reducir su dependencia de rivales como Rusia e intentar integrar recursos de países con grandes reservas (como Venezuela. bajo esquemas de control o alianza.

En otras palabras, la ambición va más allá de reducir los precios de la energía: se trata de que Estados Unidos tenga un peso superior al de cualquier otro país o región en el mercado energético global, bajo la premisa de que quien controla el flujo de la energía también concita la obediencia.

Sobre el autor
Mario Mendez

Mario Mendez

Licenciado en Economía, del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), con más de 40 años de ejercicio en el periódico HOY.

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