Guardianes de la verdad Areíto
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Cabe pensar que, después de varias décadas analizando exposiciones de artistas dominicanos, magistrales y emergentes, modernos y contemporáneos, lo hemos visto todo. No obstante, las revelaciones continúan…. Así sucede con las muestras individuales de Edwin Saladín y Lucía Marte, que a la vez comparten un piso y ocupan espacios propios distantes. ¡Se propone un experimento en el contexto expositivo!

Además, podríamos agregar a un tercer artista. Se trata de quien realizó la museografía, el experto Salvador Bergés. Aquí, no solamente se hizo un montaje de las obras, sino que hubo una verdadera ambientación que acentuó su relevancia, las destaca y singulariza la presentación.

Preferimos el término de ambientación al de escenografía que, en exposiciones, a menudo busca el lucimiento de su autor. Aquí, Salvador Bergés busca y encuentra la mejor solución para que los talentos de creadores y categorías visuales tan diferentes se aprecien en sus respectivas personalidades.

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Edwin Saladín

Conocido profesional de la arquitectura, Edwin Saladín presenta su primera exposición individual de artista plástico. Desde que sus obras llegaron, fue un acontecimiento, y no porque eran cuadros sobre papel, así es casi siempre el dibujo, definido como categoría.

Sucedió que el futuro expositor propuso cientos de obras, y que no se parecían a “ningunas”.

De esta originalidad forma parte la corriente que, según el autor, define su producción como arte sideral.
Ese calificado o cualificación, para nosotros un descubrimiento, le aproxima a los astros, a las estrellas según la etimología. Ahora bien, lo comprendemos en un sentido figurado como un arte sin límites. Así mismo, vemos las obras de Edwin Saladín, distantes de cualquier propuesta habitual.

Eran tantas que obviamente la curaduría se convirtió en una extensa labor, no a causa de su nivel, sino por el espacio disponible. Aquí, el arte es pasión e impulso. Hay una especie de “horror vacui” u “horror del vacío”, la necesidad de llenar completamente el lienzo o el papel, y, al parecer, ha existido siempre…

Edwin Saladín, usando todas clases de materiales, en blanco y negro o irrumpiendo los colores, obliga el papel a recibir una “vitalidad” imparable. No pretende detenerse: son las orillas de la hoja y la superficie -generalmente tradicional- que imponen cuando dejar lápiz, carboncillo, tinta o pincel… Sin embargo, al asombro inevitable sigue el encanto.

Si indagamos una escuela o un movimiento, este profanador de las láminas blancas es un auténtico surrealista, pero muy especial. ¡En vez de apropiarse de objetos y sujetes reales, combina, multiplica, superpone, contrapone, inventa al fin, la figuración volviéndose abstracción cuando lo decida! El arquitecto no deja de asomarse en una repentina topografía, pero sus mundos suelen abolir el mundo nuestro, proponiendo conjuntos misteriosos y embriagadores.

La museografía refinada de Salvador Bergés, con aquel montaje insólito en equilibrio sobre alambres, ha logrado preservar la magia de Edwin Saladín: los marcos serían aquí un sacrilegio.

Lucía Marte

Lucía Marte presenta la segunda exposición. Educadora de vocación, sus proyectos y realizaciones siempre tienen el fin de mejorar la vida en la República Dominicana, pero con un mensaje universal. Su última y primera exposición, también en Bellas Artes, había proclamado la necesidad de preservar el campo, la entrega de su gente, la generosidad de sus cultivos y frutos.

Su convicción ecológica aun la lleva a trabajar con productos naturales, virtuosa del “papier maché” y enemiga de los sustitutos plásticos. Ahora, se compromete con los “habitantes de las aguas”, dulces y saladas. La muestra, que le pidió años de labor, sorprende, enseña y encanta: jamás se había creado algo similar.

Nuevamente, expresa respeto y amor por las criaturas vivas, plantas y animales, esta vez posicionadas en el mar, el océano, el río, el lago, la cañada, agredidos por el hombre que anula recursos y supervivencia. ¡Lucía, concretamente, nos advierte con una muestra exquisita!

Ha confeccionado 125 piezas, todo un ecosistema en su biodiversidad, las de agua dulce siendo muy pocas… El papel maché sigue siendo su materia prima esencial, con muy contados elementos tomados directamente de la naturaleza.

¡Nos ha brindado un conjunto submarino! Peces varios, cangrejos, tortugas, caballito de mar, renacuajos, hasta un cocodrilo y una ballena, y muchas criaturas más, sin olvidar las aves hambrientas. Tampoco faltan huevos prometedores, arrecife de coral, algas benéficas. La exposición todavía dura varias semanas, tenemos un buen tiempo para las visitas.

¡Salvador Bergés, ahora Neptuno de la museografía, recrea el entorno, hasta pincela el paisaje y aplica su talento de pintor! Sin su aporte museográfico, el arte claudicaría… y los habitantes de las aguas tendrían sed.

Coda

Las exposiciones de Edwin Saladín y Lucía Marte permanecerán abiertas hasta finales de diciembre.

Sobre el autor

MARIANNE DE TOLENTINO

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