Escándalo
Conozca aquí el capricho de la mujer más rica del mundo
Un fotógrafo extravagante y manipulador, un mayordomo espía, una contable escandalizada y una hija implacable conformaron, junto a Liliane Bettencourt, los ejes de una historia real con miles de millones de euros en juego.

Isabelle Huppert es la piel de Liliane Bettencourt en la película La mujer más rica del mundo, dirigida por Thierry Klifa. Foto cedida por Caramel Films
La relación de la multimillonaria heredera de L’Oreal, Liliane Bettencourt, con el fotógrafo François Marie Barnier destapó un escándalo financiero que puso en jaque a la clase política francesa y derivó en una imputación a Nicolas Sarkozy en 2013 por “abuso de debilidad”. Una historia real con una trama tan cinematográfica que ahora protagoniza Isabelle Huppert en la película ‘La mujer más rica del mundo’.
La enorme fortuna de Liliane Bettencourt, heredera y accionista principal de L’Oreal, la principal compañía cosmética del mundo, desencadenó una serie de acontecimientos en su entorno que acabó en un escándalo social y político de enorme impacto mediático.
Un fotógrafo extravagante y manipulador, un mayordomo espía, una contable escandalizada y una hija implacable conformaron, junto a Liliane Bettencourt, los ejes de una historia real con miles de millones de euros en juego.
Como telón de fondo, la majestuosa mansión familiar en Neuilly, a las afueras de París, donde se desarrollaron diferentes intrigas y las conversaciones grabadas que sacaron a la luz los desórdenes que se producían y que acabaron definiéndose como “abuso de debilidad” hacia la magnate.

Isabelle Huppert y Laurent Lafitte, en 'La mujer más rica del mundo'. Foto cedida por Caramel Films
El origen de la fortuna Bettencourt
Liliane Bettencourt fue la única hija de Louise Madeleine Berthe y el químico y empresario Eugène Schueller, fundador de L’Oreal.
Visionario y magnífico en los negocios, Schueller comenzó a amasar su fortuna a partir de los tintes para el pelo y un uso innovador de las campañas de comunicación para la época. Su hija Liliane, que perdió a su madre siendo una niña, siempre declaró la adoración que sentía hacia su padre y, además de heredar su fortuna tras su muerte en 1957, heredó el talento para los negocios que supo multiplicar para conformar un gran imperio.
Liliane se casó en 1950 con André Bettencourt, periodista, empresario y político que fue ministro en los gobiernos de Pierre Mendès France y Charles de Gaulle. Así introdujo para siempre una relación estrecha de la familia con la política del país. Fruto de este matrimonio nació la única hija de los Bettencourt, Françoise, actual heredera del imperio familiar.
La relación de Liliane y André siempre se caracterizó, según la crónica social de la época, por ser cordial, pero hacían vida personal por separado. En su gran mansión de Neuilly no compartían dormitorio, y la vida afectiva de Liliane parecía ir en sentido inverso al crecimiento de sus negocios y patrimonio.
La sesión de fotos para Égoïste que cambió el rumbo de una familia

Isabelle Huppert se pone en la piel de Liliane Bettencourt en `La mujer más rica del mundo´. Foto cedida por Caramel Films
En 1987, una entrevista de la revista francesa Égoïste, acompañada de una sesión de fotos realizada por François-Marie Barnier, daría la vuelta al universo de Liliane Bettencourt y sería el inicio del gran escándalo que sacudiría a la familia.
El fotógrafo, un personaje estrafalario y adulador, fascinó a la magnate en la misma medida que escandalizó al personal de servicio de la mansión Bettencourt. De modales zafios y discurso desenfadado, supuso para Liliane un soplo de aire fresco dentro del ambiente estirado en el que siempre había vivido, y se lanzó al disfrute de la vida.
Así comenzó, junto al fotógrafo, una intensa vida social salpicada de viajes, incluidos a su mansión en la isla D’Arros, en el archipiélago de las Seychelles, que fue propiedad de la familia hasta 2012, cuando fue vendida a una entidad vinculada a una fundación.
La relación de Lilian con François-Marie Barnier no fue amorosa, ya que él era homosexual, pero fue muy intensa durante 20 años y tan importante para ella que le hizo enfrentarse a su propia hija.
La grabadora del mayordomo
La influencia de Barnier sobre Madame Bettencourt fue tan exagerada que cundió la alarma entre el personal de servicio de la mansión familiar. Una veintena de empleados se escandalizaban con los modales gruesos de Barnier, su continua presencia en la casa y las cantidades, cada vez más elevadas, de dinero que le entregaba en efectivo la contable Claire Thibout, a petición de Liliane. Pero no solo se trataba de dinero: fuentes judiciales declararon posteriormente que Barnier recibió de la magnate numerosas obras de arte de artistas como Picasso, Matisse, Mondrian o Man Ray, cheques y pólizas de seguros de vida que sumaban cifras cercanas a los 1000 millones de euros.
Fue entonces cuando Françoise Bettencourt-Meyers, la hija de la magnate, tras la muerte de su padre en 2007, decidió desenmascarar a Barnier por el abuso que, a su juicio, estaba cometiendo con su madre, que entonces ya tenía 85 años.
Por su parte, el mayordomo de la familia, Pascal Bonnefoy, escondió una grabadora en el carrito donde servía el té en el salón de la mansión. Allí era habitual que Liliane Bettencourt se reuniera con Patrice de Maistre, el gestor de su fortuna, y con otras personas de su entorno cercano. En estas grabaciones nunca aparecieron conversaciones con Barnier; al parecer, no era su lugar habitual de encuentro.
El mayordomo entregó a la hija de Liliane 21 horas de escuchas y ella a su vez entregó a la policía para desenmascarar a Barnier, que a esas alturas de la historia ya había pedido a su amiga multimillonaria que le adoptara como hijo y así convertirse en heredero legítimo.
Llegó el escándalo
Las escuchas llegaron a la policía, pero también se filtraron a la prensa francesa, y lo que encontraron sobrepasaba ampliamente el hecho de que Barnier se estuviera beneficiando económicamente de la generosidad de la anciana.
Se destapó una importante evasión de impuestos por cuentas de los Bettencourt en paraísos fiscales; una supuesta financiación ilegal a la campaña de 2007 para el partido de Nicolás Sarkozy —finalmente ganó las elecciones— y un supuesto tráfico de influencias por parte de Eric Woerth, ministro y tesorero de Sarkozy. A estas escuchas se unió el testimonio de la contable de Liliane, Claire Thibout, que contó a la prensa la entrega sistemática de sobres con efectivo en la mansión de los Bettencourt. Se desató así uno de los mayores escándalos de la historia reciente de Francia y un auténtico hito en la desconfianza de la población hacia la clase política.
La posterior investigación judicial imputó, entre otros, al fotógrafo François-Marie Barnier, al gestor de Liliane, Patrice de Maistre, a Eric Woerth, que tuvo que dejar su cargo como ministro, y a Nicolás Sarkozy en 2013, una vez fuera del Elíseo, cuando dejó de disfrutar de la inmunidad por su cargo.
Finalmente, en 2015 se dictó sentencia en el juzgado de Burdeos, por la que François-Marie Barnier y Patrice de Maistre fueron condenados por abuso de debilidad hacia la anciana multimillonaria, mientras que el exministro Eric Woerth fue absuelto por falta de pruebas, y el expresidente Nicolás Sarkozy ni siquiera llegó a juicio, ya que, una vez imputado en 2013, la justicia francesa desestimó los cargos en su contra porque consideraron que no había pruebas suficientes.
A la salida del juzgado, Françoise Bettencourt-Meyers, acompañada por sus hijos, declaró a la prensa: “El Tribunal de Burdeos ha dictado sentencia. Mis primeros pensamientos, por supuesto, son para mi madre, su honor y su dignidad. Pero no me corresponde a mi comentar la decisión de la justicia”.
Liliane Bettencourt falleció dos años después, a los 94 años, como consecuencia de un importante deterioro cognitivo debido a la enfermedad de Alzheimer.
Ahora la gran actriz Isabelle Huppert es la piel de Liliane Bettencourt en la película ‘La mujer más rica del mundo’, dirigida por Thierry Klifa.
La película tuvo su premiere mundial en el Festival de cine de Cannes de este año. De manera ficcionada y con interpretación libre basada en la propia historia de la familia Bettencourt dará cuenta de una historia que hizo temblar los cimientos de la sociedad francesa.