John Kerry: el ambicioso

John Kerry: el ambicioso
WASHINGTON (AFP).- A John Forbes Kerry le llevó más de 60 años presentarse a la primera magistratura de Estados Unidos, pero sus ojos, primero de adolescente estudioso y luego de joven ambicioso, apuntaron a la Casa Blanca desde la llegada a la presidencia de su ídolo, John F. Kennedy.
La infancia del candidato demócrata y senador de Massachusetts, nacido el 11 de diciembre de 1943 en una familia acomodada, fue nómada y europea.
Su madre, Rosemary Forbes, descendiente del primer gobernador de Massachusetts John Winthrop y de la también aristocrática familia de los Forbes, y su padre Richard Kerry, un futuro diplomático diplomado en Yale, se conocieron en Francia en 1937.
Fue allí, en la casa familiar de Saint Briac en Bretagne, destruida durante la guerra y luego reconstruida por los Forbes, que John Kerry pasó muchos veranos con sus primos franceses.
Pero su infancia fue solitaria y sin raíces, entre años de internados en Suiza, las mudanzas familiares por el trabajo de su padre, de Boston a Washington, de Berlin a Oslo, y luego los exclusivos internados de la costa este de Estados Unidos.
«Todo el tiempo me estaba despidiendo (de todo el mundo), eso lo endurece a uno», contó para explicar su reserva y su pudor.
Estudioso, curioso respecto al mundo, marcado por las imágenes de la Guerra Fría en Berlín, donde su padre fue diplomático, se interesó muy joven en la política y tomó como modelo a un joven senador demócrata, con quien comparte las iniciales, el luego presidente John F. Kennedy.
Cuando Kennedy fue elegido en la Casa Blanca en 1960, John Kerry -católico como él- adoptó también las tres iniciales emblemáticas. «Su elección fue un catalizador, encontró un eco en todos nosotros», reconoce.
En 1962, como estudiante en Yale, frecuentó a la media hermana de Jackie Kennedy, lo que le permitió ser invitado a la residencia familiar y conocer personalmente a su ídolo.
En la universidad de Yale, donde se graduó en 1966, se hizo conocer como un orador sin par, dirigió un club político, integró la sociedad secreta «Skull and Bones» (Cráneos y huesos), en la que algunos años después participó también George W. Bush, y mostró ya ambiciones presidenciales.
Pero un elemento fundamental que forjó su personalidad fue la guerra de Vietnam, donde en cuatro meses de servicio obtuvo una cruz de bronce, una cruz de plata y tres corazones púrpura. Sin embargo, de allí volvió con la convicción de que era una guerra equivocada.
Su experiencia en Vietnam, destacada durante su campaña electoral -en la que aparece con frecuencia rodeado de un grupo de ex camaradas de armas, incluido uno a quien le salvó la vida en los arrozales vietnamitas- forjó su personalidad y sus convicciones.
Volvió al país decidido a luchar contra esta «guerra sucia». Su oposición a la guerra llegó a tal punto que organizó una gigantesca manifestación en 1971 frente al Congreso. La hazaña le valió ingresar en la «lista de enemigos personales» del presidente republicano Richard Nixon.
El 22 de abril de 1971, el joven de 27 años declaró ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado. Vistiendo uniforme y el pecho cubierto de medallas, este deportista de 1,90 m de altura, impresionó denunciando ante las cámaras de televisión la política estadounidense en el sudeste de Asia, a la que calificó de «terrible error».
«¿Cómo pueden pedir a un hombre que sea el último en morir en Vietnam? ¿Cómo pueden pedir a un hombre que sea el último en morir por error?», exclamó.
Se hizo famoso de la noche a la mañana, pero algunos de sus ex compañeros de armas no le perdonarán nunca lo que consideraron una traición y volvieron a acosarlo 30 años más tarde.