Oficialía expresa el desorden

Oficialía expresa el desorden
POR GERMAN MARTE
En la sede de la Segunda Oficialía de Estado Civil del Distrito Nacional se puede ver de todo, menos orden y eficiencia, desde un primer teniente de la Policía Nacional que hace las veces de pregonero, una persona que ha dado 22 viajes en busca de un acta de nacimiento, filas de dos y tres horas, una veintena de buscones que se quejan porque se les prohíbe trabajar, hasta fétidas aguas negras que a fuerza de permanecer allí ya nadie les hace caso.
Alojada en una vieja casona de Gascue, a menos de 500 metros del Palacio Nacional, en la calle Galván entre la Francia y la México, esta oficialía tiene la «magia» de hacer que de allí casi nadie salga con buena cara, tanto por lo caro del servicio, como por la lentitud del proceso. Aquí el tiempo mínimo para la entrega de un documento son tres días, pero abundan los casos en que hay que esperar tres semanas y hasta tres meses sin que se logre obtenerlo.
Personas consultadas por este diario dijeron que esa oficina pública, dependiente de la Junta Central Electoral, funciona más como un «mercado de pulgas» que como una entidad oficial. Allí según varios denunciantes- «macutea» casi todo el mundo y si algún escribiente comete un error, es quien solicita el acta quien debe pagar y no el empleado que se equivocó al escribir un dato.
En el lugar llueven las maldiciones, las denuncias y las quejas por la lentitud del proceso que -según los quejosos- es «peor que en todas partes». Y contrario a otros casos en que la gente rehuye dar la cara, en esta ocasión, la indignación parece ser tan generalizada que todo el mundo quiere denunciar su caso, por rabia, indignación o quizás para matar el tiempo mientras hace una fila de dos o tres horas, en algunos casos hasta por quinta vez.
Mientras la gente se queja dentro del recinto, afuera los buscones ofrecen un servicio «express» por RD$500, esto es más de seis veces el valor de un acta de nacimiento que cuesta RD$80. Y a pesar de lo exagerada de la oferta, no faltan quienes prefieran utilizar sus servicios para ahorrarse la perdida de tiempo en las filas.
VIAJES Y MAS VIAJES
En diciembre del año pasado Alfonso Javier, un ayudante de camión, tuvo que dar cuatro viajes en busca de un acta de nacimiento de su hija, y decidió no volver hasta ayer. Empero, le informaron que tiene que solicitar nuevamente el documento y pagar otra vez los RD$80 que cuesta el acta, porque la otra solicitud «ya se venció».
Sin embargo, para él lo peor no es tener que pagar de nuevo, sino que otra vez deberá que pedir nuevos permisos en su trabajo y por lo tanto perderá varios salarios, para venir aquí a buscar un documento que nadie sabe cuando le será entregado.
Acostumbrado a hacer trabajos duros como ayudante de camión, Javier se siente impotente ante la ineficiencia del servicio, y lo único que atina a decir es «esta vaina no sirve», mientras, frustrado, se marcha a su casa.
Angel Báez ha tenido que dar seis viajes en busca de un acta de nacimiento que necesita su hija para la escuela, en cada viaje, explica, gasta RD$120. Es decir que ha gastado RD$720 en busca de un documento que oficialmente cuesta RD$80. Pero debe insistir porque en la escuela a su hija Angelina Báez no la inscriben hasta que no lleve el documento, «ella está perdiendo clase. Esto es demasiado lento, están cobrando mucho dinero y están trabajando demasiado lento».
«Esto es un relajo, lo que hay es una vagabundería. Yo estoy desde el lunes (pasado) detrás de un acta de nacimiento, me dicen que venga el lunes (ayer) temprano, y ahora me dicen que venga mañana en la tarde, eso es un relajo, yo he dado tres viajes. El gobierno debe hacerse eco de esta sinvergüencería que hay», expresó Rafael Andujar.
22 VIAJES Y NADA
Un caso emblemático de la ineficiencia en la Segunda Oficialía lo constituye el caso de Seferino Matías, del batey Bienvenido de Manoguayabo, quien afirma que ha dado 22 viajes en busca de un acta de nacimiento por la que debe pagar RD$180. En cada viaje a esta oficialía Matías gasta RD$72.
«Veintidós viajes y no me la han dado, y no se sabe cuántos faltan todavía. Te dicen ahora mismo ven por la tarde, en la tarde te dicen no es para mañana y te ponen viajes y viajes y viajes», expresa indignado este hombre ya viejo que trabaja para una oficina de abogados.
Explica que en otras ocasiones ha tenido que dar varios viajes a esta oficialía, pero en este caso, asegura, es el colmo.
Otras actas, asegura el veterano Matías le han dado brega, «pero no tanto así, porque yo saqué una que di como once o doce viajes».
TRES MESES TRAS UNA TRISTE ACTA
Desde el 28 de junio de este año, doña Cristina Abreu, de Cancino II está dando viajes en busca de un acta de nacimiento de un hijo y todavía no ha logrado su objetivo.
«Desde junio estoy yo dando viajes con este niño (su nieto) gastando RD$48 de pasajes todas las semanas y me dicen que vuelva tal día a buscarla: venga el viernes, venga el sábado, venga el lunes, tres meses», indica con indignación.
Su marido murió hace unos meses y le dejó como única herencia «un rancho» por eso ahora ella necesita el acta de nacimiento de un hijo que ahora vive en el extranjero, por eso reacciona disgustada cada vez que el teniente le dice que vuelva otro día a buscar el documento que en su caso es imprescindible para una determinación de herederos.
«Ese papel me tiene a mí paralizada, ya mi esposo tiene un año de muerto y no consigo el acta», expresa Abreu.
Y mientras las quejas de esta señora y de otros usuarios del servicio se multiplican, desde la escalera que está en la parte trasera de la vieja casa hoy convertida en sede de la Segunda Oficialía Civil un segundo teniente sigue voceando los nombres de las personas que han depositado sus comprobantes de pago para buscar sus actas.
De su boca salen con frecuencia frases como «vuelva por la tarde», «no está lista, venga el miércoles», «para el viernes», «está vencido», «vuelva mañana» y un largo etcétera que en la mayoría de los casos genera disgusto entre los ciudadanos que van a este lugar a buscar un documento por el cual pagan, y que sin embargo, reciben un trato peor que si les estuvieran regalando algo.