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Denuncia

Preocupación y alarma por la reaparición del color verde olivo en las aguas de la presa de Hatillo

Aunque el Gobierno central y las instituciones responsables de velar por la preservación del medio ambiente y los recursos naturales sostienen que el problema en la presa de Hatillo se debe a la floración de algas dentro del embalse, muchos ciudadanos atribuyen estos cambios a la contaminación ambiental en la zona, donde operan varias minas de extracción de oro y otros minerales.

El color del agua tiene preocupada a la población.

El color del agua tiene preocupada a la población.

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Quitasueño, Cotuí. La reaparición del color verde olivo en las aguas de la presa de Hatillo ha vuelto a preocupar a diversos sectores locales y regionales, que reclaman explicaciones creíbles y convincentes sobre las causas que originan este problema medioambiental en el lago de aguas dulces más grande de la República Dominicana.

Fue a principios del mes de diciembre del pasado año 2025 cuando el cambio de coloración de las aguas, de cristalinas a verde olivo, en el gigantesco embalse, llenó de preocupación tanto a los residentes de Sánchez Ramírez como a las poblaciones vecinas, como San Francisco de Macorís, Pimentel, Hostos, Castillo, Villa Riva, Arenoso, Nagua, y otras demarcaciones de la región nordeste bañadas por el río Yuna, principal fuente acuífera que abastece el lago de Hatillo.

Aunque el gobierno central y las instituciones responsables de velar por la preservación del medio ambiente y los recursos naturales sostienen que el problema en la presa de Hatillo se debe a la floración de algas dentro del embalse, muchos ciudadanos atribuyen estos cambios a la contaminación ambiental en la zona, donde operan varias minas de extracción de oro y otros minerales.

A lo largo del trayecto del río Yuna desembocan varios arroyos que, desde el inicio de las operaciones mineras en Bonao, Maimón y Cotuí, en el pasado reciente, vertían aguas supuestamente contaminadas a los ríos debido a la falta de controles, sobre todo cuando operaba, manejada por el estado, la Rosario Dominicana en Pueblo Viejo, Cotuí. Aunque actualmente la Falcombrig Dominicana no está operando, sus instalaciones a cielo abierto siguen allí, y cuando llueve, los sedimentos son arrastrados hacia los ríos y arroyos cercanos. Además, no se ofrece información periódica sobre el funcionamiento de los mecanismos de aplicación y vigilancia en torno a este yacimiento, que durante muchos años generó conflictos ambientales y laborales en Bonao.

Cerro Maimón y Barrick Pueblo Viejo actualmente poseen minas extractoras de oro y otros metales.

Tanto el gobierno como las mineras que explotan yacimientos de hierro y oro en la zona aseguran que se aplican normas, controles y protocolos para reducir y evitar el impacto de la contaminación ambiental en los alrededores de sus operaciones. Además, aseguran que el nivel de las aguas vertidas en los arroyos que desembocan en el Yuna es tratado adecuadamente y monitoreado científicamente, siguiendo protocolos internacionales de alta rigurosidad y credibilidad.

A raíz del resurgimiento del cambio de color en las aguas de la Presa de Hatillo, ciudadanos preocupados por el futuro de las aguas que garantizan la vida de los seres humanos, animales, vegetación y biodiversidad en las poblaciones impactadas por las operaciones mineras, plantean que los programas de monitoreo acuático en las minas se amplíen con la participación de sectores representativos de la sociedad civil, con el fin de llevar tranquilidad a las comunidades que históricamente han sido afectadas por las operaciones mineras en esta zona de la República Dominicana.

Sobre el autor

Ramón Antonio Salcedo

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