Los pecados sexuales
Atacar la homosexualidad y el lesbianismo es combatir dos de los tantos pecados que algunas personas ejecutan en la práctica de la sexualidad.
Dios destruyó en el libro de Génesis a Sodoma y a Gomorra por la relación de los hombres con hombres y las mujeres con mujeres, pero hay otras tantas desviaciones sexuales que el Señor, de igual modo, también condenó, hasta con la muerte.
En Génesis treinta y ocho Jehová mató a Onam por verter el semen en tierra cada vez que tenía relación con Tamar.
Hacía esto para evitar levantar descendencia a su hermano muerto.
En la sociedad moderna se hace peor, pues se tiene sexo por placer y, luego, se asesina en aborto a la criatura.
En la Ley Moisés prohibió la copulación con animales o bestias.
Pero algo común en nuestro mundo hoy son los pecados del adulterio y el de la fornicación.
Nadie muestra rubor alguno al ver y escuchar de la relación indebida entre un hombre y una mujer estando comprometidos con otro.
La Biblia es tan fuerte con esta práctica que el mismo Jesús dijo que la mujer u hombre que comete adulterio, la pareja puede separarse sin recibir la sanción divina.
Lo mismo pasa con el sexo sin estar debidamente casado.
También son pecados el voyerismo, el fetichismo y la pornografía.
Dios también prohibió ver a un cuerpo desnudo a menos que no sea el de la pareja debidamente casada.
Todas estas son faltas que nadie puede considerar una con más rango de gravedad con relación a las otras. Ante Dios son males dignos de condenación.
A Jesús los religiosos le llevaron una adúltera para oír su sentencia.
“El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”, fue su respuesta.