San Isidro
28 de abril de 1965
Una bien hilvanada trama cívico- militar convocó al pueblo a conquistar la libertad y el derecho a construir un país donde el respeto a la persona fuera una religión.

Guerra de Abril
Una bien hilvanada trama cívico- militar convocó al pueblo a conquistar la libertad y el derecho a construir un país donde el respeto a la persona fuera una religión. La masa salió a buscar armas, perseguía sus sueños: Libertad, Democracia, Respeto a la Constitución y las leyes. Eran los reclamos fundamentales.
De frente, los militares participantes en el golpe de Estado del 25 de setiembre de 1963, confiados en que su reinado de fuerza aterrorizaría al pueblo y ante el ruido de los tanques de guerra huiríamos.
Pues, les tomamos los tanques, derrotamos sus tropas, los hicimos regresar a la desbandada a su base y allí cometieron la deleznable acción de llamar tropas extranjeras a que pisotearan la soberanía nacional.
La verdad es que sí hubo batalla en el puente Duarte y los militares de San Isidro regresaron a su base a la desbandada, derrotados; buscaron el respaldo de la fábrica de golpes de Estado: Estados Unidos de Norteamérica. Nuevamente el gobierno norteamericano se hizo pupú fuera del cajón y se inclinó en favor de quienes actuaban como ejército de ocupación de su propio país
Se equivocaron al pensar que los constitucionalistas depondríamos las armas ante la presencia yanqui, nada más lejos de lo que ocurriría: el pueblo armado y los militares participantes hicimos buena la consigna: “Ni un paso atrás, ni para coger impulso”.
Primero, desembarcaron unos soldados dizque a “salvar vidas de ciudadanos norteamericanos”, que no peligraban; luego, sacaron del país a exmilitares culpables de graves crímenes de lesa humanidad: torturas a prisioneros, aprisionar y maltratar inocentes e impedir con acciones de fuerza el ejercicio de los derechos humanos.
Aquella tarde de abril de 1965 en el Comando Constitucionalista situado en la calle Pina a esquina Canela, seguíamos con toda la atención los movimientos de las tropas que comenzaban a ocupar el país. Algunos ilusos pensaron que los yanquis se iban a retirar luego de que sacaran hacia Puerto Rico a los ricos, militares golpistas y políticos desacreditados, que huían perseguidos por de sus propias culpas.
Suena el teléfono, se escucha una voz desgañitada que grita: ¡Losamericanos, losamericanos!
¿Los americanos qué?, le pregunto y me responde: “Están entrando por aquí ¿qué hago?”
“¡Tíreles, coño, tíreles!”
Era el Comandante Narmo W. Saldaña, de los alrededores de la calle Leopoldo Navarro
El coronel Caamaño preguntó: ¿A quién ordenaste que le dispararan? A unos invasores.
Y emitió un comunicado reiterando la orden.
Después, soportamos bombardeos, su intervención en combates en el norte de Santo Domingo, con las reagrupadas tropas de San Isidro, hasta el 15 y 16 de junio que nos bombardearon inmisericordemente. Al final, ante nuestra resistencia y valor tuvieron que negociar. Esa es la historia: no pudieron, no nos rendimos