A PLENO PULMÓN Brillo de trompetas
Hace unas pocas semanas Silvio Berlusconi salió de su silencio político y recomendó al Banco Central Europeo imprimir dinero a toda prisa. Son muchos los economistas que piensan que el eje de la economía es mantener el gasto. Para ellos, la austeridad es el camino de la pobreza; y mantener el gasto significa continuar con el endeudamiento: los estados, mediante bonos soberanos o préstamos internacionales; las familias, con el uso de tarjetas de crédito. El resultado final previsible es crisis financiera. Sin embargo, nos parece que una manera de enfrentarla es con la creación de dinero. Hemos llegado a creer que podemos abonar la producción y el empleo con diluvios monetarios.
El hombre común piensa que encogiendo el gasto puede llegar a la inanición; reducir el consumo sólo es posible dentro de ciertos límites y por corto tiempo. Cuando la austeridad abarca el desayuno y el almuerzo es que estamos muy cerca de la muerte. Por eso es preferible endeudarse para seguir viviendo hasta ver por dónde sale la cosa. El hombre común y el hombre de Estado coinciden en que el show debe continuar.
No existe hoy nada que se parezca a un nuevo orden económico mundial. Menos aun a un nuevo orden político planetario. Por supuesto, todo está en movimiento, en una tembladera universal de la que podría surgir una guerra generalizada o un reparto nuevo del poder económico y político en el mundo. Todos saben que Asia tendrá en el inmediato futuro un papel fundamental; que la China es un coloso demográfico; económico y político. No obstante, vivimos hoy en medio de incertidumbres económicas, políticas e ideológicas.
Las dificultades de la Unión Monetaria Europea, el enorme déficit fiscal de EUA, la irresponsabilidad de tantos líderes políticos, contribuyen a incrementar la incertidumbre en las sociedades contemporáneas. Asusta a los pueblos la idea de que la ruta más breve para llegar a la austeridad pudiera ser la guerra. La agitación que el desempleo general acarrea hace que los demagogos encuentren magníficos puestos de trabajo; los vendedores de ilusiones prosperan en la adversidad.
Hacen falta pensamientos claros, lealtades colectivas y destrezas administrativas. Extremistas de izquierda y de derecha ya están sacando brillo a sus trompetas.