Reflexión
Por un ambiente positivo en esta Cuaresma
Los seres humanos quieren vivir en paz. Desean desenvolver sus vidas en ambientes de convivencia que les permita desarrollar sus actividades con normalidad y sin estar sometidos a situaciones de intranquilidad y zozobra

Cuaresma
Los seres humanos quieren vivir en paz. Desean desenvolver sus vidas en ambientes de convivencia que les permita desarrollar sus actividades con normalidad y sin estar sometidos a situaciones de intranquilidad y zozobra. Ese es un deseo que en ciertas partes del mundo sus habitantes no pueden lograrlo, fundamentalmente por cuestiones de orden político. En nuestro país, a pesar de cualquier imperfección y signos de deterioro moral en algunas áreas, gracias a Dios hemos podido arribar a un ambiente de paz y bastante respeto. Que tiene que continuar mejorando y perfeccionando, sin permitir que se ponga en riesgo el sistema democrático, imperfecto y defectuoso, pero que permite actuar en libertad.
Quiero ser insistente en expresar que mi generación ha vivido más de ocho décadas, que vivió y participó en acciones que tuvieron que ver con los cambios que hemos logrado. Es decir, contra dictaduras, golpes de Estado y muchas otras acciones que pretendían socavar nuestras libertades. Por eso, tenemos la obligación de dar testimonio de que, aun faltando cosas por hacer, hemos podido alcanzar un sistema de convivencia que permite, no solo denunciar las malas acciones, sino incidir en tomas de decisiones y medidas correctivas.
No es un secreto que aquí todavía se arrastran algunos lastres negativos de un pasado tortuoso de décadas, que logró crear metástasis en determinadas áreas. Cosas que nosotros mismos hemos expuesto y hoy podemos decir con toda certeza que hemos logrado superar muchas de ellas. Aún más, que hemos alcanzado un sistema que permite la convivencia, las discusiones y las libertades a pesar de las resistencias de ciertos sectores.
En ese sentido entiendo que, en este período de Cuaresma, sobre todo los cristianos, debemos hacer todos los esfuerzos para propiciar cambios de actitudes y lograr que el rostro de la gente sea de satisfacción. Que esta época, que pronto arribará a la Semana Santa, más que tristeza debemos celebrar el hecho de que Jesús venció a la muerte y cumplió con la promesa de la Resurrección. Y que este período también nos conduzca a reforzar los esfuerzos y vigilancia para continuar viviendo en paz. Haciendo también esfuerzos para que haya menos desigualdades y más oportunidades, pero dentro de un sistema que permita actuar libremente como el de la democracia.
Debemos admitir que la República Dominicana –aunque en algunas áreas se mantengan actitudes incomprensibles y persisten en utilizar metodologías sin resultados positivos- no estamos tan mal, si la comparamos con lo que acontece en otras naciones con las cuales tenemos afinidad históricas. Que los esfuerzos y sacrificios que nuestras generaciones han hecho no han sido en vano. Que no podemos detener la marcha, sino continuar. Pero reconociendo que contamos con un sistema que permite uno de los derechos fundamentales, el derecho a disentir.
Resultaría una gran meta -que no necesita mucho esfuerzo- lograr que al finalizar la Semana Santa, el rostro de más personas sea de mayor alegría y esperanzas. Poder lograr, que ciertos signos de preocupación y congoja de algunos, se conviertan en satisfacción. Que descargas negativas acumuladas en sectores, con razón o sin ella, cambien. Que se conviertan en superación o tareas pendientes de resolver a corto plazo. Recordar el Salmo 85:10 “La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron”.