Amor circular

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En la naturaleza, lo circular es la forma por excelencia para la protección y seguridad. Es la estructura más rentable, en el sentido de ser la que menos energía consume para mantenerse. Por ello, favorece los procesos internos de crecimiento, maduración y diferenciación celular. El círculo es seguro, es una forma protectora por excelencia.
La palabra círculo proviene del vocablo latino circŭlus, que es el diminutivo de circus que significa “cerco”. Un Círculo se cierra sobre sí mismo, de ahí que represente la unidad, lo absoluto, la perfección. Es especialmente útil para defender la energía de lo que está en su interior. Así lo muestran las formas circulares del caracol, los erizos, los gusanos, todos los huevos donde se gestan las crías, y los vientres redondos de los mamíferos hembras.
El Círculo es un punto extendido. En su lectura subjetiva, representa el poder masculino chispade la vida, y en su lectura objetiva representa el poder de lo femenino, lo receptivo, la matriz de la Creación. El círculo se ha usado en ritos de diversa índole como estabilizador, cohesionador de alma-cuerpo, defensa, unificador, y sellador. De ahí, el uso de sortijas, anillos, collares, cinturones y brazaletes como elemento protector.
Un símbolo es la expresión -bajo la forma de una imagen- de una idea, emoción o sentimiento espiritual. Por medio al símbolo sintonizamos lo eterno de nuestra humanidad, y de nuestra pertenencia a un todo sagrado mayor que nosotros mismos. El círculo es símbolo del cielo, lo celestial, el Alma o Dios. Terrenalmente, se usa para representar la perfección de Dios en la materia.
La redondez es la forma más natural, por eso tiene un carácter sagrado; los soles y los planetas son esféricos, también nuestras células, átomos y electrones. El círculo supone un equilibrio entre sus partes, y entre el centro y la periferia. La relación es elemento a elemento, parte a parte, en él no existe ni un principio ni un fin, de ahí su asociación con la totalidad, la integridad y la realización. Es la forma que contiene a las demás formas.
Al principio del desarrollo humano, las relaciones son circulares durante mucho tiempo. El círculo nos recuerda la relación primaria con mamá. Cada vez que se introduce un nuevo estímulo a un niño, por ejemplo un amigo o un juguete, creará una dinámica circular con él. De ahí el sentido y valor de la repetición para los niños. Ellos dan vueltas y vueltas hasta que logran comprender de qué se trata lo nuevo.
A los niños pequeños les cuesta jugar con otros niños, usar juguetes diferentes, o vestir prendas de ropa nueva. Parte de su crecimiento implica querer usar los mismos zapatos, pedir que le lean el mismo cuento por decimoquinta vez, y comer los mismos alimentos. Cuando un niño le da valor a la relación con algo o alguien, empieza la circularidad y continúa en ella hasta que de alguna manera la completa. Hasta que eso no ocurre, no puede abrirse a una vuelta nueva.
La relación de pareja (novios, colegas, amigos, etc) también es circular. Esta forma cerrada asegura la intimidad. Generalmente, la presión que se ejerce desde el exterior para abrir el círculo es vivido como una violencia, una tensión molesta y dolorosa. El círculo se abrirá por sí mismo cuando sea capaz de hacerlo sin peligro, tal como lo hace el huevo.
Hasta que la relación de pareja no completa el círculo, no es capaz de introducir a otros. Lo natural es ir creciendo superponiendo círculo sobre círculo, como el tronco de un árbol. Así, el dúo va ensanchando su mundo para introducir nuevos elementos sin perder lo que han construido.
Todo lo que quedó interrumpido con los padres, especialmente la madre, se vivirá con la pareja. La repetición de situaciones muestra que la relación circular con los progenitores no se completó. Tal vez, fuimos obligados a introducir nuevos elementos sin que la experiencia finalizara. Ninguna pareja puede con tanto. El fracaso de un vínculo muestra que uno -o ambos- se devolvió a su sistema de origen, a fin de sanar algo.
El escritor Edward Paul Abbey dijo: “Creo sólo en lo que puedo tocar, besar o darle un abrazo. El resto es solamente humo”. Muchas veces, cuando enfrentamos un desafío adoptamos la posición fetal. Esta es una manera de regresar a la seguridad que teníamos en el vientre de la madre, tomar fuerzas, y seguir.
Cuando nuestras fuerzas son mermadas, un abrazo tiene el mismo efecto reparador. Los brazos alrededor del cuerpo representan la vuelta al útero, el lugar donde todo lo que necesitábamos nos era dado. Yo abrazo, delicia pura, tu cara desconocida, idéntica a mi alma.
Abrazar a otro es una manera de entrar en contacto con quien somos. Marguerite Yourcenar lo expresa de una manera muy hermosa cuando dice: “Yo abrazo, delicia pura, tu cara desconocida, idéntica a mi alma”. Abrazarnos a nosotros mismos es un retorno al amor circular que nos permite entrar en contacto con la vida. Se necesitan 4 abrazos al día para sobrevivir, 8 para mantenernos sanos y 12 para crecer e ir hacia la vida. ¿Ya has recibido los abrazos que necesitas? ¿Te has sostenido a ti mismo (a) en un amoroso abrazo?