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Consumidor

¿Calidad garantizada o publicidad engañosa en la gasolina Premium?

En la entrevista que me hicieron expliqué que me había dedicado a la defensa de los consumidores por todas las vicisitudes que he pasado en mi vida como parte de la población consumidora.

Combustible. Arte

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El 8 de marzo de 2011 recibí el “Premio a la Labor Profesional” que otorga el Ministerio de la Mujer por el trabajo que realizábamos desde el Instituto Nacional para la Defensa de los Derechos del Consumidor -Pro-Consumidor-. En la entrevista que me hicieron expliqué que me había dedicado a la defensa de los consumidores por todas las vicisitudes que he pasado en mi vida como parte de la población consumidora. Y es verdad que me han pasado cosas. La última fue durar un mes sin vehículo porque se apagaba dos y tres veces al día. Lo llevé al taller donde siempre le he dado mantenimiento y no encontraron nada. Le limpiaron los filtros, me lo entregaron y tres días después se apagó tres veces en menos de una cuadra. Volví a llevarlo y un técnico dio varias vueltas y, con determinación, me dijo que no pasaba nada. Por suerte, antes de entrar al taller, presentó el fallo. Durante años he utilizado gasolina Premium de manera consistente, convencida de que estaba tomando la mejor decisión para el cuidado de mi vehículo, pues por su precio ese combustible debía garantizar la seguridad del motor. Pero el motor había comenzado a apagarse en plena marcha, generando no solo incomodidad, sino también un riesgo real para la seguridad.

El resultado fue alarmante: encontraron en el sistema de combustible un residuo espeso, color café, señal de una contaminación que no debería estar presente en gasolina de alta calidad. Eso afectó componentes clave y puso en peligro el funcionamiento del motor. En el país, miles de consumidores pagan a diario un precio más alto por la gasolina “Premium” con la esperanza de proteger sus vehículos, mejorar el rendimiento del motor y evitar averías costosas. Mi experiencia obliga a cuestionar si de verdad estamos recibiendo lo que pagamos. La pregunta es obligada: ¿Qué estamos comprando cuando pagamos por gasolina Premium?

Este caso no debe verse como un hecho aislado, sino como una alerta que invita a las autoridades, a los distribuidores y a los consumidores a reflexionar sobre los controles de calidad en la cadena de suministro de combustibles. Desde la importación hasta la estación de servicio, cada eslabón debe garantizar la pureza del producto. El consumidor está en una posición vulnerable. No tiene forma directa de verificar la calidad del combustible que adquiere. Confía y paga más por una promesa de calidad que, en casos como este, es evidente que no se cumple.

Es urgente fortalecer la supervisión institucional, realizar inspecciones periódicas e independientes y establecer mecanismos de denuncia accesibles y efectivos. También se deben aplicar sanciones ejemplares cuando se detecten este tipo de irregularidades.

Hago un llamado a los ciudadanos: no normalizar lo anormal. Si su vehículo presenta fallas inusuales, en especial relacionadas con el sistema de combustible, es importante investigar, exigir explicaciones y documentar lo ocurrido.

El derecho a consumir productos de calidad no es un lujo. Es un derecho fundamental. Y cuando ese derecho se vulnera, no solo se afecta el bolsillo del consumidor, sino también su seguridad y su confianza.

La gasolina Premium no puede convertirse en un “premium engaño”.

Tampoco puede seguir siendo una promesa publicitaria vacía, mientras el consumidor asume el costo, el riesgo y la impotencia de no saber qué entra de verdad al tanque de su vehículo.

Sobre el autor
Altagracia Paulino

Altagracia Paulino

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