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Elecciones

El fin de la campaña permanente

La República Dominicana se ha caracterizado históricamente por vivir en un estado de efervescencia política ininterrumpida.

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Votonicoletaionescu

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La República Dominicana se ha caracterizado históricamente por vivir en un estado de efervescencia política ininterrumpida. Hasta ahora, nuestro diseño constitucional imponía un calendario que agotaba al ciudadano y desangraba los recursos públicos. La necesidad de iniciar el proceso electoral —y la precampaña de facto— con más de un año de antelación respondía, en gran medida, a la fragmentación de las elecciones: municipales en febrero y presidenciales/congresuales en mayo.

Sin embargo, la última modificación a nuestra Carta Magna en el pasado año 2024 marca un hito que promete transformar nuestra cultura democrática. Al unificar las elecciones a partir de mayo de 2032, no solo estamos simplificando el acto de votar, sino que estamos abriendo la puerta a un cambio estructural en los tiempos del proselitismo.

Resulta lógico y prudente que el legislador haya establecido, por excepción, que en 2028 se mantengan las elecciones separadas. Esta "tregua" técnica es el tiempo de gracia que la Junta Central Electoral (JCE) requiere para enfrentar desafíos tecnológicos sin precedentes. La unificación de 2032 exigirá una robustez logística absoluta: desde el escrutinio automatizado hasta una posible implementación del voto electrónico. Unificar sin antes modernizar sería una receta para el caos; por ello, el 2028 debe verse como el gran laboratorio hacia la eficiencia.

Desde un punto de vista práctico, la unificación electoral trae consigo beneficios que van más allá de lo económico. El más relevante es la posibilidad de compactar el calendario electoral. Bajo el esquema actual, la precampaña se extiende casi por inercia, invadiendo el espacio de la gestión pública. Un alcalde, senador, diputado, regidor, director o vocal elegido por 4 años que no va a la reelección puede en términos prácticos desempeñar una gestión solitaria y poco innovadora en su último año.

Con el nuevo mandato constitucional, ya no existe la necesidad funcional de iniciar procesos con tanta anticipación. Podríamos, y deberíamos, aspirar a que todo el montaje, desde las primarias hasta la elección definitiva, ocurra dentro del mismo año electoral.

Esto permitiría que la sociedad dominicana disfrute de lo que llamo el "descanso ciudadano": un periodo de casi tres años y medio de gobernanza pura, libre de caravanas, encuestas diarias y publicidad invasiva bajo todas sus modalidades.

La reforma de 2024 es una oportunidad de oro para mejorar la política dominicana. La unificación de las elecciones debe ser el catalizador para modernizar el escrutinio y, sobre todo, para devolverle al ciudadano su derecho a la tranquilidad. Al reducir el tiempo de campaña, elevamos la calidad de la democracia: menos ruido electoral se traduce en más tiempo para que las autoridades electas se concentren en lo que realmente importa, que es gobernar para el bienestar colectivo.

En conclusión, es solo cuestión de tiempo para el fin de la campaña permanente.

Sobre el autor
Jorge Amado Méndez

Jorge Amado Méndez

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