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Panorama

¿Operación venganza?

No importa que en medio de esta crisis internacional los legisladores del PRM aprueben un rarísimo proyecto de ley en el congreso —creándole una obligación económica al Estado— para pagarle —una suma incalculable— a contratistas que supuestamente realizaron obras, sin contar con un papelito

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No importa que en medio de esta crisis internacional los legisladores del PRM aprueben un rarísimo proyecto de ley en el congreso —creándole una obligación económica al Estado— para pagarle —una suma incalculable— a contratistas que supuestamente realizaron obras, sin contar con un papelito; sin contratos formales, sin estudios, sin fundamento, sin planificación.

A ese escandalaso caso de corrupción en potencia, —si el presidente no observa por segunda ocasión ese proyecto de ley— hay que darle de lado porque la decisión del gobierno para sustentar el supuesto plan de austeridad es mirar convenientemente para otro lado.

A pesar de que el aporte sea insignificante —800 millones de pesos— frente a lo que el gobierno se propone recaudar. El flamante director de presupuesto, Rijo Presbot, dijo con semblante de seriedad, que someterán al congreso en los próximos días el proyecto para modificar la Ley de Presupuesto General del Estado que establece el actual mecanismo de distribución de ingresos a los partidos, para reducirlos a la mitad.

No le basta con ver lo evidente y lo que no se ve en los recientes procesos de compras y adjudicaciones que se filtraron en las redes sociales. ¿Y la Cámara de Cuentas? En belén con los pastores.

Los partidos políticos una vez más, por ignorancia o venganza; por populismos de la misma oposición —PLD, FP, PRD, FP, Opción Democrática y demás yerbas aromáticas— por la opacidad en que se manejan; por sus inconductas y el clientelismo voraz; por incompetencia de la mayoría de los supuestos líderes de algunos ventorrillos, están en el centro del escarnio público como principales blancos del discurso de la anti-política.

Algunos han llegado a plantear que la eliminación del financiamiento debe ser total y otros se preguntan, ¿para qué sirven los partidos? ¿Le conviene al gobierno y a la sociedad un sistema de partidos fuerte o débil?

¿Pudiéramos por un momento imaginarnos un Estado sin partidos?... Lo primero es que no podríamos hablar de “democracia” donde la competencia, la cooperación y el disenso no estén gestionadas por instituciones constitucionalmente reguladas y representas por grupo de personas que, aún con sus diferencias internas y defectos y virtudes, se ponen de acuerdo en torno a una visión común en torno al desarrollo social y económico del país.

Ese Estado al que hago referencia, estaría regido por una junta militar; algún líder eclesiástico, un miembro de la oligarquía que determine su élite porque evidentemente que ese contexto no podemos hablar de organizaciones empresariales. El libre mercado necesita reglas y respeto a la propiedad privada, imposibles de garantizar en un régimen no democrático.

De manera similar imaginemos otro país con instituciones débiles regido por algún liderazgo carismático que para alcanzar el poder utiliza una plataforma electoral coyuntural y erosiona el sistema de partidos asfixiándolos económicamente, y sobre el cadáver de estos, perpetuarse en el poder.

Si bien al presidente Abinader tenemos que reconocerle que ha blindado institucionalmente la democracia estableciendo en las cláusulas de piedra de la Constitución el mecanismo de elección presidencial para eliminar el caudillismo y fomentar la alternabilidad en el ejercicio del poder. La reducción del presupuesto en los partidos camina en vía contraria al fortalecimiento democrático.

Es una medida que no solo conduce a la privatización de la política porque obliga a los partidos buscar fuentes privadas para su financiación, de igual manera, los empuja a agarrarse hasta de un clavo financiero caliente para poder competir frente a un Estado en el cual evidentemente va en desventaja.

La lógica indicaba que pasaríamos de la confrontación a la cooperación, pero lo que veremos más adelante será un escenario mucho más polarizado y radicalizado. En un momento donde la clase media está aburrida e indignada que además de verse impactada con el alto costo de la vida, ha vuelto a colocar a la corrupción entre los principales problemas del país. Sepultando la bandera cualitativa que llevó a los blancos al poder.

Lo peligro de esto es que en esta economía tan limitada, de puras ficciones, donde en la práctica el principal empleador y cliente de todos es el Estado: empresarios, ongs, sociedad civil, abogados, artistas, médicos sin Senasa 2.0, medios de comunicación; el mercado es más estrecho que el Ormuz y los partidos tienden a incurrir en prácticas non santas por al alto costo de las campañas electorales, buscando figuras, conscientes o inconscientes del origen dudoso de sus recursos, para presentarlo en sus boletas.

Quizás eso explique los Yamil Abreu, Miguel Gutiérrez, Jorge Puras, Gaspar Antonio Polanco Virella, los Edickson Herrera Silveste, Rosa Pilarte, Juan Maldonado y Faustina Guerrero Cabrera, Nelson Marmolejos Gil; todos, por cierto —aunque la justicia independiente siga viéndose el ombligo— con un estrecho vínculo con el Partido Revolucionario Moderno (PRM).

¿Será esa la apuesta al asfixiar económicamente a la oposición? ¿Operación venganza?

Sobre el autor
Julio Alberto Martínez Ruíz

Julio Alberto Martínez Ruíz

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