Guardianes de la verdad Opinión
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La concepción del desempeño efectivo, en múltiples ocasiones distante de criterios objetivos, enfrenta el desafío de resistir un tumultuoso mar de presiones y chantajes en capacidad de hacer ceder al funcionario.

Culturalmente, acceder a un puesto público se traduce en una noción singular de “oportunidad”, marcada por el circuito de los que asumen el decreto como pasaporte a la gloria.

Por desgracia para algunos, consentir los esquemas de ventajas derivadas de la función oficial representa el camino más corto para las perturbaciones procesales y condenas penales.

Además, el coro de alentadores del irrespeto a las normas éticas termina convirtiéndose en el grupo promotor del descrédito, colocándose a distancias de las cuotas de responsabilidad de los excesos administrativos. Oportunismo de la peor ralea.

Resulta duro decirlo, pero hacer las cosas bien produce malestar en muchos. En el interregno, pierden relevancia las rupturas afectivas, porque al final de la jornada la satisfacción de obrar correctamente provoca tranquilidad de conciencia.

El correcto desempeño de una posición pública constituye un diario desafío respecto de los valores esenciales de la condición humana.

Y tornarse flojo y/o frágil frente a las aspiraciones desmedidas, con el objetivo de ganar capital político, termina convirtiéndose en pieza acusatoria, sostenida en el falso criterio de que la población no intuye con inteligencia el vergonzoso aprovechamiento de los recursos públicos para instalar intenciones por la vía deliberada de lo clientelar.

Ser solidario, consecuente y afín con aspiraciones de cambio y transformación no debe ser confundido con la noción de que “todo se puede hacer”.

En el fondo, la restauración de la decencia como fundamento del servicio público necesita saltar las agitaciones constantes de amigos, familiares, relacionados y compañeros de sobrados méritos, que no terminan de comprender las transformaciones experimentadas en el tren gubernamental.

Resistir no es lo de mayor agrado frente a los terceros. Ahora bien, las cuotas de amargura posterior tienden a preparar para no ceder.

Así que, de nuevo: ¡No cedan!

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Guido Gómez Mazara

Guido Gómez Mazara

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