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En ciertas circunstancias se puede decir que todo está consumado

La generación a la que pertenecemos, de la cual podemos contar con los dedos de las manos los que nos desarrollamos, luchamos y todavía permanecemos cumpliendo con tareas frente a la comunidad,

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La generación a la que pertenecemos, de la cual podemos contar con los dedos de las manos los que nos desarrollamos, luchamos y todavía permanecemos cumpliendo con tareas frente a la comunidad, me llevó a reflexionar en la sexta palabra o frase que, según Juan 19:30, pronunció Jesús en el Calvario: “Consumado es”. Muchos la interpretan como si dijese que todo terminó, que todo se ha cumplido, sin dejar espacio para otros alcances, otros sentidos. Así es, ya que muchas veces no nos compenetramos con su significado, su objetivo y su proyección del presente hacia el futuro. No exclusivamente en materia religiosa o espiritual, sino en todas las actividades, sin excluir lo político. Lo que algunos pudieran interpretar como una exclamación de despedida agónica de Jesús por ver terminada su vida, lo que particularmente siempre he querido entender es, que Jesús no hizo otra cosa que mostrarle satisfacción al Padre ya que había realizado lo que él le ordenó. O sea, más que una expresión de pesadumbre en la agonía, representa la satisfacción de haber hecho lo que tenía por misión.

Mi intención en esta entrega, no es hablar de lo que sucedió la Semana Santa, sino, darle a esta expresión sentido o valor en lo cotidiano y en cierto modo en lo político. Porque lo que sucede a nuestro rededor, palpita y de cualquier forma influye sobre todos nosotros. Con más o menor fuerza, pero deja sus huellas. Altera o modifica nuestro accionar, conductas y estado de ánimo. Y todo eso importa. Sobre todo cuando uno está consciente de que su misión tiene término. Cuando percibe por diferentes vías o circunstancias, que la misión encomendada comienza a reflejar condicionamientos. Y eso tiene un valor inconmensurable para los que tienen conciencia del deber y de la imagen que han podido construir frente a la sociedad donde se desarrollan. Siendo los de mi generación de una edad muchísimo mayor que la del presidente y está consciente de que nuestro tiempo entre los vivientes se agota, por su parte, Luis Abinader es joven y con una larga vida por delante, pero, en el ejercicio presidencial, estoy seguro de que también está consciente de que tendrá límites en un par de años. En tal sentido, analizando las circunstancias actuales, Abinader muy bien puede vadear lo que le resta de su período sin graves problemas. Adoptando medidas, realizando cambios y modificando algunas reglamentaciones. Él dispone de las herramientas para proyectarse hacia un final positivo. Con una economía manejable y sobre todo, porque no será candidato. Porque si bien se debe a un partido, él debe estar consciente de que es presidente del país, no de un grupo o sector. Por lo tanto, tiene el camino abierto y despejado. Por eso advierto o sugiero, que quienes deberían están impulsando conversaciones, acuerdos y viabilizando proyectos con posibilidades de provocar mecanismos que puedan asegurarle al país estabilidad institucional más allá del 28, más que Abinader, deberían ser los que aspiran a ser candidatos. Los de la oposición e incluso los del Gobierno. Ellos son los que tienen que arrear, porque vienen detrás. Ellos deberían ser quienes empujen a Luis a que les allane el camino. Conscientes del presente y futuro.

Sobre el autor
Teófilo Quico Tabar

Teófilo Quico Tabar

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