Medicamentos
Comprar medicamentos con seguro médico es una pesadilla

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El martes 30 de diciembre mandé a la farmacia a comprar dos medicamentos que podían adquirirse con el seguro médico. Pasaron dos horas y llamé al mensajero para saber qué ocurría: “Doña, estoy en una fila larguísima”. Para comprar con el carné del seguro casi siempre hay una sola cajera. Y cuando llega tu turno te dicen que uno de los medicamentos no está disponible.
Si decides llevarte el que apareció, en algunas farmacias no te devuelven la receta, impidiendo que busques el otro en otro establecimiento. En cambio, si vas a comprar en efectivo o con tarjeta, todo fluye normal. Al afiliado se le trata distinto por ejercer su derecho.
Muchas veces, después de colocarte al final de la fila y esperar con paciencia, al mostrar la receta se corre el riesgo de un rosario de respuestas: que el medicamento no figura en el catálogo, que la cobertura es parcial, que “hay que esperar autorización”, o que no hay existencia. Y te rebotan sin valorar el tiempo perdido en una gestión que, en salud, puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.
En mi caso, uno de los medicamentos no estaba. Pedí la receta para ir a otra farmacia y me la negaron. Ese acto bloquea la posibilidad de resolver con rapidez. Quien está enfermo no anda para peregrinaciones. El sistema debe facilitar, no castigar.
Sé que las farmacias se quedan con la receta original porque es el comprobante para cobrar a las aseguradoras. Pero ese mecanismo administrativo no puede convertir al usuario en rehén. Si el medicamento no se dispensó completo, debe existir un procedimiento claro: devolver la receta, entregar una copia sellada o emitir una constancia verificable. Lo que no es aceptable es que el afiliado pierda el derecho de buscar el medicamento donde sí exista.
Y lo grave es que existe una resolución de la Sisalril, la 192-13, que indica que, si la farmacia no tiene todos los medicamentos de la receta, debe entregar al afiliado el formulario de dispensación parcial, lleno, firmado y sellado, copia de la receta sellada y copia de la factura de lo ya dispensado. En estos días la Dirección de Información y Defensa de los Afiliados (Dida) ha solicitado que se cumpla esa disposición. Si no se cumple, el establecimiento debe ser sancionado. La población debe saberlo.
Si algo bueno ha dejado el escándalo del Senasa es que la gente duda, pregunta y vigila. Esa vigilancia empuja hacia mejores prácticas. La mejoría debe reflejarse en respeto al tiempo de las personas. El mensajero que utilicé perdió toda la mañana en una fila para luego ir a otra farmacia, porque solo podían dispensarle uno de los dos medicamentos de la receta.
La actitud de algunos empleados cuando se trata de comprar con cobertura es como si el afiliado estuviera mendigando. Ese comportamiento no debe permitirse. El seguro se paga, se descuenta, se sostiene con el esfuerzo de los trabajadores.
Es importante que la Dida intervenga para fijar un tiempo máximo de espera cuando se trata de medicamentos con cobertura del seguro, así como el tiempo de repuesta de las aseguradoras. Las farmacias también deben establecer un sistema de información que permita al usuario saber con tiempo suficiente si existe el medicamento. El acceso oportuno a los medicamentos no es un favor: es un derecho.