Guardianes de la verdad Opinión

Emprendimiento

Cuando las convocatorias se olvidan de las personas

No hay conciencia de que detrás de cada formulario hay horas de trabajo, noches de insomnio y, sobre todo, una persona.

Imagen creada por IA

Imagen creada por IA

Creado:

Actualizado:

Hay días en que emprender no se siente como “seguir tus sueños”, sino como estrellarte una y otra vez contra una pared de acrónimos, formularios y comités anónimos.

Hoy fue uno de esos días.

Pregunté algo que cualquier persona que se toma en serio su trabajo preguntaría:

“¿Por qué en una selección de emprendimiento sí y en otra no? ¿En qué fallé?”

La respuesta fue una bofetada con guantes técnicos:

“Se acabaron los fondos.”

“No habrá fondos a partir del 2027.”

“Las reglas de juego las pone el que convoca y no está obligado a decirte en qué fallaste ni en qué está mal tu propuesta o quien sabe al número de la lista que llegaste los fondos se acabaron.”

Traducido: “Gracias por participar, tu tiempo y tu esperanza no son reembolsables.”

El costo emocional de ser siempre “postulante”

En los discursos, al emprendedor se le llama “motor del desarrollo”, “héroe de la innovación”, “agente de cambio”.

En las prácticas, muchas veces somos un archivo PDF más en una carpeta compartida.

Que te digan que no hay más fondos duele.

Pero duele más el subtexto:

No se sienten responsables de explicarte nada.

No hay interés en que mejores.

No hay conciencia de que detrás de cada formulario hay horas de trabajo, noches de insomnio y, sobre todo, una persona.

Hoy no estoy escribiendo desde la épica de la resiliencia, sino desde el cansancio.

Desde ese lugar incómodo donde una se pregunta, con toda honestidad:

¿Vale la pena seguir participando en convocatorias de emprendimiento?

“Las reglas las pone el que convoca”: una frase que delata un sistema

La frase es cierta en lo formal:

sí, quien pone el dinero define las bases, los criterios, los plazos. Nadie discute eso.

Pero cuando esa frase se usa como escudo para justificar la opacidad, lo que asoma no es liderazgo, sino comodidad burocrática.

Porque un ecosistema sano, uno que de verdad quiera fortalecer el emprendimiento, hace cosas muy básicas:

Explica qué evalúa y cómo lo evalúa.

Ofrece algún tipo de retroalimentación, aunque sea mínima.

Trata a quienes postulan como aliados, no como molestos insistentes.

Decir “no estamos obligados a decirte en qué fallaste” es confesar, sin darse cuenta:

“No estamos construyendo capacidades, solo estamos repartiendo fondos mientras duren.”

Y luego se preguntan por qué tantos proyectos mueren cuando se acaba la subvención.

La trampa: creer que el problema eres tú

Cuando encadenas varios “no”, el sistema te empuja a una conclusión cruel:

“Debo ser yo. Mi idea no sirve. Yo no sirvo.”

Pero si miras con lupa, ves otra cosa:

Convocatorias con bases ambiguas.

Criterios que cambian sobre la marcha.

Comités que no dan la cara.

Tiempos que no respetan el tiempo de nadie.

Y entonces la pregunta correcta deja de ser:

“¿Qué tengo mal yo?”

y pasa a ser: “¿Qué tiene mal este modelo de convocatorias?”

Porque si las reglas son opacas, si no hay feedback, si el proceso no deja aprendizaje, no estamos frente a una “oportunidad de emprendimiento”; estamos frente a un sorteo sofisticado.

¿Debo seguir participando en convocatorias?

Aquí va mi respuesta, tan honesta como puedo:

Sí, pero no de cualquier manera ni en cualquier cosa.

Y, a partir de ahora, tú también pones tus reglas.

No se trata de irnos al extremo de “nunca más”.

Se trata de dejar de vivir al ritmo de las convocatorias y empezar a vivir al ritmo de tu proyecto y de tu vida.

1. Tu tiempo es un recurso, no una limosna

Antes de meterte en otra maratón de formularios, pregúntate:

¿Esta convocatoria explica claramente qué busca y cómo evalúa?

¿Publica al menos algunos ejemplos de proyectos seleccionados o criterios de puntuación?

¿Ofrece alguna forma de retroalimentación (webinar, sesión grupal, guía de errores frecuentes)?

Si la respuesta es “no”, no es que no puedas postular.

Es que debes preguntarte con seriedad:

¿Se merece realmente mi tiempo?

Porque tu tiempo no es gratis.

Cada hora rellenando casillas es una hora menos vendiendo, creando, probando, descansando, cuidando tu salud mental.

2. Convocatoria que no enseña, agota

Una buena convocatoria no solo reparte dinero:

Deja a los emprendedores mejor que como los encontró.

Cuando el mensaje es “no estamos obligados a decirte nada”, la señal es clara:

No quieren construir tejido emprendedor.

No les interesa que mejorar mañana.

Les importa más “colocar fondos” que generar capacidades.

Y tú, como emprendedora, no estás obligada a entregarte completa a un sistema que no te respeta.

3. Las convocatorias son un canal, no tu destino

Participar en convocatorias puede ser útil, sí:

Dan visibilidad,

Conectan con redes,

Inyectan recursos en momentos clave.

Pero no pueden ser el centro de tu estrategia.

Mientras aplicas, también puedes:

Buscar clientes reales que paguen por tu servicio o producto.

Tejer alianzas concretas con universidades, ONGs, empresas, municipios.

Generar ingresos pequeños pero constantes por consultorías, talleres, productos digitales.

Cuanto más diversifiques tus fuentes de ingreso y apoyo,

menos poder tendrá una convocatoria para hundirte o elevarte.

Poner tus propias reglas: el pequeño acto revolucionario

Si “las reglas las pone el que convoca”,

entonces las emprendedoras también podemos empezar a poner las nuestras.

Algunas de las mías, que hoy formalizo por escrito:

No aplico a convocatorias completamente opacas.

Sin criterios claros, sin mínimos de transparencia, no hay trato.

No sacrifico mi salud mental para “llegar a tiempo”.

Si la convocatoria me obliga a una carrera contra reloj inhumana, algo está mal diseñado.

Y lo mal diseñado no tiene por qué corregirse con mi insomnio.

Solo aplico donde haya alineación real con mi misión.

Si tengo que forzar mi proyecto para encajar “lo que ellos quieren leer”, ya empecé perdiendo.

Reclamo mi derecho a aprender.

Aunque ellos digan que no están obligados a explicarme, yo sí estoy obligada conmigo misma a buscar feedback por otros medios:

mentores,

colegas que han ganado,

redes donde el conocimiento se comparte.

Lo que duele hoy y lo que nace de ese dolor

Hoy me siento descorazonada, sí.

Me duele.

Me irrita la parte soberbia de ese mensaje institucional que dice, en pocas palabras:

“Nosotras decidimos, tú solo agradece haber podido participar.”

Pero en ese mismo dolor también hay una semilla de lucidez:

No quiero ser más postulante eterna.

Quiero ser sujeto de mi proyecto, no objeto de sus fondos.

Quiero un ecosistema donde la frase no sea “las reglas las pone el que convoca”, sino:

“Las reglas las construimos entre quienes ponen los recursos

y quienes ponen la vida en los proyectos.”

Hasta que eso pase, seguiré participando en algunas convocatorias, sí.

Pero ahora con otra consciencia:

El “no” ya no define mi valor.

La falta de feedback ya no define mi futuro.

Y mi tiempo, mi paz y mis ideas dejan de ser el combustible gratis de sistemas mal diseñados.

Porque al final del día, la pregunta no es solo si sigo participando.

La pregunta es en qué tipo de juego quiero seguir entrando.

Y hoy, al menos, he decidido una cosa:

si entro, entro con mis ojos abiertos y mis propias reglas bajo el brazo.

Sobre el autor
Dora Pariente

Dora Pariente

tracking