Guardianes de la verdad Opinión
Fabio Herrera Miniño.

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Después de 67 años, nuestro Padre celestial, decidió a arrebatarnos a la compañera que nos había dado hacía ya 67 años. Es parte del proceso divino de la vida que en manos de nuestro Creador en cualquier momento nos llama a su seno dejando la Tierra con inmensa nostalgia y los parientes y amigos sufriendo la ausencia de un ser querido.

Por espacio de un poco más de diez años Gladys inició su lento transitar hacia su final esperado por los embates de una enfermedad destructora de la mente dejando un vacío que no puede reponerse. Es un largo recorrido en que se cruzan muchas puertas del deterioro mental hasta llegar a un final que varía hasta el apagón final provocador del desenlace que se esperaba, pero siempre con la esperanza de que ese apagón cerebral no fuera tan dramático dejando a sus familiares desamparados.

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Gladys fue una luchadora incansable y nuestros cuatro hijos son modelos de dedicación al trabajo y de disciplina dando ejemplos de formación humana y profesional llevada al igual que la madre a servir a sus semejantes. Y en su etapa productiva se ven los frutos que Gladys inculcó en ellos por sus creencias de la fe cristiana. Hoy, ellos son ejemplos vivos de la dedicación al trabajo en las áreas que han elegido para proyectarse sobresalientemente de forma que sus amigos les reconocen el talento en sus respectivas actividades llenas de satisfacciones.

Gladys sembró y cosechó en sus actividades cuando fue una reconocida profesora en el liceo secundario de Baní hasta que nos casamos en 1962. Nuestra primogénita Fabiola nació al año de casarnos.

Nuestra vida en pareja, desde el momento que formalizamos nuestros amores en el verano de 1956 estuvo llena de satisfacciones en que de manera armoniosa mantuvimos nuestras relaciones controlando la sangre ardiente de la juventud hasta que el 28 abril de 1962 lo culminamos frente al querido párroco de Baní el padre Lorenzo Hart. Pero al poco tiempo se presentó un evento de considerable preocupación cuando una enfermedad que venía incubándose por más de quince años brotó con fuerzas para atacar el cuerpo de Gladys que gracias a la dedicación inolvidable del doctor Huberto Bogart controló la lepra y de esa manera el embarazo transcurrió sin novedades alterada por altas fiebres para que el cuerpo se adaptara al tratamiento de las sulfonas. El coraje de Gladys y su fe en esos días la ayudaron y nuestra primera hija Fabiola nació sin inconvenientes y que ahora 63 años después es una brillante personalidad que se ha distinguido en los cargos que ha desempeñado y es una apasionada del servicio que ahora desde el Museo Catedral donde pone su energía al servicio de la Iglesia.

Nuestros demás hijos Esteban, Ruth y Mónica nacieron sin problemas ya que el tratamiento con la sulfona había hecho su obra de eliminar la lepra y haciendo inmunes a nuestros hijos. Gladys fue una guerrera alegre y amante del compartir con sus amigos y familiares y llevando ayuda donde se necesitara.

Gladys fue una mujer alegre que disfrutaba el compartir con sus amigos y en el baile una apasionada con la música cadenciosa de los merengues y de los boleros y danzones que interpretaban las orquestas de moda en los sitios bailables de la capital en especial en el club deportivo Naco adonde acudíamos semanalmente, al piano bar.

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Fabio Herrera Miniño

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