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Cuba: una mirada desde la neuropolítica

Hace décadas que el mundo dejó de ser bipolar políticamente hablando, abrazó el consumo, la visibilidad y la cultura de la inmediatez,

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Las crisis y circunstancias actuales no almacenan memoria sobre paradigmas, utopías y luchas ideológicas ante un mundo posmoderno; tampoco tienen sustentación desde la toma de decisiones que hay que adoptar dentro de lo unipolar, del mercado, tecnología, del turismo y servicio, de remesas e intercambios, y, sobre todo, de creatividad, de movilismo cultural y económico.

Hace décadas que el mundo dejó de ser bipolar políticamente hablando, abrazó el consumo, la visibilidad y la cultura de la inmediatez, antes que el esfuerzo de la sobrevivencia, los procesos, defender principios y gramáticas morales para sostener una identidad particular y no general.

Hace más de 60 años de la revolución cubana, de aquellos logros negados e invisibles por la ultra-derecha: salud, educación, tecnología, seguridad, cultura y esperanza de vida. La revolución castrista obtuvo indicadores por encima del promedio de Latinoamérica.

Además, la solidaridad y el internacionalismo de Cuba con países que deseaban salir de dictaduras de derechas, de las imposiciones autocráticas de grupos élites que gobernaban a sus antojos.

Los conflictos han vuelto y van a continuar desde la toma de decisiones económica, por control de riqueza, por territorios estratégicos, por metales y aguas, por ventas de armas y por la distorsión cognitiva de los liderazgos mundiales.

El liderazgo cubano sigue anclado en un sistema de creencia distorsionado y limitante, visto desde la neuropolítica como: sesgo cognitivo, disonancia cognitiva o distorsiones cognitivas. Es decir, persiste una rigidez mental y un dogmatismo que anula el pensamiento crítico, el proceso de metacognición para evaluar su propia realidad.

La crisis de las grandes potencias por control de poder y de territorio dejan de asumir compromisos con países pequeños y debilitados, como es el caso de Cuba y Venezuela que, al fin y al cabo, han sido usados de forma estratégica por otras potencias que décadas anteriores fueron aliados.

La crisis energética, económica, social y política de Cuba ha pasado a una crisis de desconexión con el mundo, creando en desafecto entre liderazgo y el pueblo, contra los sentimientos y aspiraciones de la esperanza de cómo desean vivir los cubanos, de cómo viven su realidad y de cómo administran otras personas sus motivaciones y deseo de vida dentro del mundo de hoy, a eso se le llama disonancia cognitiva para llegar a la distorsión cognitiva que son errores graves de apreciación o sesgo por exceso del poder prolongado y de los controles autoritarios, ya sean de extrema derecha o de extrema izquierda.

Los líderes de Cuba no deben acudir a la confrontación, la resistencia y a las viejas respuestas de décadas anteriores; más bien, deben de usar un cerebro con empatía emocional, con conexión político-social y de reflexión con la geopolítica actual. Es decir, abrirse a nuevos procesos internos, adaptarse y conectar con la esperanza y los anhelos de un país que merece no exponerse al dolor, la muerte y sufrimiento.

Deben de desmontar el sistema de creencias limitante, los sesgos y decisiones apoyada en cerebros rígidos, inflexibles de un liderazgo con pobreza en la metacognición.

Los tiempos actuales son para ser más asertivo, conectar y negociar; se impone la reflexión cognitiva para no exponerse a la confrontación, ni a la resistencia por la resistencia misma que es perder el focus y la adaptación política. Como decía José Martí: “Pensar es prever”

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José Miguel Gómez

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