Guardianes de la verdad Opinión

Juan Bautista Cambiaso

Datos inéditos de la batalla de Tortuguero

El capitán Paxton narra que, al no divisar las goletas enemigas, zarpó de nuevo, de retorno a Puerto Príncipe. 

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El 15 de abril de 1844, la escuadra dominicana, compuesta por tres goletas, al mando del comandante Juan Bautista Cambiaso, derrotó a la marina haitiana, en Tortuguero, en la costa de Azua.

El Consejo de Secretarios de Estado de Haití, dirigido por el general Hérard Dumesle, había despachado tres goletas hacia Azua para auxiliar al presidente haitiano Charles Riviére Hérard, que había sido derrotado por las tropas del general Pedro Santana el 19 de marzo, cuando penetró con su ejército invasor al territorio dominicano.

Enterada la Junta Central Gubernativa, presidida por Tomás Bobadilla, de la presencia de los buques haitianos en territorio dominicano, mandó a preparar las goletas Separación, María Chica y San José, que de inmediato se pusieron en marcha para cortarle el paso a la escuadra haitiana. Ese episodio, conocido como la “Batalla de Tortuguero”, fue descrito en un parte de guerra oficial dominicano:

“Se aproximaron al puerto, a tiro de cañón, tremolando el pabellón dominicano, y el bergantín se hizo a la vela para entrar en combate; pero fue tan activo el fuego de cañón de la goleta ‘La Separación Dominicana’, que lo obligó a varar en tierra, en un lugar donde probablemente no saldrá jamás. Las trincheras que nuestros enemigos tenían en tierra con algunos cañones tiraron sobre nuestros buques un fuego vivo, pero afortunadamente no hemos tenido ni un muerto, ni un herido”.

“La goleta ‘La Separación Dominicana’, junto con la ‘María Chica’, dirigiendo sus bordadas sobre tierra, hicieron con mucha viveza fuego a los enemigos con bala y metralla, y es probable que haya habido en ellos una porción de muertos y heridos, y los dos buques que quedaban en el puerto vararon cerca de tierra. Los nuestros, después de tres horas de combate, se retiraron a la Boca de la Caldera, donde esperaban órdenes del general en jefe del ejército del sur, Pedro Santana, para maniobrar de nuevo sobre los enemigos...”

El periódico Utica Daily Gazette, del 29 de mayo de 1844, dice lo siguiente:

“…Mientras tanto, se había producido un enfrentamiento naval en la bahía de Azua, en el que la flotilla haitiana, de tres o cuatro veleros, fue obligada a encallar con grandes pérdidas por una fuerza igual de dominicanos, entre cuyos barcos se encontraba una lancha piloto tripulada por franceses. Estos triunfos dieron lugar a la declaración de independencia de la parte española de la isla, bajo el nombre de República Dominicana”.

El periódico norteamericano confundió la nacionalidad de Juan Bautista Cambiaso, fundador de la Armada dominicana, quien era natural de Génova, entonces reino de Cerdeña, y no francés.

El historiador Tomás Madiou, en su obra Historia de Haití, tomo VIII, narra que, a causa de la vigilancia dominicana, se le hizo difícil a las flotillas haitianas llegar hasta Azua para socorrer al presidente Hérard, quien ya tenía plantada una revuelta en el sur de Haití y su gobierno se desmoronaba.

“El ejército haitiano, luego de haber agotado todas las provisiones que había encontrado en Azua, comenzó a sufrir grandes privaciones. El presidente y el general Thomas Hector, su principal lugarteniente en esa campaña, se vieron obligados a tomar medidas drásticas para contener el descontento de las tropas e impedir la deserción hacia la parte occidental de la isla”…

El periódico Brooklyn Eagle, del 15 de junio de 1844, trae una extraña reseña, tomada del diario Boston Post, narrando lo sucedido al buque Pandora, con bandera norteamericana, rentado por el gobierno haitiano, al mando del capitán John Paxton, que fue atacado por tres goletas en Azua, tras salir del puerto de Jacmel para llevar provisiones al presidente haitiano.

“…Mientras tanto, dos goletas se habían acercado a menos de una milla del Pandora, a ambos lados, a la contra ala, virando directamente hacia ella. Continuaron su avance hasta que estuvieron a media milla de distancia; entonces, con la rapidez del pensamiento, izaron sus velas de proa, se pusieron contra el viento con rumbos opuestos, arrojaron banderas españolas y, sin saludar a la Pandora, descargaron su andanada sobre ella”.

“…Apenas se disipó el humo, el bastión del Pandora disparó con terrible efecto. No se desperdició ni una bala... El enemigo viró sucesivamente y apuntó sus otras andanadas; pero antes de que pudieran dispararlas, los cañones del Pandora fueron recargados y los tres buques abrieron fuego casi simultáneamente. Los cañones enemigos parecían estar demasiado elevados para dañar el casco del Pandora, pero cortaron su aparejo en muchos puntos”.

“Tras la segunda andanada, la goleta se acercó sigilosamente al Pandora y disparó una descarga de mosquetes que acribilló sus baluartes y arqueo, pero no hirió a nadie. Los soldados haitianos, detrás de los sacos de pan, recibieron la orden de responder al fuego, pero eran tan ignorantes en el uso de las armas de fuego que pusieron en peligro la vida de sus compañeros en lugar de la de sus enemigos”.

“Conociendo perfectamente el puerto, colocó su barco de costado en la playa, inmóvil, presentando el costado de estribor al enemigo. Los cañones volvieron a apuntarles, y se disparó otro, el último, de costado. No respondieron al fuego, pero retiraron el viento de la barra, dejando al Pandora invicto a pesar de estar en tierra”.

“El capitán Paxton y su tripulación dieron tres vítores a la bandera estadounidense, y así concluyeron este glorioso encuentro… Los soldados haitianos estaban tan aterrorizados ante la idea de ver partir al enemigo que saltaron por la borda y nueve de ellos perecieron. Para calmar los temores de los que se salvaron, el capitán Paxton regresó a bordo y les aseguró que no tenía intención de abandonarlos”. (De los archivos de Fultonhistory).

El capitán Paxton narra que, al no divisar las goletas enemigas, zarpó de nuevo, de retorno a Puerto Príncipe, donde llegó el día 28 de abril, sin lograr el objetivo de hacer contacto con el presidente Hérard, aislado en Azua.

Sobre el autor
Pastor Vasquez Frias

Pastor Vasquez Frias

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