Guardianes de la verdad Opinión
Rafael Trujillo Molina

Rafael Trujillo Molina

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En medio de la conmemoración de los cincuenta años de la muerte de Franco, y con ella el inicio del final de su prolongada dictadura, una breve nota periodística en un reputado periódico local destacaba lo mucho que ha avanzado España en términos de transformaciones sociales e institucionales, en comparación con lo relativamente poco que en ese aspecto hemos avanzado nosotros después del final de la dictadura de Trujillo. 

Tenemos un déficit de desarrollo institucional que está lejos de corresponderse con lo deseable y posible después de 64 años del final de la dictadura trujillista.

Dos años después de la muerte de Franco, se firmó del Pacto de la Moncloa, basado en acuerdos en los órdenes económicos y políticos. España tuvo la ventaja de tener en sus confines a Europa, la cual estaba empeñada en fortalecer el sistema democrático como algo imprescindible para la expansión del desarrollo económico del continente. Aquí teníamos a los Estados Unidos como contén de la expansión del pluralismo y respeto a derechos democráticos esenciales y que propició un golpe de Estado al primer gobierno elegido democráticamente e invadió nuestro país para impedir el restablecimiento de ese gobierno.

Durante la dictadura franquista, internamente hubo un activismo gremial y sindical que nunca dejaron de luchar por sus derechos y en exterior, con incursiones hacían lo interior, lo hacían los Partido Comunista y el PSOE, vinculados a esos sectores, cuyos dirigentes al regreso del exilio, con madurez y sólida preparación comprendió la necesidad de participar en una amplia unidad nacional y contribuir de manera decidida y decisiva en la redacción de una constitución para la transición. Aquí la oligarquía constituyó un freno para la realización de cualquier pacto hacia transición democrática.

Pero a pesar de esas diferencias, el comportamiento de la clase política dominicana ante su responsabilidad de impulsar un proceso de institucionalización durante los primeros años de la caída de la dictadura, y a lo largo de 64 años desde esa tragedia, ha sido política y moralmente inaceptable. Han dejado que nuestro sistema educativo se mantenga como uno de los peores de la región. La educación constituye la institución básica para el desarrollo de otras instituciones.

A los dos años de la caída de Franco, España se dotó de una legislación básica del régimen municipal que establecía la descentralización del Estado y el municipio como uno de los pilares de la democratización y el del desarrollo económico todos sus territorios. Durante décadas, en lo esencial, el sector privado ha tenido en sus manos la forma cómo y hacia dónde crecen territorialmente las ciudades. Durante décadas ha sido pasivo ante el proceso de debilitamiento de la educación, que es la institución base de toda sociedad. No puede haber institucionalidad sin capacidad de llegar a acuerdos políticos que definan la sociedad que queremos. No podemos seguir la mala costumbre de ponernos de acuerdo en determinados temas sin que podamos ponernos de acuerdo sobre cómo materializar lo acordado. La clase política de RD ha faltado en el cumplimiento de deberes que son las base para el desarrollo de la nación, en primer lugar, la institucionalización-

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César Pérez

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