Guardianes de la verdad Editorial

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Augurios de éxito para flamante OMSA por la 27

Porque para la nación dominicana – como ocurre en otras partes- el transporte público debe correr en diferentes medidas por cuenta del Estado para garantizar su eficiencia y accesibilidad, procede saludar el relanzamiento con nueva red de autobuses Omsa que desde ayer cubre la ruta-eje del Gran Santo Domingo que es la avenida 27 de Febrero

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Porque para la nación dominicana – como ocurre en otras partes- el transporte público debe correr en diferentes medidas por cuenta del Estado para garantizar su eficiencia y accesibilidad, procede saludar el relanzamiento con nueva red de autobuses Omsa que desde ayer cubre la ruta-eje del Gran Santo Domingo que es la avenida 27 de Febrero, minada desde viejo por el “choferismo” particular que la estremece todavía con unas llamadas “voladoras” de “chupe usted y déjeme el cabo.”

Dejando ya un poco fuera –por favor-, y solo para un escrutinio efectivo, el patrocinio oficial inconsulto directo y sectorial a agremiaciones nutridas con subsidios desproporcionados y costosos al contribuyente. Siempre será necesario ceñirse a vigilancias extremas sobre las fórmulas de gestiones público-privadas bajo normas de coparticipación para que deriven beneficios a la colectividad.

Conviene preservar como promisorio para el Estado y el interés nacional el asociarse con pudor y transparencia a razones sociales de determinados “know how” (saber hacer) que no siempre exitosas firmas nacionales e internacionales comparten. Recientemente el Gobierno y Google formalizaron un positivo acuerdo estratégico para dotar a la República de un puerto digital Internacional.

Al país le ha salido cara la presencia defectuosa y partidariamente contaminada del Estado como administrador exclusivo de entes de producción de bienes y servicios que fracasaron rotundamente sobre el lomo de los contribuyentes y parecieron indicarle a la posteridad que solo la iniciativa privada sabe dirigir proyectos de lucro aunque ésta por si sola también fracasa una y otra vez.

Se registran experiencias desastrosas por mal manejo de patrimonios públicos sobre los que se enseñorearon banderías variopintas que los convirtieron en botines: Onatrate, antecesora de la Omsa, terminó sin pena ni gloria como barril sin fondo. Y este es el único país en el que una Lotería Nacional –que debió ser una fuente permanente de ingresos al fisco- se fue a pique por ser llevada a financiar una campaña electoral de Balaguer. Sucesivos naufragios de Corde, CDA, Pidoca y el nunca bien llorado CEA, corren por cuenta del falsamente impoluto “establishment” del sistema partidario que sobrevive.

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