Guerra
El momento reclama unión de voluntades
La interdependencia creada por la globalización tiende a convertir guerras regionales en focos de poderosos efectos secundarios hacia el resto del mundo y República Dominicana no escaparía a las derivaciones que augura la actual conflagración en Medio Oriente

Editorial-(1)-070426
La interdependencia creada por la globalización tiende a convertir guerras regionales en focos de poderosos efectos secundarios hacia el resto del mundo y República Dominicana no escaparía a las derivaciones que augura la actual conflagración en Medio Oriente con impedimentos por Irán a la navegación por al estrecho de Ormuz situado a 6,678 millas náuticas de esta economía a la que, destructivamente, se acercarían severos efectos con encarecimientos del petróleo y sus derivados. La previsión inmediata, y ya convocada por el presidente Luis Abinader, es colocar a sectores nacionales en un mismo marco de reacciones a una crisis in crescendo.
El objetivo central trazado por el primer mandatario es arribar mediante consultas de amplia participación social, empresarial y partidaria a decisiones orientadas a librar de obstáculos externos o internos el crecimiento de actividades productivas y propiciar medidas de mitigación para el impacto sobre los ciudadanos a base de alzas en el costo de la vida, disminuciones o paralizaciones en la generación de bienes y servicios difíciles de eludir cuando la estabilidad del comercio internacional queda bajo fuertes presiones.
El país está obligado a fortalecerse a nivel nacional sustituyendo los disensos ordinarios por coincidencia de posiciones expresadas desde diferentes ángulos de la vida nacional ante la realidad de que en este momento hasta la paz mundial está amenazada por un conflicto que tiende a intensificarse y ningún país puede exponerse a daños mayores por dispersión de sus factores internos. Unificar criterios sobre la forma de capear la adversidad que le proviene del exterior en un contexto complejo e ineludible es lo que demanda el presente.
Las tensiones políticas y las continuas amenazas a intensificar las acciones bélicas hasta la destrucción total de países aumentan la posibilidad de que emerja un caos financiero que no respetaría fronteras. La sociedad dominicana reclamaría, si se le permite hablar, que sus liderazgos sociales y políticos estrechen nexos y conciban una ofensiva común contra los daños que se aproximan mientras las instituciones de la pretendida multilateralidad están lejos de unificar criterios y auspiciar la convivencia internacional contra la zozobra en que viven los mercados de capitales.