Guardianes de la verdad Opinión

Reductores en el Malecón

Cuando la educación vial se enfrenta a la idiotez

Obelisco macho. Malecón de Santo Domingo.

Obelisco macho. Malecón de Santo Domingo.

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Que el Malecón de Santo Domingo tenga una velocidad máxima de 30 kilómetros por hora no es capricho del INTRANT ni de Milton Morrison: es una norma diseñada para salvar vidas humanas en una zona urbana de alto flujo peatonal, familiar y turística.

La institución llamada a modernizar y diseñar medidas para prevención de siniestros ha colocado varios reductores en un tramo de la Av. George Washington donde en los últimos 3 años se ha registrado al menos 20 accidentes graves, con un saldo de 11 fallecidos y 41 lesionados, cifras que justifican una intervención urgente.

Sin embargo, a pesar de que al menos 150 metros antes de llegar a la rampa hay más de cinco letreros que indican reducción de velocidad, presencia de una rampa y otros reductores, sigue siendo viral en redes sociales el salto por los aires de varios vehículos que ignoraron las señales, como si los avisos fueran meras sugerencias estéticas y no advertencias de vida o muerte.

La obra, que fue modificada este viernes se ha corregido para ajustarla a normas internacionales de calmado del tránsito, representa una medida técnica acorde con experiencias globales de seguridad vial. Y no, no es exageración: es respuesta a un problema crónico y letal en nuestro país.

Según datos recientes, en lo que va de 2025 ya han muerto al menos 824 personas en accidentes de tránsito; pero en 2022 murieron más de 2,079, en 2023 hubo 1,949 personas y 3,114 fallecidos en 2024.

Pese a estas cifras trágicas, buena parte de la discusión en redes se ha centrado en argumentos como “la medida es exagerada”, “me daña el carro” o “pierdo segundos”. Es decir: prefieren vivir “como chivos sin ley”, antes de aceptar que las reglas no son obstáculos, sino barreras entre la vida y el caos.

Esta contradicción es notable: muchos reconocen que en ese tramo del Malecón “se anda a muy alta velocidad, hay imprudencias y peligro”, que es una zona de paseo para familias con niños y ancianos y que la alcaldía ha embellecido el espacio para el disfrute ciudadano… pero critican la solución porque les incomoda. Esa disonancia cognitiva —decir que hay problemas y rechazar soluciones— no es racional, es irresponsable.

Que el país apunte a mejorar la seguridad vial, con campañas de educación, fiscalización, señalización y reformas de infraestructura, es un paso necesario frente a una realidad que se cobra miles de vidas cada año. Las muertes por accidentes viales no son estadísticas frías: son padres, hijos y amigos que no regresan a casa. Al ignorar señales, leyes y normas, muchos dominicanos parecen creer que las reglas existen para otros, no para ellos.

Si vamos a reclamar respeto por la vida y por nuestros espacios públicos, el primer ejercicio de civismo es leer, comprender y obedecer las normas que buscan protegernos. Porque no hay estética urbana que valga si seguimos priorizando la velocidad sobre la vida.

A pesar de todo, me llenó de mucha satisfacción leer, que gran parte de la población entendió la medida, justificó que se apliquen reductores y defendió que los demás se ajusten a las leyes.

Sobre el autor
Angely Moreno

Angely Moreno

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