Guardianes de la verdad Opinión
Julio E. Diaz Sosa

Julio E. Diaz Sosa

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En las últimas semanas hemos sido testigos, a través de los medios de comunicación, de un debate público entre miembros de la oposición y del Gobierno acerca de quién endeudó más al país y quién ha reducido más la deuda pública en términos del PIB nominal. Desde nuestro punto de vista, ahí no es donde debe radicar el debate, sino en la calidad de ese endeudamiento. Antes de proceder a explicarlo, es importante comprender que la economía global se encuentra anclada en un sistema monetario basado en el crédito.

Muchas personas piensan que las deudas son siempre algo negativo, pero no entienden cómo funciona el sistema monetario basado en el crédito. Como explica Cullen Roche en su libro Capitalismo Pragmático, “el sistema monetario basado en el crédito es esencialmente un registro contable, donde los pasivos de un individuo son los activos de otro”. Un sistema monetario de este tipo es aquel en el que la mayor parte del dinero surge a través del proceso de préstamo. Cuando un banco comercial aprueba un crédito, acredita la cuenta del prestatario con un nuevo depósito; ese depósito constituye “dinero bancario” que puede gastarse. El banco registra un activo (el préstamo) y un pasivo (el nuevo depósito). No se entrega una suma de dinero preexistente, sino que se crea nuevo poder adquisitivo respaldado por la promesa de pago del prestatario. El público acepta estos depósitos como dinero porque pueden utilizarse para pagar, transferir fondos o retirar efectivo en cualquier momento.

Los bancos centrales sustentan este sistema emitiendo “dinero base” (reservas y billetes) y estableciendo las condiciones del crédito: las tasas de interés de política, el acceso a liquidez y las regulaciones. Los bancos deben gestionar su liquidez (mantener suficientes reservas para liquidar pagos) y su solvencia (poseer capital suficiente para absorber pérdidas). Herramientas como los requisitos de reservas, el prestamista de última instancia, el seguro de depósitos y las normas de capital ponderado por riesgo hacen que los depósitos sean lo bastante seguros como para que el público los acepte a la par del efectivo. En condiciones normales, los bancos centrales orientan el crédito total ajustando las tasas de política y sus directrices, influyendo así en los costos de endeudamiento y, a través de ellos, en el gasto y la inversión.

Dado que la creación de dinero depende de las oportunidades de préstamo y del apetito por el riesgo, el crédito tiende a ser procíclico: se expande en las fases de auge y se contrae en las de recesión. Más allá de los bancos tradicionales, la “banca en la sombra” (fondos del mercado monetario, titulización, mercados de recompra) también genera instrumentos similares al dinero al prestar contra colateral, amplificando los ciclos. Para mitigar los excesos, las autoridades emplean herramientas macroprudenciales (colchones de capital anticíclicos, límites préstamo-valor o deuda-ingreso, pruebas de resistencia) y, en las crisis, ofrecen liquidez o compran activos para evitar ventas masivas. En suma, un sistema basado en el crédito convierte promesas de pago creíbles en dinero, con el banco central y la regulación asegurando que esas promesas sigan siendo estables y ampliamente aceptadas.

El verdadero propósito del endeudamiento público debe ser promover el bienestar social y económico. Por consiguiente, es contraproducente tomar financiamiento para cubrir gasto corriente; el objetivo debe ser financiar gasto de capital productivo, especialmente en infraestructura crítica, que tenga una Tasa Interna de Retorno (TIR) mayor que la tasa de interés efectiva del financiamiento.

Por ejemplo, invertir en proyectos de infraestructura en la República Dominicana cuyo índice interno de retorno (TIR) sea superior a la tasa de interés efectiva comienza con una rigurosa evaluación del proyecto. La tasa de interés efectiva —a menudo el costo del financiamiento o la rentabilidad mínima exigida por el inversionista— actúa como referencia. El inversionista debe analizar los flujos de caja, los riesgos y los plazos del proyecto mediante un análisis de flujo de caja descontado (DCF, por sus siglas en inglés). Si la TIR supera la tasa de interés efectiva, el proyecto se espera que genere rendimientos superiores al costo de financiamiento o al costo de oportunidad. En la práctica, esto significa que el proyecto crea valor, ya que su valor presente neto (VPN) es positivo al descontarse a la tasa efectiva. No obstante, es fundamental realizar una debida diligencia para asegurar que las proyecciones de flujos de caja se basen en supuestos realistas sobre la demanda, las tarifas y los costos de operación y mantenimiento.

El siguiente paso consiste en alinear la estructura de financiamiento y de riesgos. Los proyectos de infraestructura en la República Dominicana —como los de generación eléctrica, transporte o sistemas de agua— suelen implicar altos costos iniciales y largos períodos de recuperación. Los inversionistas deben combinar estratégicamente capital propio y deuda, buscando préstamos concesionales, financiamiento mixto o apoyo multilateral para reducir el costo efectivo de capital. La participación de instituciones como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) o la IFC puede mejorar la solvencia crediticia mediante garantías o cofinanciamiento. Cuando la TIR supera con holgura la tasa efectiva, el apalancamiento financiero puede amplificar los rendimientos del capital, siempre que el servicio de la deuda siga siendo sostenible. Herramientas de mitigación de riesgos —como seguros de riesgo político, coberturas cambiarias y tasas de interés fijas— ayudan a estabilizar los retornos en una economía pequeña y abierta, expuesta a choques externos.

Igualmente importante es el marco regulatorio y contractual. La República Dominicana ha desarrollado leyes de alianzas público-privadas (APP) para atraer capital privado hacia la infraestructura. Los inversionistas deben asegurarse de contar con contratos de concesión transparentes y exigibles, con modelos de ingresos claros —como tarifas de usuario, pagos por disponibilidad o peajes sombra— que garanticen flujos de caja predecibles. La estabilidad regulatoria es crucial: las tarifas, las normas ambientales y la regulación del uso del suelo deben mantenerse consistentes para preservar la TIR proyectada. Una interacción temprana con las agencias gubernamentales permite alinear expectativas sobre los aspectos sociales y ambientales, mientras que el cumplimiento de estándares internacionales (como los Estándares de Desempeño de la IFC) puede aumentar la confianza de los inversionistas y facilitar el acceso a financiamiento internacional.

Finalmente, la supervisión y la gestión adaptativa son determinantes para que la TIR teórica se convierta en un rendimiento real. Los inversionistas deben establecer una gobernanza sólida del proyecto: monitorear desviaciones de costos, actualizar periódicamente los modelos financieros y definir indicadores de desempeño vinculados a la calidad del servicio y los resultados operativos. El uso de ingenieros y auditores independientes contribuye a mantener la transparencia y a reducir los riesgos de construcción y operación. Con el tiempo, pueden surgir oportunidades de refinanciamiento si las condiciones del mercado reducen los costos de endeudamiento, ampliando aún más la brecha entre la TIR del proyecto y la tasa efectiva. En resumen, las inversiones en infraestructura en la República Dominicana con una TIR superior a la tasa de interés efectiva son financieramente atractivas, pero solo cuando se sustentan en una estructura financiera sólida, una gestión prudente del riesgo y un marco institucional robusto que garantice la viabilidad del proyecto a largo plazo. Con esa visión de desarrollo, se garantiza también la sostenibilidad de la deuda pública.

Sobre el autor
Julio E. Diaz Sosa

Julio E. Diaz Sosa

Es licenciado en Economía y Finanzas por el Rochester Institute of Technology. Posee una
maestría en Economía Aplicada, con especialidad en Mercados Financieros, por la Universidad
Johns Hopkins; así como una Maestría en Administración de Empresas (MBA), con
concentración en Finanzas, por la Universidad de Maryland en College Park. Además, cuenta
con una certificación en Ciencia de Datos por la Universidad George Washington.


Ha trabajado como economista en el Departamento de Estadísticas del Banco Mundial, donde
estuvo a cargo del manejo de las cuentas nacionales de los países de América Latina y el
Caribe. También se desempeñó como científico senior de datos en el área de servicios
financieros para la firma de consultoría Gartner.


Actualmente, se desempeña como representante de la República Dominicana ante el Banco
Mundial.


Es autor de los libros Notas Económicas con Julio Díaz (2016), Actualidad Geopolítica y
Económica: Retrospectiva cronológica (2020) y Geoeconomía, Geopolítica y Política RD
(2025).

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