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Empoderar la juventud: transformar vidas desde la equidad

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Por Katherine Durán

Hace 14 años llegué a Miches y, a lo largo de mi camino profesional he podido acompañar de manera muy personal los procesos de desarrollo de una comunidad rica en atributos naturales, pero marcada por la desigualdad, especialmente en la garantía de los derechos fundamentales de mujeres y niñas. Mi experiencia de más de una década en el terreno me ha permitido ser testigo de los desafíos que persisten.

En 2013, antes de que se lanzara oficialmente la política de reducción de uniones tempranas en la República Dominicana, en Miches, desde Fundación Tropicalia, se gestaba Soy niña, soy importante (SNSI).

Esta iniciativa nació como una respuesta urgente a los desafíos que enfrentaban —y aún enfrentan— las niñas por el simple hecho de haber nacido niñas. Comenzamos a profundizar en el costo social, económico y emocional de la carga impuesta a niñas y mujeres. Esta carga se manifiesta en:

-Roles de género rígidos: se espera que las niñas se ocupen de las labores domésticas y el cuidado, limitando su tiempo para la educación.

-Desconocimiento en educación sexual: la falta de información las expone a mayores riesgos.

-El silencio colectivo: este manto cubre las altas tasas de embarazo o uniones tempranas, que en su mayoría esconden situaciones de abuso sexual cuando las niñas se unen a hombres mayores.

La problemática es alarmante: la República Dominicana tiene una de las tasas más altas de matrimonio infantil y uniones tempranas (MIUT) en América Latina y el Caribe, con más del 30% de las mujeres entre 20 y 24 años unidas o casadas antes de los 18 años (Cepal, 2021; Unicef). Además, la desigualdad de género se evidencia desde la niñez: las niñas adolescentes dedican en promedio siete horas semanales más que sus pares varones al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado (Unicef, 2025).

Frente a este contexto, pudimos crear un oasis para más de 1,500 niñas de Miches, tarea que ha implicado el involucramiento de numerosos actores, familias, escuelas y autoridades.

Por más de doce años, hemos acompañado a niñas y adolescentes de Miches a través de programas que fortalecen su autoestima, liderazgo y sentido de propósito. Iniciativas como Soy niña, soy importante, Club de Chicas y Mi Ruta se han convertido en espacios seguros donde las acompañamos en la construcción de sus derechos como niñas y adolescentes.

Tenemos evidencia empírica de que el acompañamiento que hemos hecho ha podido transformar la vida de las chicas impactadas. Las participantes en el proceso afirman tener mayor claridad sobre su futuro académico o laboral, demostrando que cuando se acompaña el crecimiento con educación, mentoría y amor, se generan transformaciones reales y duraderas. Detrás de cada historia hay una joven que aprendió a creer en sí misma, a tomar decisiones informadas y a romper barreras culturales que limitaban sus posibilidades.

A lo largo del camino, no solo hemos acumulado grandes satisfacciones y mucha experiencia para comprender que la equidad de género es una conversación que debe ser inclusiva. Observamos en nuestras comunidades que tanto niñas como niños asumen responsabilidades que no les corresponden a su edad, afectando su desarrollo y limitando sus oportunidades futuras. Ellas enfrentan riesgos como el abandono escolar por maternidad o matrimonio temprano; ellos, la necesidad de trabajar desde muy jóvenes para el sustento familiar. Ambos merecen una infancia plena de aprendizaje, exploración y sueños.

Por eso, nuestro compromiso evoluciona y se amplía. La igualdad no se logra protegiendo solo a las niñas, sino también educando a los niños para que comprendan su papel esencial en la construcción de una sociedad más justa y equitativa. Estamos convencidos de que la verdadera transformación ocurre cuando todos son parte activa del cambio.

Desde Fundación Tropicalia creemos que el empoderamiento femenino no se alcanza excluyendo a los hombres, sino integrándolos como aliados en la construcción de una cultura de respeto, empatía y colaboración. Avanzamos hacia una visión más integral, incorporando nuevas iniciativas que promueven masculinidades positivas, corresponsabilidad y respeto mutuo. Educar a los jóvenes en igualdad es sembrar las bases de un futuro más armónico, donde niñas y niños crezcan con las mismas oportunidades y aprendan que la libertad y el respeto son valores compartidos.

Pocas cosas me resultan tan conmovedoras y satisfactorias como las anécdotas de las jóvenes sobre los aprendizajes obtenidos a lo largo de los años. En Mi Ruta, dirigido a adolescentes entre 13 y 18 años, muchas comparten que, gracias a las herramientas aprendidas, hoy se expresan con mayor seguridad, toman decisiones con confianza y visualizan su futuro con claridad. Tenemos historias concretas de jóvenes que hoy lideran proyectos comunitarios, cursan estudios universitarios o impulsan sus propios emprendimientos, demostrando que cuando se acompaña con confianza, la transformación no solo ocurre, sino que perdura y se multiplica.

Las historias de Miches son la mejor prueba de que el cambio es posible. Jóvenes que hoy continúan sus estudios, emprenden o inspiran a otros en sus comunidades demuestran que, cuando se invierte en su desarrollo, toda la sociedad avanza. Empoderar a la juventud es, en definitiva, sembrar esperanza y construir un futuro más equitativo para toda la comunidad.

Esa misma convicción nos impulsa a mirar más allá: hacia un futuro en el que tanto niñas como niños crezcan conscientes de su valor, libres de estereotipos y capaces de reconocer en la igualdad una fuerza que los une. Es una relación recíproca: para que nuestras niñas y adolescentes estén mejor, es necesaria la participación de los varones como aliados, de padres presentes y corresponsables, capaces de caminar de la mano de las mujeres, compartiendo cargas y emociones. Nuestro ideal es una generación que sepa usar su poder no solo para superarse, sino también para construir comunidades más justas, solidarias y sostenibles. Empoderar a la juventud es apostar por ese poder transformador que cambia destinos y da forma a un mejor país para todos. (Katherine Durán es directora ejecutiva de Fundación Tropicalia).

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