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Cuando la enfermedad gopea al líder

En ese libro sus autores evidencian cómo un fenómeno común ha sido que los que rodean a los líderes nunca han querido que se sepa sobre el deterioro en las condiciones de los mismos, ya que si se inhabilita a sus jefes ellos mismos perderían influencia.

Donald Trump. Arte

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En 1993 dos médicos norteamericanos, de apellidos Post y Robbins, publicaron el libro “Cuando la enfermedad golpea al líder” donde describieron cómo reyes y políticos ingleses, como Churchill, así como presidentes norteamericanos, devinieron incapacitados mientras ostentaban su condición de rey o presidente, ya sea por enfermedad física, o mental.

En ese libro sus autores evidencian cómo un fenómeno común ha sido que los que rodean a los líderes nunca han querido que se sepa sobre el deterioro en las condiciones de los mismos, ya que si se inhabilita a sus jefes ellos mismos perderían influencia. Cuando adquirí ese libro en 1993 Joaquín Balaguer era presidente con 87 años de edad y estaba ciego. Se lo hice llegar a su vicepresidente, Jacinto Peynado, quien entonces contaba con 52 años. Me contaría la esposa de Peynado que este amaneció leyéndolo, pues existía una real posibilidad de que Balaguer muriera siendo él vicepresidente. Sin embargo, lo sorprendente fue que cuando Balaguer falleció con 96 años de edad, tan solo dos años después lo haría Peynado con apenas 63 años.

La semana pasada Paul Krugman, en un artículo en “The New York Times” explicó cómo en su vejez su padre, quien estaba bien en su mente durante el día en la noche esta se deterioraba mucho. Escribió eso porque precisamente durante las noches y las madrugadas el presidente Trump redacta textos que distribuye de inmediato, sin haber consultado a sus asesores y que son muy conflictivos. Pocos días después otro columnista de “The New York Times”, Thomas Friedman se preguntó: “¿Están los Estados Unidos siendo gobernados por un rey loco?”. El comportamiento de Trump durante la recién transcurrida reunión en Davos fortalece los argumentos de Krugman y Friedman.

En el caso específico de Groenlandia Trump ha dicho que prefiere comprar esa isla en vez de arrendarla por sus “implicaciones sicológicas”. Esto luce ser más la perspectiva de un experto en bienes raíces que la de un estadista jefe del país más importante del mundo. La época durante la cual Estados Unidos compraba territorios ha ya pasado. En 1883 adquirió Luisiana de los franceses; en 1867 Alaska de los rusos; en 1903 estableció su base naval en Guantánamo y en 1917, coincidiendo con los inicios de la primera guerra mundial, tomó posesión de Puerto Rico. En ese mismo año adquirió, precisamente de Dinamarca, a las Islas Vírgenes. Con la adquisición de Guantánamo y Puerto Rico los Estados Unidos perdieron interés en Samaná en la República Dominicana y en Mole Saint Nicolas, en el nordeste de Haití como puertos estratégicos, pues ya dominaban el canal de La Mona y el de Los Vientos. Con el advenimiento de la primera guerra mundial los Estados Unidos no solamente adquirieron a Puerto Rico, Guantánamo y las Islas Vírgenes, sino que también enviaron sus infantes de marina a Haití y a la República Dominicana donde se quedarían durante 19 y 8 años respectivamente. Y es que esa primera guerra mundial coincidió con la apertura del canal de Panamá y había que controlar islas ubicadas entre ese canal y la Europa que luchaba contra Estados Unidos.

No hay razón de ser para que Estados Unidos hoy día adquiera a Groenlandia, Canadá o Panamá.

Según el Centro UC de Estudios Internacionales este 2026 para América Latina implicará “la transición hacia un sistema internacional más fragmentado, competitivo y menos previsible -cada vez más condicionado por la rivalidad entre grandes potencias- un entorno geopolítico caracterizado por dinámicas de poder más crudas y menos reguladas, cercano a una auténtica ‘ley de la jungla’”. Nosotros agregamos que con la erosión del orden liberal construido después de 1945, veremos “más garrotes que zanahorias” en la nueva doctrina Monroe y un mundo donde la mayor fuente de inestabilidad política no será China ni Rusia, sino Estados Unidos.

Pero los dominicanos dentro de la región debemos sentirnos privilegiados. Los diez primeros países latinoamericanos y caribeños con mayores tasas de homicidios son todos (menos Ecuador) islas caribeñas y en el caso de República Dominicana tenemos una tasa de homicidios de las más bajas. Más bajas tan solo existen en Perú, Chile, Argentina, Bolivia y El Salvador.

Además, según el ranking de democracia preparado para el 2025 por “The Economist Intelligence Unit”, somos el octavo país más democrático entre veinticuatro de la región, superado tan solo por Uruguay, Costa Rica, Chile, Trinidad y Tobago, Panamá, Surinam y Jamaica.

Démonos golpes en el pecho.

Sobre el autor
Bernardo Vega

Bernardo Vega

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