Historia
Errores riesgosos e hilarantes provocados por debilidades mentales de personas envejecidas

Retrato
Este artículo tiene como objetivo procurar que seamos tolerantes, comprensivos, permisivos e indulgentes con familiares o personas relacionadas con nosotros que sean personas envejecidas. Iniciaré relatando un error de omisión, ultra peligroso, atribuible al presidente Jimmy Carter, quien envió a la lavandería un saco que contenía en uno de sus bolsillos un pequeño cartón que tenía escrita la clave que servía de conexión directa entre los gobernantes de Rusia y de Estados Unidos para coordinar entre uno y otro que se hiciera un disparo de una bomba nuclear lo que, sin duda alguna, hubiera implicado el inicio de una contienda que hubiera arrasado con todos los rasgos de la civilización.
Otro notorio error, no tan riesgoso, lo cometió Richard Nixon cuando quiso hacer una declaración grandilocuente que se convirtió en algo muy risible. Al llegar al funeral del presidente francés George Pompidou, Nixon expresó: “Este es un día extraordinario para Francia”. Obviamente esta es una frase que podría ser interpretada en el sentido de que ese fallecimiento constituía un acto de regocijo para el país gobernado por Pompidou.
Ahora continúo reseñando dos errores cometidos por personas de mente portentosa, pero que tenían fallos de memoria.
Uno de ellos era un brillante matemático profesor de MIT, quien decidió cambiar de residencia a un lugar más placentero mudándose a una ciudad cercana. Al dirigirse por primera vez a su nueva casa, le dijo a su esposa que quería almorzar con ella y su hija, ese primer día.
En ese momento la esposa le entregó una nota con la dirección de la nueva vivienda. Sin embargo, ese primer día el profesor regresó por tren a la ciudad de su vivienda original y, en la estación de tren estaba su hija esperándolo, y cuando él iba a darle una explicación, ella le dijo: “¡No te preocupes, no te preocupes por darme una explicación, mama sabía que no serías capaz de encontrar nuestra nueva dirección!”.
Algo similar ocurrió con el genial director de la empresa cinematográfica 20th Century Fox, Spyros Skouras. Como todos sabían que él tenía muchos baches mentales y no recordaba los nombres de las personas, ocurrió lo siguiente: En un receso de la filmación de la joya cinematográfica, “Cleopatra”, se acercó al director de la película una bellísima actriz que formaba parte del reparto, quien serenamente le dijo: “Usted me está pagando un millón de dólares por mi actuación y yo le devolvería la mitad de ese pago si es capaz de decirme mi nombre”. El productor cinematográfico, en lugar de decirle Elizabeth Taylor, le dijo: “Su nombre es Cleopatra”. Es decir, que en lugar de mencionar el nombre de la actriz dijo el nombre del personaje que ella interpretaba en la formidable película que Skouras estaba produciendo para 20th Century FOX.
Algunos seguidores de los libros del escritor Somerset Maugham entienden que Maugham dejó como mensaje que la primera de todas las virtudes consiste en no ser capaz de recordar tales virtudes así pues cuando Somerset Maugham cumplió ochenta años habló en una cena celebrada en su honor en Londres en donde señaló: “Hay muchas virtudes en envejecer”. Así comenzó, pero allí se detuvo y resbaló debajo de la mesa, la pausa creció convertida en un largo silencio, Maugham parecía ausente buscando y buscando sus notas. Finalmente aclaró su garganta y explicó: “Estoy justamente intentando pensar cuáles son esas virtudes”
Para cerrar este artículo señalo que el inigualable Mark Twain no solo hacía burlas acerca de otras personas sino que también las hacía acerca de sí mismo por lo cual considero que es interesante mencionar un ejemplo extraordinario de una irónica burla sobre sí mismo que consistió en hacer el relato de que se sintió preocupado cuando notó que estaba olvidando muchos hechos que le habían ocurrido recientemente y prosiguió diciendo que se preocupó aun más cuando, al seguir aumentando su edad, sintió que estaba recordando hechos que no habían ocurrido.
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