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Relaciones diplomáticas

Cuando el Gobierno de Mon rechazó al hijo de Máximo Gómez

Gómez Toro, hijo del libertador de Cuba, generalísimo Máximo Gómez, había nacido en Sancti Spíritus,

Ramón Cáceres.

Ramón Cáceres.

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El 17 de abril del 1909, el presidente de la República de Cuba, general de división José Miguel Gómez y Gómez, designó al señor Máximo Gómez Toro como encargado de negocios en la República Dominicana.

Gómez Toro, hijo del libertador de Cuba, generalísimo Máximo Gómez, había nacido en Sancti Spíritus, Oriente, el 8 de diciembre de 1877.

El general Gómez y Gómez, que también era de Sancti Spíritus, asumió la Presidencia el 28 de enero de 1909, tras ganar las elecciones de septiembre de 1908, organizadas durante la segunda intervención norteamericana.

Unos días después de asumir el poder, el presidente Gómez y Gómez, que no tenía ninguna relación familiar con los Gómez del generalísimo, pero que habían cultivado una amistad en el fragor de la lucha independentista, designó a Gómez Toro como cónsul de primera clase en Santo Domingo.

Al asumir el poder, el presidente Gómez y Gómez envió una carta autógrafa al presidente dominicano general Ramón Cáceres Vásquez (Mon), mediante la cual le comunica su ascenso al poder y le manifiesta los deseos de continuar las buenas relaciones entre los dos países.

El presidente Cáceres Vásquez le contestó una carta autógrafa la disposición de su gobierno de fortalecer esas relaciones diplomáticas. La carta fue entregada personalmente por el encargado de negocios en La Habana, Tulio Manuel Cestero, en audiencia privada celebrada el 28 de mayo de 1909 (Expediente de la Secretaría de Relaciones Exteriores, 1909, Libro A, núm. 413, Archivo General de la Nación).

El joven Gómez Toro ejerció sus funciones de cónsul, pero cuando fue ascendido a encargado de negocios no fue aceptado por el gobierno dominicano, bajo el terrible argumento de que “no observa una conducta digna de un agente diplomático”.

Veamos el oficio que envía el secretario de Relaciones Exteriores, Don Emiliano Tejera Bonetti al encargado de negocios en La Habana:

República Dominicana

Ministerio de Relaciones Exteriores

Santo Domingo, Mayo 19 de 1909

Libro A.

Núm.376

Señor Encargado de Negocios

He recibido su nota confidencial No.52, del 8 de los corrientes, i me he impuesto con la debida atención de todos sus interesantes particulares.

En fecha 13 del actual, el señor Gómez Toro me ha escrito pidiéndome le señale día i hora para presentarme la Carta de Gabinete que le acredita como Encargado de Negocios de Cuba en esta República.

Como el Gobierno el gobierno ha tenido noticias fidedignas de que el Señor Gómez Toro no observaba en Cuba una conducta a propósito para el cargo que se le ha confiado i como, además, en los pocos días que cuenta de residencia en esta ciudad, no ha observado tampoco una conducta digna de un agente diplomático, el Gobierno no está dispuesto a aceptar dicho señor como Encargado de Negocios ni como Cónsul, tanto por lo que respecta al Gobierno mismo, como por la mala impresión que recibirían los representantes de las demás naciones aquí representadas.

En esta virtud, i a fin de evitar que el Gobierno se vea obligado a no aceptar oficialmente al Señor Gómez, encargo a Ud., se aviste inmediatamente con el Señor Secretario de Estado de Cuba i le comunique lo que ocurre, para que éste disponga lo que mejor le pareciere a fin de evitar desagrados al señor Gómez, a Cuba i a la República Dominicana.

Encargo a Ud., telegrafíe discretamente lo que disponga el Gobierno de Cuba, a la vez que le recomiendo expresar al aludido señor secretario de Estado el sentimiento que causa a nuestro Gobierno el tener que dar un paso igual con el de esa hermana República.

De Ud., con toda consideración

Emiliano Tejera Bonetti. (Ibidem)

¿Qué cosa tan terrible hizo el hijo de Máximo Gómez para merecer tal rechazo? He escudriñado en el Archivo General de la Nación y en los archivos cubanos, pero todavía no he dado con los motivos de esa extraña actuación.

Lo cierto es que de inmediato el enviado dominicano, Don Tulio Manuel Cestero, se reunió con el secretario de Estado, Justo García Vélez, y le expresó el requerimiento del gobierno dominicano.

A principios de junio, el señor Gómez Toro renunciaba de su posición de encargado de negocios y cónsul. El 18 se le aceptó la renuncia y retornó a La Habana. Se le asignaron funciones como oficial de la Secretaría de Obras Públicas. Murió el 27 de febrero de 1954.

El incidente no generó ninguna tensión entre los dos países, y tampoco Cuba tuvo ninguna dificultad para aceptar al señor Temitoclets Ravelo como vicecónsul en La Habana y a Basilio Portugal en Santiago de Cuba. Ambos fueron designados en septiembre de 1909.

Sobre el autor
Pastor Vasquez Frias

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