Haití
La necedad, un mal extenso y peligroso
Increíblemente, vemos tratar la presencia de indocumentados haitianos en nuestro país haciéndolo equivalente en términos de derechos humanos y de caridad cristiana con los inmigrantes que llegan a países de Europa, y a los Estados Unidos.

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Una de las razones por las que dejé de impartir clases en la universidad fue la dificultad que tenían muchos estudiantes de distintas carreras para entender cosas elementales de las ciencias sociales. Llegué a sentir un vacío existencial, intelectual y espiritual, como si ellos o yo fuésemos criaturas de universos distintos.
Y no es demasiado diferente lo que uno siente ante la manera como suelen opinar algunos sobre el flujo migratorio de haitianos hacia la RD. Mucho peor aún, cuando estas opiniones las leemos en primeras en páginas editoriales.
Increíblemente, vemos tratar la presencia de indocumentados haitianos en nuestro país haciéndolo equivalente en términos de derechos humanos y de caridad cristiana con los inmigrantes que llegan a países de Europa, y a los Estados Unidos.
Es frecuente el caso de profesionales nacidos en este país, cuyos abuelos provinieron de islas vecinas donde la dominación de negros por blancos era inglesa, o francesa, siendo las relaciones entre señores y esclavos radicalmente distintas a lo que fuera nuestra colonia abandonada por conquistadores y colonizadores, lo que obligó a los blancos a relacionarse de otro modo con los negros esclavos y sus descendientes haciendo surgir un temprano mulataje en nuestro territorio.
Pero lo que menos se puede entender ni aceptar es que esos dominicanos de corta tradición, comparen la presencia migratoria masiva de grupos étnicos totalmente distintos a nuestros mulatos, con idioma, costumbres y creencias a menudo radicalmente distintas a las nuestras.
A menudo tan son tan ignorantes de cuestiones básicas respecto a nuestra historia y cultura, a nuestros valores espirituales, que además ignoran los conflictos en torno a nuestra separación e independencia, con todos los odios y atrocidades, y las estúpidas reclamaciones de territorios y aún de todo nuestro suelo y sociedad.
En buena lid, todo inmigrante haitiano antes de ser admitido en nuestro país debería ser depurado ideacional y emocionalmente, respecto de lo que ellos entienden que es la República Dominicana; si somos un país vecino distinto, amigo y dispuesto a darles acogida y oportunidades, o si en cambio, cree que tan solo somos una ex colonia o exposesión habitada por mulatos y blanquitos orgullosos y rebeldes.
No tengo la menor duda muchos de los haitianos que entran o viven aquí, en nuestro país, son gentes buenas, cristianos, excelentes trabajadores, a quienes recibimos en nuestras iglesias con deferencia y amor. Porque Cristo nos manda a ser buenos con los visitantes y con el prójimo.
Cabe destacar, que los que son cristianos de verdad, saben que los hebreos tuvieron que pelear a muerte y a echar fuera a muchos pueblos vecinos; que no eran prójimos, sino enemigos, aunque vivieran al lado, separados por un arroyuelo.
Que España o cualquier país reciba haitianos, africanos o musulmanes indiscriminadamente, no es óbice para que nosotros los cristianos y dominicanos aceptemos que hoy no haya asientos en la escuela o cama en el hospital para nuestros niños y parturientas.
Debemos entender, eso sí, que vecinos que traen grupos económicos para poder explotarlos y vender luego baratas sus mercancías a los grandes mercados. Muchos de estos, que viven acaso en quintas fortificadas, y sus hijos estudian en colegios caros, no parecen entender que hasta en eso Marx tenía razón. Los ricos muy a menudo no pueden congeniar con los pobres de su propio país y prefieren inmigrantes pobres para que hagan las tareas domésticas y sean obreros de sus subdesarrolladas empresas exportadoras. Empresas sometidas a la explotación internacional de naciones que nunca pudieron ser verdaderamente capitalistas ni ser óptimas desde el punto de vista de la optimización de sus ejercicios.