La democracia en remojo
En el campo dominicano cuando la ropa estaba muy sucia como fruto de grandes jornadas en los conucos, o cuando llovía intensamente y los caballos se atascaban en el lodo y la ropa era también invadida por las chispas de tierra mojada, o en el caso de las mujeres cuando tenían que pelar muchos plátanos o hacer una gran paila de comida para una junta de trabajadores y su ropa se confundía con el tizne de la paila; en todas esas ocasiones era necesario poner la ropa en remojo antes de lavarla.
Pero también se usaba poner los plátanos en remojo antes de que hirvieran, los vegetales, las habichuelas y otros alimentos debían pasar un rato en remojo antes de ser puestos al fuego del fogón de la cocina para que se ablandaran y cocinaran de la manera más adecuada posible. Cuando necesitamos darnos una buena afeitada también es necesario poner la barba en remojo.
La democracia dominicana está más que sucia para ser colocada en remojo. Será necesario ponerla bastante tiempo en remojo y luego hacer como lo hacían algunas lavanderas en nuestros campos, que hervían la ropa cuando entendían que el sucio no podía ser sacado de manera natural. Hoy día ese trabajo lo hacen las lavadoras eléctricas, pero creo que habrá que proceder con el procedimiento antiguo, antes de entrar nuestra democracia a la lavadora eléctrica; creo honestamente que debemos ponerla en remojo, luego hervirla y entonces intentar con la lavadora, y si ello no funciona entonces será necesario cambiar de ropa, habrá que hacer una nueva democracia.
Desde hace más de una década diferentes sectores hemos propugnado por la necesidad de propiciar una profunda reforma constitucional por vía de una constituyente. Hacia ese objetivo trabajamos intensamente desde la Comisión Presidencial de Reforma y Modernización del Estado. Sin embargo, el buen amigo Tirso Mejía y otros dirigentes del Partido Revolucionario Dominicano nos acusaron de querer reformar la constitución para introducir la figura de la reelección para favorecer al entonces presidente Fernández. La realidad, sin embargo, ha demostrado que no había interés en el PRD en producir esa reforma integral de la constitución, sino que era el presidente Mejía quien quería un traje a la medida. Situación que ha conducido a un agrietamiento de dicho partido por la posición antireeleccionista de Hatuey Decamps y otros dirigentes perredeístas.
En febrero del año 2000 depositamos ante la Junta Central Electoral un anteproyecto de ley de Partidos y Agrupaciones Políticas en el entendido de que podíamos perfeccionar el sistema político y esta es la fecha en que no se ha dado un paso en ese sentido. Al contrario se propugna hoy por la introducción de una Ley de Lemas que acarreará males insospechados en términos inmediatos y mediatos a la endeble democracia dominicana.
El gobierno se ha encargado de volver atrás en los procesos de modernización que se habían implementado y muchos valiosos proyectos que se dejaron en camino han sido distorsionados en su aplicación.
El manejo económico ha llegado a niveles inimaginables provocando la pérdida del ahorro que por décadas habían hecho muchos sectores para garantizar su futuro. El cierre y quiebra de cientos de medianas y pequeñas empresas ha incrementado el desempleo y desacelera aún más la economía. La pérdida del valor de la moneda ha empobrecido aún más o los más pobres y por supuesto que ha provocado una nueva generación de pobres.
Pero al mismo tiempo la crisis económica y el errático y alegre manejo de las finanzas públicas han echado por la borda iniciativas tan fundamentales como la aplicación de un verdadero régimen de salud y seguridad social, se ha deteriorado la educación y el Plan de reducción de la pobreza se ha limitado a una interesante formulación que sencillamente no puede aplicarse en un marco de inseguridad política y económica como el que vivimos.
Recordemos la crisis en que se vio envuelta la cámara de diputados para seleccionar su bufete directivo. La crisis de credibilidad de la JCE y el empeoramiento de sus males después de seguir la tendencia al gigantismo de las entidades públicas para solucionar problemas de orden institucional, como la ampliación de la matrícula de jueces y la división en cámaras. Hoy día la Suprema Corte de Justicia se ve afectada por el interés gubernamental en controlar todos los poderes públicos. La municipalidad se ve abatida por las insuficiencias económicas, la falta de coherencia en políticas de descentralización, por la división permanente a que el Congreso tiene sometido todo el territorio nacional.
La sociedad civil y sus organizaciones acusan una debilidad crónica, a pesar de la pujanza y perseverancia de ciertas organizaciones cívicas. También se ve afectada en su labor porque el presupuesto hacia las mismas ha sido secuestrado por entes favorables a los poderes del Estado y por otro lado cada vez es más acosada desde el propio gobierno y desde instancias congresionales.
Lo más grave de todo esto es la tendencia autoritaria que se advierte en el gobierno, su intolerancia, así como el papel que ha estado jugando para debilitar los grados de institucionalidad que venían alcanzando nuestras fuerzas armadas y su interés creciente por involucrarlas en el proyecto reeleccionista.
De manera que un muy incompleto repaso de la situación nacional es prueba más que suficiente para saber que la democracia dominicana hay que ponerla en remojo, que es indispensable sacarle el lodo, que es necesario elevar la temperatura para matar los perniciosos gérmenes del autoritarismo, del clientelismo, de la demagogia, del irrespeto a la institucionalidad; hay que ponerla en el autoclave para eliminar los gérmenes de la corrupción, para eliminar las conexiones con el narcotráfico, entre otros males.
La huelga nacional es el mejor indicador del deseo y las aspiraciones del pueblo dominicano de que se produzca un cambio importante en la conducción económica del país, que se restablezca el respeto a las instituciones y especialmente que se apliquen medidas que alivien a los diferentes sectores sociales, y en particular a los más pobres.
En definitiva se hace necesario asumir con mucha responsabilidad el presente turbulento que nos agobia, para detener cualquier asomo de regreso al pasado en materia de libertades públicas y derechos humanos elementales que hoy día se ven amenazados. La propuesta que hemos venido haciendo es la de avanzar hacia una sociedad más democrática, participativa y equitativa. Sin embargo, hoy se nos presenta el fantasma de volver hacia los fueros de la persecución y la intolerancia política.
Jamás debemos volver atrás, por el contrario los desafíos de la República Dominicana están en construir una nueva institucionalidad pública, en procurar la equidad social y en restablecer el crecimiento económico. Para ello se hace necesario desde un nuevo gobierno el impulso de una política institucionalmente democrática, económicamente sustentable y socialmente justa.