Guardianes de la verdad Opinión

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La división del PRD automáticamente no implica el triunfo del PLD, porque sin necesidad de divisiones el PLD ha triunfado en cinco elecciones consecutivas; pero sellado el divorcio por incompatibilidad de caracteres, se hará cuesta arriba a la oposición y la sociedad civil, vinculada a una de las facciones, desplazar al PLD del Poder Ejecutivo y elevar la cuota en el Congreso.

El PRD fue el “partido de la esperanza nacional”, con indudables aportes a la democracia. Desde su fundación en el exilio en 1939, la llegada de la misión de avanzada el 5 de julio de 1961, su contribución al desmantelamiento de los remanentes de la tiranía, el primer gobierno democrático, encabezado por el profesor Juan Bosch fruto de las elecciones libres del 20 de diciembre de 1962, derrocamiento a los siete meses, participación en el derrocamiento del Triunvirato para restablecer la constitucionalidad y en la guerra patria contra la segunda invasión norteamericana.

Entre 1966 y 1978 el PRD significó la única alternativa al gobierno del Dr. Joaquín Balaguer, de mera apariencia democrática, en un mundo bipolar, con dos bloques buscando la hegemonía y en países como el nuestro con enfrentamientos sangrientos entre grupos minúsculos de la izquierda revolucionaria y el aparato militar y policial asesorado por los Estados Unidos.

El primer cisma importante de la organización se produjo en 1973 con la salida del Prof. Bosch y un reducido grupo de seguidores que fundaron el PLD. El partido se recompuso bajo la dirección del mayor dirigente de masas en la historia del país, el Dr. José Francisco Peña Gómez, que logró el 16 de mayo de 1978 vencer al Dr. Balaguer, y ese triunfo debió ser el preámbulo de la aplicación de un programa-país propulsor del desarrollo, como esperaba la gente.

La marca de origen del PRD, caracterizado por enfrentamientos grupales y divisiones, se profundizó en los dos primeros gobiernos y el país presenció cómo la lucha de tendencias se llevó al propio Estado con dos presidentes del Senado, o el espectáculo bochornoso del hotel Concorde. La salida de Jacobo Majluta, político de mucho carisma, y la muerte del máximo líder, no impidieron un triunfo arrollador en las congresionales y municipales del 1998 y ganar la presidencia en 2000.

Aparte de las diferencias grupales, los gobiernos del PRD fueron frustratorios para el país; el de 1978-1982, si bien “desbalaguerizó” las FF.AA. y la PN y restauró un Estado de derecho, pero fue un fracaso en materia económica, el segundo gobierno también y el último, de Hipólito Mejía, fue un desastre en todos los órdenes y condujo la nación a la peor crisis financiera de la historia moderna.

Ese PRD, que en los últimos torneos electorales un sector conspiraba para que el otro no obtuviera el triunfo, hoy está escindido en dos organizaciones: la franquicia, dirigida por Miguel Vargas Maldonado, luego de que torpemente el sector del PPH intentara expulsarlo, y un nuevo partido, o más bien uno añejo, que le cambiaron el nombre a PR Mayoritario, con la idea de preservar algunas siglas de la franquicia.

Ni uno ni otro podrá conquistar las mayorías para desplazar al PLD del Poder Ejecutivo, con la extraordinaria obra de gobierno que realizó Leonel Fernandez y ahora Danilo Medina, tampoco esas dos organizaciones serán capaces de mejorar la matrícula en la Cámara de Diputados, en los ayuntamientos y mucho menos en el Senado, donde la batalla será entre los actuales senadores del PLD y los aspirantes a sustituirlos que en su mayoría serán los funcionarios actuales.

La continuidad del PLD al frente de la rama ejecutiva del gobierno es necesaria para preservar la estabilidad con crecimiento y las transformaciones, sin embargo para los contrapesos que requiere la democracia sería importante una mayor cuota legislativa de la oposición. Eso con el PRD y el PRM será imposible. A pesar de las preocupaciónes del Embajador, el país seguirá dándole todo el poder al PLD, para que siga el progreso.

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Ramón Núñez Ramírez

Ramón Núñez Ramírez

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