La IA y sus aportes al entendimiento de la IE

Rafael Acevedo Pérez
La incredulidad ha existido siempre en alguna de sus muchísimas formas. Similarmente, los argumentos falaces han tratado de distorsionar el saber y las creencias más elementales.
René Descartes, en un empeño racional de demostrar por lo menos su propia existencia, dijo: “Pienso y, por lo tanto, existo.” A menudo un amigo le da una palmada a otro que se ve desvanecido, agobiado o carente de motivación, recordándole que “estas vivo y en condiciones de echar pa’lante”. El miedo y la ignorancia son mucho más de la mitad del problema. La confusión frente a la realidad y el olvido de Dios hacen el resto.
Conozco casos de personas en estado depresivo que llegan a dudar todo y de todos, y hasta temen dar un paso por tener duda de si el suelo se hundirá o va a sostener su pisada. También sé de gente inteligente que siendo cristiana alguna vez se ha confrontado con la duda sobre la existencia de Dios. Y otros que han llegado a idealizar de tal manera el saber científico, que pierden de vista o les faltó instrucción sobre los supuestos en que se basan esos conocimientos y el carácter provisorio de los mismos.
Puede leer: ¿Cómo resolvería usted el conflicto del Botánico?
A la gente común le suele ocurrir que creen que las palabras tienen una correspondencia absoluta con los objetos que designan, y hasta se extrañan de que alguien pueda llamarlas de otra manera. La palabra mamá nos suena igual y se refiere a la misma persona, regularmente en nuestro país; pero no existen dos seres humanos, ni siquiera gemelos, para quienes ese sonido signifique exactamente lo mismo y desarrollen un afecto exactamente igual.
Un campesino se extraña de que un pueblano no conozca el nombre de los árboles y los frutos; cada región o país suele denominar las cosas de modo diferente, pero la IA nos va igualando y va haciendo común y universal el lenguaje y el conocimiento.
A pesar de ello, muchísimos no comprenden que la ciencia también tiene defectos, errores y zonas oscuras. La ciencia es una simplificación inteligente y práctica de la realidad; no obstante, es tomada como base de su incredulidad y ateísmo o anti-teísmo. Similarmente ocurre con la falta de humanidad de los creyentes y de Dios mismo, que permiten que haya tantas gentes sufriendo por razones no adjudicables a nadie más que a Dios y a la falta de caridad.
El propio Pablo de Tarso, se quejaba a Dios por un sufrimiento o dificultad personal, lo que él llamaba un aguijón, que no le daba paz ni descanso. A lo que Dios respondió según relata el propio Pablo: ¡Bástate mi gracia! ¡Mi poder se perfecciona en tu aflicción!
No recuerdo un mejor y más claro ejemplo de la dialéctica Aristotélica, Heraclitiana, Fichteana, Hegeliana o Marxista, que esta relación entre el sufrimiento de Pablo y el perfeccionamiento del poder y saber de Dios, explicando la tesis, la antítesis y la síntesis de la dialéctica. Los elementos del Yin y el Yan.