La trinidad fiscal imposible
El reclamo justo de los entes constitucionales por un mejor presupuesto, mayores recursos para el sector salud y en gasto de capital, chocan con la realidad de un presupuesto muy rígido, ingresos tributarios insuficientes, problemas con la calidad del gasto y con la limitación que impone “la trinidad fiscal imposible”.
El “trilema” o “trinidad imposible”, hipótesis derivada del modelo Mundell-Fleming, indica la imposibilidad de un país lograr simultáneamente tres objetivos de política económica: una política monetaria autónoma, un tipo de cambio fijo y libre movilidad del capital. A lo sumo un país puede lograr dos de esos tres objetivos. De igual forma en materia de política fiscal hay también una “trinidad imposible” que es pretender una baja presión tributaria, déficit fiscal decreciente y aumento del gasto.
En el caso de la política fiscal en nuestro país diferentes sectores claman por un déficit fiscal bajo para que no aumente el endeudamiento, lo cual es un objetivo saludable, especialmente si el país presenta una elevada relación deuda/PIB. Ningún sector quiere más impuestos, mientras el país exhibe una relación muy baja recaudaciones/PIB. El tercer objetivo fiscal es, como aspiramos a un buen sistema educativo, sistema de salud universal y gratuito, seguridad ciudadana, política social para reducir la pobreza y además inversión en infraestructura; entonces es necesario aumentar el gasto. Como en la “trinidad imposible”, solo se pueden alcanzar dos objetivos.
De partida queda descartado aumentar el gasto con mayor déficit pues éste se financia con endeudamiento externo e interno y el país debe mantenerse en la senda de la consolidación fiscal. Entonces, si es necesario aumentar el gasto para mejorar una serie de sectores, no hay otra alternativa que incrementar la presión tributaria por lo menos a niveles del promedio regional y, por supuesto, seguir mejorando la calidad del gasto.
En 2013 la presión tributaria promedio en AL y el Caribe ascendió a 18.5% del PIB, mientras en RD fue de 14.0% del PIB. Los ingresos fiscales promedios de AL y el Caribe fueron en 2013 equivalentes al 23.6% del PIB, mientras en RD fue de 14.9% del PIB. En término del gasto total AL y el Caribe exhibieron un 26.1% del PIB y en RD de apenas 18.2% del PIB. Para el proyecto de 2015 la presión tributaria ronda el 14.1% del PIB (por debajo del 16% contemplado en la Estrategia Nacional de Desarrollo) y el gasto total 17.5% del PIB.
¿Y qué nos dice la aritmética presupuestaria? Si sumamos para 2015 el 4.1% para la educación, 2.9% intereses de la deuda pública, subsidio eléctrico (1.4%) y salud (1.9%), resulta que esos cuatro renglones absorben 10.3% del PIB, que cuando se resta de los ingresos totales (15.1% del PIB), apenas queda 4.8% del PIB para administración general, justicia, defensa, agropecuaria, protección social, deportes y otros más.
¿Cómo pagar mejores salarios a los jueces, fiscales, policías, militares, médicos? ¿Cómo enrolar más personas en la seguridad social y los planes sociales del Gobierno? ¿Cómo seguir construyendo hospitales, viviendas, carreteras, acueductos?
Como hay una “trinidad fiscal imposible”, o seguimos con ese nivel de déficit y endeudamiento financiando el gasto y llegaremos a la insostenibilidad fiscal, o elevamos la presión tributaria, o limitamos el gasto y será imposible cumplir con las metas de la Estrategia Nacional de Desarrollo.
La salida racional es que Gobierno y la sociedad civil, representada en el Consejo Económico y Social, discutan un pacto fiscal que efectivamente diseñe un sistema tributario menos regresivo, con mayor base y con la posibilidad de incrementar la presión tributaria a los niveles que permita cumplir con las metas de la Estrategia Nacional de Desarrollo y por supuesto un compromiso de los gobiernos de mejorar la calidad del gasto y cumplir con una ley de responsabilidad fiscal.