Guardianes de la verdad Opinión

2025

Entre lágrimas y aplausos

Un año que mostró cómo la corrupción mata, pero también cómo la ética resiste incluso en los peores escenarios.

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Entre lágrimas y aplausos

Un año que mostró cómo la corrupción mata, pero también cómo la ética resiste incluso en los peores escenarios.

POR J. LUIS ROJAS

lrojas50@hotmail.com

El año 2025 dejó al descubierto una cadena de eventos, decisiones y actuaciones protagonizadas por políticos, empresarios, servidores públicos, líderes religiosos, sindicalistas, profesionales, intelectuales, grupos corporativos y agencias estatales. Detrás de cada historia hubo intereses, cálculos y omisiones que marcaron el rumbo del país. Sus efectos —positivos para algunos, negativos para muchos— incidieron de manera directa en la prosperidad individual y colectiva de la ciudadanía. Nada de lo ocurrido fue casual: cada acción tuvo consecuencias que hoy se están pagando o aprovechando.

Hoy, al mirar hacia atrás, corresponde aplaudir sin reservas a quienes actuaron con integridad, ética, valentía y sentido de país, aun cuando hacerlo les costó incomodidades, presiones o silencios obligados. También toca, con la misma honestidad, señalar —sin lágrimas ni excusas— a quienes fallaron, desviaron su responsabilidad o actuaron a partir de intereses ajenos al bienestar colectivo. No se trata de revancha, sino de claridad moral: reconocer a los que hicieron lo correcto y exigir cuentas a quienes no estuvieron a la altura es el primer paso para que el 2026 no repita los errores que marcaron el 2025.

Lágrimas

La psicología, apoyándose en la neurociencia y la biología, entiende que la lágrima es una respuesta emocional y socialmente significativa, exclusiva de los seres humanos, que cumple funciones de comunicación, expresión emocional y conexión interpersonal. Las lágrimas expresan tanto emociones positivas como negativas, entre ellas tristeza, alegría, frustración, conmoción, satisfacción, insatisfacción, ira, aprecio y simpatía. En el ámbito social, las decisiones y actuaciones impulsadas por determinadas personas han provocado lágrimas en importantes segmentos de la población.

El 2025 estuvo marcado por una retahíla de acontecimientos que generaron lágrimas, preocupación, dolor y cuestionamientos en la sociedad dominicana. Diversos hechos de alto impacto pusieron en evidencia fallas estructurales, debilidades institucionales y riesgos en materia de seguridad pública. A continuación, se muestran algunos de los eventos más negativos registrados en el país durante el año que recién finalizó, de acuerdo con reportes difundidos por distintos medios nacionales de comunicación.

El 8 de abril de 2025, el país quedó sumergido en lágrimas por el colapso del techo del emblemático club Jet Set. El incidente provocó la muerte de más de 220 personas y dejó a cientos de heridos, entre ellos figuras del entretenimiento y de la vida pública. La magnitud del suceso generó un duelo nacional y abrió un intenso debate sobre la seguridad en establecimientos de alta concurrencia. La ausencia de un informe oficial claro y objetivo, que identificara causas y responsables crearon un profundo malestar en la población, que aún exige explicaciones y justicia.

Los hechos que marcaron el 2025 dejaron en evidencia profundas grietas institucionales y sociales en la República Dominicana. El primero de ellos fue el saqueo del que fue objeto el Seguro Nacional de Salud (SENASA). De acuerdo con los expedientes y declaraciones del Ministerio Público en la Operación Cobra, el fraude supera los 15,000 millones de pesos dominicanos. Se trata de un entramado de corrupción que golpea directamente a una entidad que brinda servicios sanitarios a millones de ciudadanos, especialmente a quienes pertenecen a los estratos socioeconómicos más vulnerables.

A esta tragedia institucional se suma la persistente crisis de seguridad vial. Según datos del Observatorio Permanente de Seguridad Vial (OPSEVI) del INTRANT, divulgados por diversos medios nacionales, 1,421 personas fallecieron en accidentes de tránsito durante el 2025. Los especialistas coinciden en que esta problemática responde a una combinación de factores: exceso de velocidad, conducción temeraria, consumo de alcohol, deficiencias en la infraestructura vial, falta de educación vial, incumplimiento de la ley y el uso inadecuado de motocicletas, vehículo que continúa siendo el principal protagonista de los accidentes fatales.

En el ámbito de la seguridad social, las decisiones adoptadas por los sectores que integran el Consejo Nacional de Seguridad Social (CNSS) también provocaron lágrimas entre los afiliados. Aunque este órgano rector debería velar por el bienestar de los trabajadores públicos y privados, la realidad muestra que muchas de sus resoluciones terminan favoreciendo a los propietarios de las AFP, las ARS y las Proveedoras de Servicios de Salud (PSS). Los hechos hablan por sí solos: la balanza suele inclinarse hacia los intereses corporativos, no hacia los derechos de los cotizantes.

Por otro lado, pese a la relativa estabilidad macroeconómica y a un crecimiento cercano al 2.3 %, la desigualdad social continuó su agitado curso durante el 2025. El Global Risks Report 2025, citado por Diario Libre, identifica la pobreza y la desigualdad como riesgos persistentes que el país arrastra desde hace años. Esto significa que el crecimiento económico no está reduciendo las brechas sociales; que los sectores vulnerables siguen sin acceso equitativo a servicios esenciales; y que la movilidad social permanece estancada.

Finalmente, un segmento importante de la población observa con preocupación —y no sin razón— el crecimiento sistemático de la deuda pública. El endeudamiento acelerado coloca en riesgo la estabilidad de las finanzas nacionales y abre la puerta a escenarios de insolvencia o crisis fiscal. La acumulación de deuda, sin una estrategia clara de sostenibilidad, podría desembocar en una crisis económica y social de grandes proporciones.

Aplausos

En una sociedad como la dominicana, caracterizada por la corrupción, la impunidad, la falta de ética, la debilidad institucional, el limitado protagonismo de las universidades, la angurria del sector empresarial, la complicidad del liderazgo laboral con sectores adversos a los intereses y al bienestar de los trabajadores, y medios de comunicación que operan desde una lógica meramente comercial, obviando su función social, son escasos los personajes, las empresas y las agencias públicas cuyas buenas prácticas ameriten aplausos. Pese a ello, siempre habrá alguien que hace lo correcto y merece ser reconocido. Ejemplos de ello son:

1. Las instituciones que cumplen sin ruido ni propaganda

En un país donde la publicidad estatal suele sustituir la ética y la transparencia, es justo reconocer a las instituciones que trabajan sin estridencias, sin campañas millonarias y sin convertir cada obligación en un espectáculo. Aquellas que rinden cuentas, que respetan los procedimientos y que entienden que servir a los ciudadanos no es un privilegio, sino un deber.

2. Los servidores públicos que actúan apegados a los principios éticos

En medio de un aparato estatal plagado de favores, clientelismo, padrinazgos y presiones políticas, todavía existen funcionarios y servidores públicos que no se arrodillan ante intereses particulares. Personas que dicen “no” cuando deben decirlo, aunque eso les cueste ascensos, simpatías o estabilidad laboral. En un país donde la obediencia ciega suele premiarse más que la integridad y el pensamiento crítico, estos servidores públicos merecen aplausos de pie.

3. Los docentes que sostienen la escuela pública con dignidad

Mientras el sistema educativo continúa atrapado entre burocracias, improvisaciones, decisiones erráticas y un modelo de aprendizaje desconectado de los desafíos que tiene la sociedad, miles de maestros siguen enseñando con vocación, creatividad y sacrificio. Son ellos quienes mantienen viva la esperanza de que la educación dominicana pueda mejorar. En un contexto donde abundan los discursos y escasean los resultados, el compromiso silencioso del magisterio es un acto de resistencia social. Aplausos para los docentes que transforman y rescatan vidas.

4. Las organizaciones sociales que defienden derechos

En los barrios, en los campos y en las zonas marginadas, hay líderes comunitarios que luchan cada día por agua, por salud, por seguridad, por vivienda digna. No reciben salarios, no tienen asesores, no firman contratos. Su única motivación es la dignidad de su gente. En un país donde la desigualdad se normaliza y la corrupción se tolera, estas organizaciones son la primera línea de defensa de los derechos ciudadanos. Que no cesen los aplausos para el Movimiento por las Pensiones de los Servidores Públicos (MOPESEP), la Coalición por la Seguridad Social Digna, entre otras.

5. Los ciudadanos que no se resignan a vivir en una sociedad de privilegios

Merecen muchos aplausos los dominicanos que no se acostumbran al abuso, que no aceptan la corrupción como destino, que exigen transparencia, que denuncian irregularidades, que cuestionan decisiones injustas y que no permiten que la indiferencia se convierta en norma. En una sociedad donde la resignación parece más cómoda que la lucha, estos ciudadanos sostienen la esperanza de un país mejor. Fuertes y continuos aplausos para quienes han desarrollado un pensamiento crítico que les permite cuestionar las malas prácticas en las que incurren políticos, empresarios, intelectuales, profesionales y líderes laborales inorgánicos.

6. Los periodistas y comunicadores que se sacrifican por visibilizar la verdad de los hechos

Millones de aplausos para los periodistas y comunicadores que utilizan el poder de los medios de comunicación masiva para educar, orientar, informar y entretener de manera positiva a los ciudadanos. En la República Dominicana, al igual que en muchos otros países, existen profesionales que emplean la capacidad de influencia de los medios para manipular, mentir, distorsionar la realidad, difundir medias verdades, persuadir a las audiencias, así como construir y propagar narrativas divorciadas de la realidad. Frente a ellos, los periodistas y comunicadores éticos y profesionales, sin importar el lugar, el momento o las circunstancias, siempre buscan y dicen la verdad.

Colofón

Aplaudir las buenas decisiones y acciones en la República Dominicana no es un acto insignificante. Es una expresión de discernimiento ético y crítico. En un contexto donde abundan los privilegios indebidos, las decisiones opacas y los intereses particulares disfrazados de políticas públicas, reconocer a quienes actúan con integridad es una forma de resistencia. Aplaudir lo correcto es, también, denunciar lo incorrecto. Y en tiempos de crisis de valores y principios morales, ese gesto adquiere un valor político y social incalculable. Que no cesen los aplausos para quienes se resisten a vivir en una sociedad permeada por la corrupción, la impunidad, la falta de institucionalidad, la doble moral de los grupos corporativos, la complicidad entre políticos y empresarios, así como la violación continua de derechos.

Sobre el autor
J. Luis Rojas

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