Guardianes de la verdad Opinión
Fabio Herrera Miniño.

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Manteniendo la tradición de su origen perredeísta, el actual partido gobernante, con cinco años en el ejercicio del poder, no ha podido sacudirse de esa trayectoria política de formular muchos planes, pero desafortunadamente casi todos se diluyen en poco tiempo y las realizaciones son pocas. Las recaudaciones se convierten en un voluminoso alimentador del gasto corriente para sostener una abultada empleomanía, corrupción y otros gastos que impiden llevar a la realidad planes exitosos y creíbles de una buena gobernanza.

Desde la caída de la dictadura, en 1961, se desató en el país una epidemia de un apetito voraz de asaltar los recursos públicos con una corrupción rampante a ojos vista por las tantas fortunas que se forjaron en poco tiempo desde 1962. Ya no era una sociedad rural pacífica y obediente al dictador. Y al desatarse el apetito del enriquecimiento arrasando con el dinero del erario, el país se modernizó. Las edificaciones comenzaron a elevarse hacia los cielos. Aparecieron zonas residenciales de elevado perfil y de repente los gustos capitalinos, santiagueros y francomacorisanos más luego se fueron modificando y otros pueblos aprovecharon esa bonanza que destilaba miel del poder por los poros por la prosperidad que no se conocía en un país rural como lo era el dominicano al final de la dictadura.

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Solo un gobierno de los pasados 60 años ha invertido en abundancia en las obras de capital que necesitaba el país tales como presas, canales de riego, carreteras, etc. Esa fue la obra del doctor Balaguer cuando sus sucesores estuvieron solo interesados en engrosar la empleomanía, cometer actos de latrocinio y malgasto del dinero de los contribuyentes.

El gasto de capital que en las administraciones del doctor Balaguer ascendía siempre por encima del 40% de las recaudaciones mensuales se hundió por debajo de un 5% en los gobiernos del otro partido que ha logrado instalar un político con las riendas del poder entre los demás partidos de la abundante fauna de aspirantes.

Los políticos son personajes que si bien en las esferas de sus actividades privadas han sido excelentes personajes para amasar fortunas, pero si llegan al poder su aspiración es ver cómo chupan de la ubre pública, como es la costumbre de la vida de los políticos en las cuadras de los demás partidos tales como el PLD, o del PRD en su oportunidad. Estos dejaron al país con nefastos recuerdos de gestiones malogradas, incluyendo un desconocimiento de los asuntos de Estado y el suicidio de un presidente de la República en julio de 1982.

La vida dominicana, viviendo bajo una sombrilla democrática, ha sido de sobresaltos, ya que los detentadores del poder solo están empeñados en enriquecerse y sacar las mayores ventajas del disfrute del cargo. Es algo tradicional que un carguito es un mandato para apresurar un enriquecimiento que no es por los métodos visibles de emolumentos transparentes, sino que vienen acompañados de un aberrante trasiego de los recursos oficiales que desaparecen en las fortunas de quienes logran arrimarse a la sombra del poder y desde ahí cometer toda clase de diabluras con desfalcos incluidos de los recursos que figuran en los fondos generales del Estado destinados al bienestar común.

Y es que los cabecillas de los liderazgos son sumamente generosos con sus seguidores más fervientes, y conociendo sus antecedentes, los dejan maniobrar a su sombra con sus travesuras económicas que al final empañan una gestión que pudo haber sido sobresaliente

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