¿Les digo algo?

Nexcy d’León
El gran calor que vivimos no es un simple verano sofocante. Es un aviso. La República Dominicana y todo el Caribe están registrando temperaturas históricas que convierten el aire en un horno, el suelo en brasas y el mar en un depósito de energía peligrosa. Esa energía acumulada puede ser el combustible para ciclones y huracanes de gran intensidad, de esos que marcan generaciones y destruyen en horas lo que tarda años en levantarse.
Puede leer: ¿Les digo Algo?
El calor es un síntoma, pero también es un preludio. Y frente a él, lo peor es la indiferencia. Como sociedad, necesitamos comprender que los fenómenos climáticos extremos ya no son excepciones: son la nueva normalidad. La gente debe estar atenta a las informaciones oficiales, verificar siempre las fuentes y evitar la trampa del rumor que confunde y paraliza. Las autoridades, por su parte, tienen que ser claras, responsables y oportunas en la comunicación: un mensaje mal dado puede costar vidas. Pero el reto no termina ahí. El Estado debe definir políticas públicas que reduzcan las fragilidades de nuestras comunidades, que fortalezcan la resistencia de las infraestructuras, que multipliquen la capacidad resiliente de la población. Y, sobre todo, que eduquen. Porque la educación en el conocimiento del clima y de sus fenómenos es la mejor medida de prevención.
¿Les digo algo? Sin educación climática no habrá preparación real. Y en un país donde la pobreza hace a muchos más vulnerables, aprender a leer las señales del tiempo es tan vital como el agua misma.